Elogio del pan con huevo [Opinión]

Sobre la polémica en torno al precio de un sándwich en un café limeño.

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La semana pasada vi con muchísimo interés la polémica despertada por el precio del pan con huevo en un café limeño. En honor a la verdad, había algunas personas que solo se burlaban de lo que, para ellos, entrañaba un monto absurdo a pagar por el referido sándwich y comentaban cómo jamás empeñarían tanto dinero en un producto así –una posición respetable, cabe señalar–. Sin embargo, había otros que, motivados por un fervor ideológico que no resiste la más ínfima oportunidad para florecer, utilizaron el emparedado para despotricar contra el abuso neoliberal, la opresión a la clase trabajadora, el imperio maligno de los blancos, la tiranía pituca, etcétera, etcétera.

Una posición meridianamente exagerada pero típica de nuestra izquierda criolla que disfruta de desatar tormentas en vasos de agua. Y es que lo que una persona común y corriente zanjaría con su renuencia a pagar por el controvertido sándwich, ellos sueñan con solucionar con una acción reguladora del Estado o con una protesta indignada en la Plaza San Martín.

Pero hay que comprenderlos, pues, a diferencia de lo que ocurre con otras “izquierdas” en el mundo, la nuestra sigue creyendo que el mercado es vil y los empresarios tiranos por, en ocasiones, no fijar precios al alcance de toda la ciudadanía. Ajenos están a la posibilidad de que alguien plantee un precio para que lo paguen los que puedan y estén interesados en hacerlo. Ajenos están al hecho de que nadie está obligando a nadie a pagar por un emparedado cuyo precio consideran injusto.

En lo que concierne a quien escribe, yo no estaría interesado en pagar el precio que plantea el café en cuestión por su pan con huevo. En consecuencia, mi reacción será no comprarlo y como yo habrá muchas personas. Con respecto al restaurante, este tendrá que ponderar la conveniencia de cobrar como cobra por un sándwich como el mencionado y sus conclusiones las podrán alcanzar a partir de cuántas personas lo compren. Si nadie lo compra lo sacarán de la carta o bajarán el precio. No obstante, si permanece donde y como está, seguro es porque hay gente dispuesta a costearlo y lo hacen porque están libres para hacerlo, nadie las está obligando.

Ahora, si los reparos de los twitteros que han criticado fervorosamente el precio del pan con huevo reside, más bien, en lo que creen que este simboliza y no tanto en el derecho del café a fijar los precios que les dé la gana, estamos ante otro asunto. Si lo que fastidia es el hecho de que existan lugares donde se cobre así por algunos productos mientras existe gente que apenas puede costear un almuerzo diario, están cayendo en otro de los grandes errores con los que suele tropezar nuestra izquierda: creer que la pobreza de uno es producto de la riqueza de otro y, además, que lo que el restaurante gane por la venta de ese sándwich servirá solo para alimentar al “cerdo capitalista” dueño del local.

Con respecto a lo primero, apenas un recordatorio que los indignados podrían revisar en sus libros de economía (si es que alguna vez los han consultado): la riqueza se crea, no es una torta inamovible que se reparte sin que el tamaño de las porciones pueda aumentar. Con respecto a lo segundo, todos los negocios dan trabajo a otros que no son sus dueños, en el caso de los restaurantes está la gente de la cocina, los meseros, los anfitriones, los que administran el valet parking, etc.

Así, amiguitos, solo queda decir que si no les gusta que cobren tanto por un producto, lo mejor que pueden hacer es evitar comprarlo, aceptar que puede haber gente que sí esté interesada en hacerlo y ¿por qué no? concentrar sus energías en protestar por algo más relevante que un pan con huevo

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