No solo es cuestión de pedalear…, por Diethell Columbus*

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Normas legales en el Perú existen miles, sin embargo, pocas son las que realmente sirven a los objetivos que llevaron a su promulgación.

El problema en la producción de normas legales como en la estructuración de políticas públicas es que en el aparato estatal cunde lo que se podría denominar el “voluntarismo incompetente”. Y es precisamente ese factor el que lleva a que primen las buenas intenciones o la idealización de objetivos antes que el análisis de hechos concretos de la realidad. Triste pero para nuestra desdicha es la realidad.

Quizá el mejor ejemplo es la recientemente aprobada ley que fomenta el uso de la bicicleta como medio alternativo de transporte (observada por el presidente Vizcarra). Solo el título de la norma nos obliga a concluir subjetivamente que esta ley debe ser aplaudida y apoyada, empero, más allá una posición políticamente correcta, cabe preguntarnos si esta ley es de “las pocas” o es más de “las miles”.

Veamos. Un primer punto que llama la atención es que esta ley, de ser promulgada, dispone que las municipalidades deben invertir sus -exiguos- recursos en implementar un sistema de préstamo de bicicletas para fomentar la movilidad sostenible.

En otras palabras, además de los servicios públicos que brindan las municipalidades y que muchas veces es significativamente deficiente; ahora también tendrán que ingeniárselas para conseguir el dinero para prestarnos una bicicleta. Me parece una buena idea, pero quizá primero deberían contratar más serenos para que nos cuiden y de paso eviten que nos roben la bicicleta que nos acaban de prestar. ¿No les parece?

La ley también crea un sistema de priorización de derechos, pues dispone que las municipalidades privilegiaran la señalización vial que promueva la seguridad de los ciclistas. No me parece mal que se promueva la seguridad del ciudadano en general, pero es injusto que se piense solo en las necesidades de los que usan “bici” cuando la gran mayoría también padece por la insuficiente o nula señalización vial. Quizá, la confusa redacción no permite entender el noble fin que se busca.

No me cabe la menor duda que el espíritu de esta ley está colmado de genuinas intenciones por hacer el bien. Por ello, aprovechando las diversas observaciones que ha hecho el Gobierno sobre la misma, habrá que corregir lo que se deba, dejando de lado lo romántico y ponderando más lo técnico. Estoy seguro que cuando esta ley finalmente sea promulgada, será del grupo de “las pocas”. ¡Ojalá!

*El autor fue candidato a la Alcaldía de Lima por Fuerza Popular

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