Orgulloso de mi padre, por Carlos Arias

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El día de ayer en la noche, diversos medios de comunicación difundieron una grave denuncia de IDL Reporteros en contra de algunos funcionarios públicos por el delito de corrupción y presunto tráfico de influencias. Sin embargo, en las siguientes líneas, no abarcaré, precisamente dicho tema, porque no considero estar en la posición de realizar una condena pública a funcionarios que serán investigados en un debido proceso y de comprobar su responsabilidad, sancionados, sino solo expresaré mi profundo orgullo por quien es mi padre, el señor Carlos Arias Lazarte.

Mi papá antes de ejercer la labor de juez, ejerció la de padre. Desde muy niño siempre me decía que no existe mayor tranquilidad en la vida que irse a dormir sabiendo que uno no le debe nada a nadie. En mi hogar, a mi hermana y a mí, nos inculcaron que la mayor virtud de una persona es ser transparente, porque al tratar de engañar a terceros, el más perjudicado siempre será uno mismo.

¡Qué orgulloso me siento de mi padre! Un hombre que se ha caído, pero ha sabido levantarse; muchas veces se le han cerrado puertas, pero ha tratado de persistir y lograr abrirlas; un hombre que siempre ha tratado de resolver de la manera más justa posible los casos que han llegado a sus manos; un hombre que realiza la labor del juez con mucha pasión y vocación; pero sobre todo un hombre al cual le agradezco infinitamente por los valores que ha sabido inculcarme a lo largo de mis 21 años.

Sí, es cierto que la corrupción es un mal presente no solo en nuestro sistema de justicia, sino en casi la mayoría de instituciones y en todos sus niveles, y es alarmante como día a día van apareciendo más casos, involucrando tanto a funcionarios de rangos inferiores como de rangos superiores.

Precisamente debido a ello, hace algunos meses, en aquellos almuerzos familiares dominicales, conversaba con mi papá sobre qué medidas se podría tomar, en el Poder Judicial, para erradicar o disminuir los niveles de corrupción que existen en dicho poder y se me ocurría, entre otras, realizar campañas en el que se visibilice los daños que pueden generar prácticas corruptas; la identificación de mayores zonas de riesgo y una mayor concentración de vigilancia en ellas; implementación de cursos, de carácter obligatorio, sobre ética en la función judicial; entre otras medidas.

Tal vez este sea el artículo más corto que haya redactado, pero solo quería expresar mi profunda admiración por la labor judicial que realiza mi padre, en la máxima instancia del Poder Judicial, de manera transparente y honesta.

Así como él, estoy convencido que existen muchos magistrados supremos más que realizan esta noble labor en base a principios y valores, y considero que deben ser ellos los indicados a iniciar, de una vez, la batalla frontal contra la corrupción, dando el ejemplo a todos los demás miembros de dicho poder del estado, para de ese modo lograr la finalidad que todos esperamos de ellos: la búsqueda de la justicia.

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