¿Por qué el político miente?, por Tatiana Cuadros

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La mentira es ocultar la verdad para obtener algún beneficio, ¿verdad? Eso puede ser obvio, pero entendamos la profundidad del funcionamiento de un cerebro orientado a mentir y de los casos en que lo hace de manera indetenible.

Existen valores que son inculcados en la primera infancia y que sostienen las acciones que realizaremos y las competencias que obtendremos más adelante en nuestras vidas. Por supuesto, debemos tener claro la diferencia entre el bien y el mal, para poder quebrantar una norma moral.

Sin embargo, el lóbulo pre frontal del cerebro no se termina de desarrollar hasta pasados los veinte años. Esta parte esencial determina la valorización de los actos y el control de los impulsos. Una persona que miente y/o roba debe haber aprendido esa conducta desde la infancia o la adolescencia, pues ya en la adultez tiene la habilidad indiscutiblemente asimilada.

Habiendo analizado el cómo, veamos ahora el porqué. Dentro de la escala de valores por lo general están el no mentir y el no robar como primeros en la lista, y ello forma el pensamiento racional; pero la necesidad de poder, amor, abrigo, comunicación, etc., son valores ulteriores que se encuentran en nuestro cerebro reptiliano.

Es decir, son requerimientos nuestros instaurados a un nivel mucho más primitivo ya que los seres humanos, a través de los siglos, se han movilizado siguiendo a este cerebro instintivo, que no piensa, sino que solo actúa. El neocortex, el cerebro pensante, es el que ingenia las estrategias para conseguir esos valores básicos.

Entonces, traduzcamos lo que sucede. La persona quiere y el cerebro planea cómo obtenerlo. Ahora, si los valores en casa fueron inculcados pero no ejecutados o la persona vio a sus padres o en su entorno conductas contradictorias a lo que le decían, el cerebro confuso aún por la edad no terminará de adaptar las normas sociales y, por ende, será mucho más fácil empezar a tener conductas inapropiadas y contraproducentes para la sociedad. En consecuencia, se irá en contra de esta para sus propios fines ulteriores, como el poder.

Es fundamental tener presente que esto se aprende en casa. Los niños aprenden por modelos y mediante el lenguaje no verbal, que es el 80% de la comunicación en general.

Las personas que mienten, roban o atentan contra alguien, no asimilaron los valores en la primera infancia, aprendieron a engañar desde muy jóvenes y ya en la adultez ‘tienen maestría’. Por ello es tan complicado descubrir las redes de corrupción, por ejemplo. Una persona que no es corruptible, hace un paso al costado y busca otra posición laboral. Sin embargo, la necesidad de conquistar o de que les rindan pleitesía será superior a sus demás valores.

Por otro lado, se trata de un enredo emocional. Si es que aún tiene valores, el cerebro no puede estar en disonancia cognitiva. Es decir, el cerebro no puede estar en contradicción, por eso, quien roba y/o miente está convencido de que eso ‘está bien’ para ellos. Juzgan a los demás según las normas de la sociedad, pero ellos están exentos de esas reglas pues no podrían cargar con su conciencia, y eso es lo que estamos viendo en redes de corrupción vigentes desde hace años.

Algo importante a manera de conclusión: una persona que actúe así en la adultez, habiendo aprendido esas conductas desde muy pequeña, no va a cambiar porque las estrategias que empleará estarán siempre orientadas al engaño. Así que será muy difícil que alguien se transforme sin intervención y devenga honesta, a menos que lo haga con el tiempo adecuado y en base a una profunda reprogramación profesional.

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