¿Quién tiene la razón?, por Carlos Rosas

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Aldo Mariátegui tiene razón en muchas cosas al deslindar abierta y públicamente de alguna negociación bajo la mesa con el cuestionado juez César Hinostroza. Este individuo de nuestro sistema de justicia puede ser machista, pedante, cínico y hasta psicópata como lo deslizó Augusto Thorndike el último domingo en Cuarto Poder. Puede serlo, repito, pero lo único evidente según la última entrega de IDL-Reporteros es que más allá del rico almuerzo entre Hinostroza y Mariátegui no hubo más. El juez buscaba un aliado y solo encontró un “anticaviar” como él.

¿Fue un error haberse reunido con Hinostroza? No. En el ejercicio del periodismo hay quienes asumen riesgos y en búsqueda de alguna primicia o novedad se sientan a conversar con Dios y el Diablo. De hecho, este último es el que normalmente trae la información que uno necesita. Sin embargo, situaciones así traen cola. En el caso Mariátegui, él cometió un terrible error: el no haber anunciado su reunión una vez hecho público que Hinostroza se reunió con algunos periodistas.

Aldo sabía perfectamente que no actuó de mala fe y no cometió delito alguno, en consecuencia, debió anunciarlo. En esta semana en medio de su programa radial comentó que viajaría por lo que dejará su espacio en RPP y un sinnúmero de cibernautas empezaron a especular que se debía específicamente a que él está involucrado en algún tema turbio relacionado a los audios últimos. Nada más falso. Su carta de retiro del medio de comunicación en el que laboraba la presentó varios meses atrás y sus compañeras de trabajo Patricia del Río y Mónica Delta lo ratificaron.

Todo lo anterior no quiere decir que Aldo sea un santo para quien escribe. No lo es ni lo será. Un ser humano que no solo insulta a dos personas que quiero mucho refiriéndose a una como “vaga” e “inútil” y al otro como “el caviar de Breña”, sino que además a toda persona que se considere de izquierda critica con odio y descalificándolos (por ejemplo, en su libro “El octavo ensayo”) no merece mi respeto.

No obstante, dejando las mezquindades en el tacho, es necesario reconocer que mientras no aparezca una prueba de que haya cometido algo ilícito no se le puede condenar a la hoguera como él lo hace amigablemente con quien no le cae. A Verónika Mendoza la tilda de roja, a Susana Villarán de inepta y a Mónica Sánchez la manda lavar banderas. Nosotros no hacemos eso, Alditus. Karma does it.

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