Rodrigo Duterte, Donald Trump y Jair Bolsonaro, por Federico Prieto Celi

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La sola mención de estos tres jefes de estado: Duterte, Trump y Bolsonaro, indica que la democracia representativa está en crisis en muchos lugares del mundo, desembocando en estos casos en tres autocracias que luchan por pasar por encima de las instituciones que limitan su poder y de las constituciones que fijan sus límites de acción.

Estamos hablando de una población de 637´250 000 habitantes, repartidos en 325’318 000 en los Estados Unidos; 207’012 000 en Brasil; y 104’920 000 en Filipinas, según datos de 2018. Estamos viendo como naciones demográficamente grandes eligen a hombres que sostienen ante todo el principio de autoridad, subrayando el presidencialismo caudillista sobre la colegialidad democrática.

El Perú, como Venezuela, apenas supera los 30 millones de habitantes  (31 660 000 y 31 236 000 respectivamente en 2018). Claro que Venezuela debe haber perdido en el último lustro varios millones de habitantes, que han migrado a otras naciones, más de 700 000 al Perú. Venezuela tiene hoy un gobierno armado fallido y otro que quiere legitimizarse sin tener la fuerza de las armas. El Perú tiene el gobierno de un vicepresidente convertido en presidente, mirado por el pueblo con incertidumbre, porque la corrupción lo corroe casi todo, sin llegar a la catástrofe venezolana.

En este horizonte los electores peruanos tendremos que decir cuáles son  nuestras prioridades para el presidente a elegir en 2021. Pongamos algunas:

  1. ejercicio pleno del principio de autoridad, especialmente en la lucha contra la delincuencia y la inseguridad ciudadana.
  2. mejorar la calidad de la salud, la educación, así como la seguridad social en salud, para erradicar la extrema pobreza.
  3. descentralizar a la población, mejorando la calidad de vida de las principales ciudades fuera de Lima, construyendo carreteras y vías férreas.
  4. reducir el aparato estatal –central, regional y local- para evitar gasto burocrático excesivo y reducir el latrocinio.
  5. afrontar con energía y facultades extraordinarias la reforma del poder judicial y la policía nacional.
  6. fortalecer el respeto al estado de derecho, sin caer en el pensamiento único, las ideologías de moda ni las influencias foráneas, por grandes que sean las presiones externas.
  7. reafirmar la peruanidad como identificación y lazo común de los habitantes del país, en el bicentenario de la República.
  8. esforzarse por rehacer nuestro sistema democrático, al borde del colapso.

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