Salud mental: Descuidado paraíso, por Verushka Villavicencio

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Qué pueden tener en común estas tres escenas: una mujer denuncia que su esposo la golpea frente a su hija sin piedad; un policía violenta a niños entre 10 y 14 años dentro de una comisaría; un grupo de personas son sindicadas por la prensa por delitos vinculados a recibir sobornos para favorecer contrataciones con el Estado. En las tres escenas se ejerce un tipo de violencia: en los dos primeros es una violencia contra un ser humano y en el segundo es una violencia estructural que afecta a toda la sociedad.

Se trata de una escala de valores que ubica al ser humano víctima de la agresión como un objeto, en el cual no se reconoce su humanidad y hacia el cual su sufrimiento no es considerado relevante. Imágenes de mujeres siendo golpeadas por sus parejas así como la de niños violentados dentro de una institución del Estado cuyo fin es imponer orden y dar seguridad al ciudadano, demarcan la ausencia de conmiseración por el otro.

La tercera escena, es un ejercicio de poder mediante el cual se privilegia el bien individual sobre el bien común y poco importa si para beneficiarse hay que hacer uso de procedimientos indebidos para favorecer a una empresa sobre otra. Para hacerlo se involucraron funcionarios, técnicos que no fueron capaces de negarse a efectivizar una orden. Se trata de una cadena de corrupción.

Pregunta: ¿dónde se trastocó la personalidad de estos ciudadanos? Perú ha perdido tres puntos en el ranking, según el Índice de Percepción de Corrupción, elaborado por Transparencia Internacional al 2016.

Importante preguntarnos: ¿cuál es la política de salud mental que debería tener el Ministerio de Salud en alianza estratégica con el Ministerio de Educación para la promoción de una vida saludable? ¿Por qué cada vez más los ciudadanos transgredimos el espacio del otro y lo violentamos? ¿Por qué no somos tolerantes?

Tenemos un problema latente: la salud mental en el país. Podemos analizar aquellas pequeñas acciones que pueden contemplar un universo aún no abordado desde la raíz. Se estimada que existen 4 millones de peruanos con alguna enfermedad mental y sólo el 20% recibe tratamiento efectivo. Las proyecciones es que se podría solucionar en un primer nivel de atención en centros de salud, mediante el cual el Estado invertiría un dólar por cada paciente. Queremos decir que con atención médica oportuna se podría evitar, al pasar de los años, conductas que generan violencia.

Pero además tenemos medios de comunicación que enervan estas conductas y convierten los hechos en relevantes para el acervo cultural de nuestro país. Se provoca que las conversaciones de padres con hijos tengan como agenda común, la última noticia roja del día. Se habla en casa sobre el último crimen difundido en TV o en redes sociales.

Si existen medios de comunicación que relevan estas noticias es por qué la sociedad civil, cada ciudadano, no se compromete en no comprar este tipo de información. Todos reforzamos esa cadena de violencia en actos tan sencillos como ir al cine a ver films de acción donde primero se dispara un arma y luego se dialoga.

La salud mental es la convivencia pacífica de la persona con el entorno que le genera bienestar emocional, psicológico y contribuye a su desarrollo integral. Pero mientras los factores externos no se controlen en la sociedad, siempre habrán detonantes que sumados a la inexistencia de un plan de salud mental nacional incentivará escenas como las descritas líneas arriba. Cuando hablamos de promover la salud, hablamos de un estilo de vida saludable, deporte, reducción de estrés, hábitos saludables de nutrición, relaciones propositivas, hablamos de que la comunidad proteja a los ciudadanos y que genere condiciones que favorezcan la solidaridad entre las personas. No todo el trabajo lo tiene el Estado. También los padres son responsables de la crianza de sus hijos. Cuidemos el paraíso de nuestra salud mental.