Se pudrió la naranja, por Sebastián Vinelli

En un futuro no muy lejano repetiremos, una vez más, que no hemos aprendido la lección.

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Estamos evidenciando un enfrentamiento que ya no podemos llamar “choque de poderes” porque el presidente de la República, Martín Vizcarra, ha logrado poner de su lado a gran parte de la población. Mientras que la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, es respaldada por sus parlamentarios, quienes, como todos sabemos, están completamente desprestigiados por su accionar, tanto en la forma política como ética.

El mandatario ya tomó la decisión, como lo anunció en su mensaje a la Nación por Fiestas Patrias, de emprender una lucha frontal contra la corrupción. Y el destape de los “Audios CNM” fue el punto de quiebre. No hay que ser muy ingenuos para no identificar quién es la ‘señora K de la Fuerza Número 1’.

A raíz de este panorama, la ‘señora K’ se siente traicionada por nuestro actual gobernante Martín Vizcarra, ya que fue ella quien impulsó, a través del primer ministro César Villanueva, la asunción del entonces vicepresidente de Pedro Pablo Kuczynski.

Por otro lado, Keiko Fujimori y sus secuaces no se han cansado de repetir que han sido investigados “por 18 años” y que nunca se ha comprobado delitos durante ese período. Pero cómo se iba a concretar alguna acusación con esa calaña de magistrados y fiscales que aparecen negociando sentencias por unos cuantos “verdes”.

Sin embargo, tras haber escuchado los “audios de la vergüenza” y las medidas que tomará el jefe de Estado, no puede manifestar a los cuatro vientos que se opondrá a una reforma en el sistema judicial. Con mostrarse en contra, por inercia, completaría el 100% de su desaprobación.

El gran problema –para Keiko Fujimori- es que, si realmente se realiza una profunda limpieza en el Ministerio Público y en el Poder Judicial, ya no tendrá a ningún compinche que pueda encubrir las pesquisas por ‘x’ delito que pueda encarar.

Es por eso que todo el bloque naranja asegura que “apoyarán” la reestructuración de ciertas instituciones alcanzadas por la corrupción, pero que “no es prioridad”. Porque claro, ahora tenemos que preocuparnos por el friaje, la anemia, por atender los daños ocasionados por el fenómeno de El Niño, etc.

Están desesperados, no hay quién los encubra, no hay quién los ampare. El cambio de rumbo de Vizcarra los dejó sin piso. La aprobación del Parlamento Nacional tocó fondo y la gente exige que se cierre a la brevedad; y ojo que el Ejecutivo ya advirtió que, si no se lleva a cabo el referéndum antes de fin de año, se plantearía una segunda cuestión de confianza.

No creamos que un hecho vergonzoso y que demuestre podredumbre en nuestra política no volverá a suceder; en un futuro no muy lejano repetiremos, una vez más, que no hemos aprendido la lección. Pero para llegar a eso, la imagen de la mandamás fujimorista, probablemente, ya se habrá extinguido. Y el fujimorismo, como lo dijo César Hildebrandt hace unas semanas, “quedará como una anécdota en la historia negra del Perú”.

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