Seamos libres desde la dignidad ciudadana, por Verushka Villavicencio

0 293

Estos días hemos revisado innumerables publicaciones que buscan explicar cómo opera el cerebro de un corruptor. Lo que no he visto son publicaciones críticas que traten de explicar las conductas sobre aquellos que apoyan con su silencio a las acciones de corrupción así como a los vacíos legales que deja la ley.

Desde mi sencilla perspectiva, existen dos formas para operar en la vida: desde el amor o desde el miedo. La primera nos exalta porque implica ejecutar acciones para lograr el bien común aunque muchas veces implique una cuota de esfuerzo adicional. La segunda implica ejecutar acciones pensando en lograr objetivos para lograr el bienestar individual, sin que se tome en cuenta cómo este camino afecta la vida y la dignidad de otras personas. Por miedo a vivir sin dinero, sin bienes materiales, sin status, sin poder se negocia y renegocia hasta que se pierde la noción de los límites y se penetra en un círculo donde todos son corruptos, pues todos reciben algo a cambio de sus acciones y/o de su silencio.

Nos escandalizamos por todos los audios que hemos escuchado y de seguro el rosario va a continuar. Pero ¿qué sucede con las acciones cotidianas que cada uno de nosotros realizamos en nuestro día a día?

Revisemos. La noticia de una ambulancia que no pudo estacionarse para atender una emergencia médica porque un auto estaba mal estacionado -según la información periodística publicada en Lucidez el lunes 23 de julio-, el auto “marca KIA de color rojo identificado con la placa D7D-575 que pertenece Diana Carolina Uribe Moyano, la cual aún no se acerca al lugar a responder por su infracción. La policía tampoco se ha hecho presente”. Tan simple como estacionar el auto como corresponde pensando no sólo en no cometer una infracción sino en no perjudicar a otras personas. ¿Acaso este acto no afecta el bienestar de otro?

El mismo día -en otro diario local-, colocan el video de un operativo en Cajamarca, en el cual detienen a adolescentes entre 12 a 15 años, en el centro poblando de Santa Bárbara. Todos se encontraban en una “Fiesta semáforo”, conocidas por la ingesta de alcohol, drogas y sexo. La policía detiene a 36 adolescentes y los lleva a la comisaría hasta que lleguen sus padres. La pregunta no es que hacían en la fiesta, tampoco es dónde estaban los padres. La pregunta es por qué estos jóvenes se las ingenian para llegar a estas discotecas y ser parte de este sistema que los deprava. Pero además, en diez años dónde podrían encontrarse laborando estos adolescentes acostumbrados al placer inmediato, ¿en qué circuitos podrían estar inmersos junto con otros más? ¿Cómo afecta esta conducta su bienestar y el de otros? ¿De dónde nace este deseo de experimentar aunque pongan en riesgo su futuro inmediato? ¿Podrían ser ellos posibles corruptores?

Finalmente el mismo 23 de julio, otro diario local publica en portada una información sobre los manejos del SIS. La nota hace referencia a la Red de Salud Canas, en Cusco en la cual “los funcionarios del SIS tenían la costumbre de cobrar el servicio de sepelio de una persona fallecida en más de una ocasión. Es decir, en los papeles del SIS, un paciente moría tres veces y las tres veces tenían que enterrarlo”. Entonces, se cobraba el triple por el trámite de llevar a la tumba a un difunto. El accionar de los empleados consistía en adulterar los certificados de defunción considerando a los representantes de las funerarias como apoderados de las personas fallecidas. Cada persona que llenó estos documentos era consciente del delito y no se detuvo ocasionando un prejuicio al Estado de más de 215 millones de soles.

¿Qué tienen en común los tres casos? Son acciones concentradas en la satisfacción de una necesidad. Y es que un beneficio individual conseguido sin observar el prejuicio que se puede ocasionar al otro denota el perfil de una persona para la que los actos de corrupción o delitos no lo son. Pero antes de llegar a donde llegaron, desarrollaron pequeñas acciones escalonadas que los condujeron a donde están. La suma de acciones que trasgredieron los límites y se sirvieron de los vacíos legales, edificó las personalidades que vemos y escuchamos en los audios. Pero las cabezas de estos actos no estaban solos, muchas personas ayudaron, participaron y muchas otras guardaron silencio. Así se forman las redes.

¿Qué podemos hacer? No basta con cantar el himno nacional y sentirnos peruanos porque luego de 36 años llegamos al mundial. Hay que tomar acción desde un compromiso con el otro en nuestras acciones cotidianas. Actuar desde el amor implica buscar la condescendencia y el humanismo como la mejor expresión de verdaderos “hombres y mujeres libres”. Busquemos ser realmente libres de todo aquello que no construye en nosotros y en otros un país inclusivo, digno y justo. Esta es nuestra oportunidad para ser ciudadanos dignos cambiando nuestras acciones cotidianas, es una oportunidad para refundarnos como nación. Comencemos la tarea. Seamos libres y seamos siempre.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.