Si yo fuera PPK, por Alejandro Cavero

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Para la mayoría de analistas independientes que comentaron el debate presidencial del día de ayer, Keiko fue, políticamente hablando, la gran ganadora de la polémica. Muchos estuvieron de acuerdo también en que sus propuestas no eran sólidas, algunos sostenían que ni siquiera tenía propuestas. Todos coincidieron, sin embargo, en que sus golpes a la candidatura de PPK le sirvieron para dar la impresión que ella, a diferencia de Kuczynski, sí mata (literalmente) por la presidencia de la república.

Y como en política el 20% es fondo y el 80% percepción, Keiko salió como la más fuerte, preparada y ágil. Logró enlodar a su contrincante con una serie de acusaciones mientras transmitía un mensaje emotivo y que lograba conectar con la ciudadanía. PPK, por su parte, se centraba mucho en el tecnicismo de las propuestas y no se mostraba emotivo, una cualidad que es fundamental para denotar liderazgo y conseguir empatía con el elector. Quizá PPK sustentó mejor sus planteamientos y no respondió a muchos de los ataques bajos de Keiko Fujimori. No obstante, en política un debate no es una exposición y no contestar los ataques puede significar que se asumen los dichos como ciertos o que por lo menos no nos indignan tanto. Y es cuando no son verdad cuando más nos deberían indignar.

PPK pudo haber contestado tranquilamente a todos los ataques de su contrincante, ya que a diferencia de cualquier otra posible contendora, ninguna posee un techo de vidrio tan grande como Keiko Fujimori. Ninguna candidata podía ser más sencilla de destruir políticamente en un debate, y sin embargo, PPK no aprovechó todos los múltiples argumentos políticos e históricos que tenía a su disposición para acabar en televisión nacional con su adversaria. Los peruanos escogemos a un líder para presidente no a un gerente. Eso Keiko lo tiene muy claro y por eso ganó el debate. Lo que a PPK le falta es contestar los ataques, no con pullas, sino con argumentos, que por cierto le sobran a su favor. La gente sabe que él tiene las credenciales académicas y que “sabe cómo hacerlo”, lo que la gente quiere probar es si tiene el temperamento para gobernar un país tan complejo como el Perú.

En esta columna quiero hacer una reflexión sobre lo que yo hubiese contestado políticamente a cada uno de los ataques de la señora Fujimori si hubiese sido PPK parado en ese podio.

Keiko: usted se fue 8 días al extranjero mientras yo estuvo 8 días haciendo campaña en el sur.

PPK: Sí, pero usted estuvo más de 500 días en el extranjero mientras era congresista de la república y no cumplía sus deberes. Habla de irse al extranjero cuando su papá se fugó al Japón por graves acusaciones y encima renunció por fax. Ah, y no solo eso, sino que para escudarse postuló a una senaduría nipona.

Keiko: Usted está debatiendo conmigo no con mi padre.

PPK: Es verdad, pero su entorno sigue siendo prácticamente el mismo. Es más su vicepresidente estuvo en el peor momento de la corrupción del gobierno de su padre. Por cierto, usted fue además primera dama durante 6 años en el régimen de su padre, ¿eso no era avalar todo lo que sucedía?

Keiko: Usted es un banquero representante de las grandes empresas.

PPK: Las grandes empresas, así como las pequeñas son las que generan trabajo en el país y se les debe apoyar. Por cierto, este modelo que usted critica a favor de las empresas es justamente el que instauró su padre, junto con su hoy asesor Hernando de Soto (otro de sus colaboradores que se encuentra con usted y que fue además asesor de sanguinarios dictadores como Muamar Gadafi) a través de la constitución de 1993. Un poco más de coherencia por favor. Si hay un régimen que favoreció a las grandes empresas y privatizó a diestra y siniestra el país fue el de Alberto Fujimori.

Keiko: ¿Cómo puede usted criticarme si en el 2011 me apoyó y dijo que era honesta?

PPK: Yo no digo que usted sea corrupta. Lo que digo es que su entorno es el mismo que participó de la corrupción durante el gobierno de su padre y que usted avaló como primera dama. E incluso con personajes nuevos como el señor Joaquín Ramirez hoy vinculados al narcotráfico. Además, hay que entender que el 2011 la otra opción era Ollanta Humala, y miremos lo mal que le fue. Pero hoy yo creo que lo puedo hacer mucho mejor que usted y por eso quiero que pierda.

Keiko: Usted quiere eliminar la CTS señor Kuczynski.

PPK: Su vicepresidente Chlimper fue el que eliminó la CTS en el sector agrario el año 2000, no yo. Todo mientras ustedes le pagaron una CTS de $15 millones de dólares a Montesinos. Ya quisieran los peruanos de a pie tener ese privilegio.

Keiko: Usted le regaló nuestro gas a los extranjeros.

PPK: Yo no regalé nada, porque los recursos públicos no son míos para regalar. El gobierno del cual formó parte se robó 6 mil millones de dólares que hasta ahora no devuelven. Tiene familiares prófugos en Japón esperando la prescripción por los delitos graves de corrupción que se cometieron aquí y que hacen del régimen del cual participó uno de los más corruptos del mundo.

Keiko: Bueno, pero está muy viejo para ser presidente.

PPK: Yo me siento muy bien. A usted le falta experiencia para un cargo tan alto. Ser hija de su papá no puede ser todo el mérito para asumir un cargo tan importante.

Keiko: Pero yo he construido un partido.

PPK: Yo también. La diferencia es que el mío no tiene gente vinculada al narcotráfico y a un gobierno corrupto y violador de los derechos humanos. Segundo, yo he construido mi capital político, no lo he heredado. Y mientras hacía todo eso he seguido trabajando y ganándome la vida, no recibiendo un sueldo de mi partido para justificar que hago algo.

Como se puede ver de este pequeño dialogo armado, PPK tenía argumentos contundentes a su disposición para usar en el debate. No los usó, y entonces Keiko usó los suyos y sacó ventaja. Al final así es la política: la victoria es de quien tenga más ganas de ser presidente.

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