Sombras tras una supuesta justicia, por Jeuseph Aarn’t Mondoñedo

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El fenómeno Odebrecht ha caído en el Perú como un tsunami devastador para altos funcionarios y políticos del país, atormentando a casi todos nuestros líderes políticos, desde los más hasta los menos representativos. Todos investigados por los delitos de lavado de activos u organización criminal. Detenciones van, detenciones vienen, hoy las detenciones preliminares y preventivas abundan en los procesos de investigación que, hasta el momento,no hacen más que mostrar faltas, y no delitos.

Para los desconocedores del tema, la detención preliminar cobra nombre cuando el fiscal aún no ha formalizado su denuncia; caso contrario, si la detención se da cuando el fiscal ya formalizó su denuncia, se le denomina prisión preventiva. El plazo máximo para una detención preliminar en casos de organización criminal es de 10 días.

El expresidente Ollanta Humala y su esposa, Nadine Heredia, estuvieron detenidos durante 9 meses por una orden de prisión preventiva en su contra; finalmente el Tribunal Constitucional revocó dicha medida por considerarla ‘’un exceso’’.

Los candidatos que disputaron la segunda vuelta electoral del 2016, Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, pasaron por ambas medidas cautelares. La lideresa naranja fue detenida de forma preliminar cuando acudía a la audiencia a la que había sido citada hace poco más de 6 meses, posteriormente, se le dictó 36 meses de prisión preventiva.

Lo propio sucedió, hace unos días, con el expresidente octogenario, quien fue sometido a una detención preliminar pese a contar con impedimento de salida del país y no haber pruebas nuevas en su contra.

Ayer, después de la audiencia correspondiente y a pesar de no cumplirse con los principios rectores de la prisión preventiva (legalidad, inocencia, necesidad, proporcionalidad, prueba suficiente, temporalidad, excepcionalidad, y presupuestos para su imposición) se ha hecho efectiva lo que considero una medida cautelar excesiva, abusiva e injusta, tan comparable con lo sucedido con Ollanta Humala y Keiko Fujimori.

PPK es un anciano de 80 años de edad con salud deteriorada, con su familia en el exterior y aunque sin brillantes, fue nuestro mandatario. Sobre él pesa la enorme carga política de haber indultado al expresidente Alberto Fujimori, quien hoy está nuevamente recluido y esperando la llegada de su nuevo compañero penitenciario, claramente después de Humala.

Retomando el caso de Keiko Fujimori, es la líder más importante de la oposición, hija del expresidente Alberto Fujimori, con dos hijas pequeñas. Sobre ella pesa la enorme carga de sus errores políticos como lideresa de oposición y el hecho de ser pariente directo de un expresidente preso. ¿Acaso PPK y Keiko tienen un juicio político – popular? Juzguen ustedes.

Punto aparte, el último 17 de abril, el expresidente peruano Alan García tomó la fatal decisión de quitarse la vida cuando efectivos policiales y del Ministerio Publico iban a ejecutar una prisión preliminar en su contra. Al margen de los cuestionamientos que giraban en contra de García, aquella medida también es cuestionable.

García se negó a enfrentar un futuro sin libertad a la vista, creyó, como muchos, injusta su detención. Desde mi punto de vista, el líder aprista en realidad nunca huyó de la justicia ¿No es acaso la pena de muerte la mayor de las sanciones? De ser así creo que el exmandatario solo adelantó un juicio y tomó la que fuera su última decisión libre, despojándose de lo que considero el bien más preciado: la vida.

El derecho juzga hechos y no supuestos (aunque las mayorías y los fiscales quieran suponer que los aportes son coimas) y hasta que existan pruebas contundentes, seguirán siendo un supuesto, porque de eso se trata la presunción de inocencia: ‘’todos somos inocentes hasta que se nos demuestre lo contrario’’; usando esta lógica jurídica Ollanta Humala, Keiko Fujimori y PPK, aún son inocentes y para desdicha de muchos, Alan García siempre lo será, porque no fueron capaces de demostrar lo contrario o nunca lo permitió. De esto se trata el derecho, de buscar la verdad de hechos y no supuestos.

Estamos siendo testigos de una serie de abusos judiciales, de la violación constante al debido proceso y la presunción de inocencia. Hoy las masas aplauden, pero eso puede cambiar en cualquier momento, nunca olvidemos nuestra condición humana.

Parafraseando a Martin Niemöller; ‘’Primero vinieron por los nacionalistas, y no dije nada porque no era nacionalista. Luego vinieron por los fujimoristas, y tampoco dije nada porque no era fujimorista. Luego vinieron por los apristas y también callé porque tampoco era aprista. Hoy vienen por mí, el ciudadano de pie, y aunque si queda alguien que hablara de mí, ese alguien no gana renta por hacerlo”.

Estamos siendo cómplices de los abusos, no seamos hipócritas en el momento en que lleguen por nosotros, porque nadie está libre de caer en cuestionamientos. No todos tenemos la dicha o maldición de que nuestros casos sean expuestos en todo el país.

No soy aprista, ni fujimorista o nacionalista, soy un joven apasionado de la política, eso sí, sueño con ser político y creo en la lucha contra la corrupción, pero no de esta manera, no con abusos ni con trampas. No me quedaré en silencio viendo cómo se burlan del debido proceso y sientan un mal precedente en la política peruana.

Que paguen quienes tienen que pagar, pero con un juicio limpio y pulcro, esa es la justicia en la que yo creo y en la que espero todos crean.

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