Tanzania: Turistas invadiendo terrenos ancestrales, por Inés Yábar

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En las últimas semanas, la Montaña de 7 Colores se vio amenazada por una mina Canadiense a la que había sido concesionada. No es primera vez que una zona protegida es dada en concesión, pero esta vez causó revuelo en las redes sociales. La razón es que muchas personas que viajan a Cusco lo ven como un lugar fotogénico al que algún día quisieran ir. Después de la indignación que causó, la empresa minera renunció a la concesión. Esto no habría sucedido si los turistas no alzaran la voz, velando por sus intereses. Pero, ¿Qué habría pasado si vivían poblaciones allí? ¿Que si fueran los turistas los que obligaran a los habitantes a moverse para tener despejada la vista? ¿Qué sucedería si los turistas destruyeran en vez de las empresas?

Esto ha sucedido en Tanzania donde se acusa al gobierno de poner en riesgo a poblaciones locales por dar acceso a los turistas a una experiencia con la fauna del lugar. Según “The Guardian”, el gobierno de Tanzania está dando prioridad a las compañías de safari en vez de a los ganaderos. En el parque nacional Serengeti, las tensiones medioambientales crecen con la quema de hogares (al menos 185) llevando a una expulsión de sus habitantes por medio de desalojo forzado.

El gobierno expande los límites de los parques nacionales diciendo que están protegiendo a la fauna, pero de esta manera alejan cada vez más a las comunidades que están en tierras ancestrales. Los resultados son impactantes: casi 60% de los niños Maasaies menores a 5 años sufren de desnutrición crónica. Además, 80% de la población ganadera Maasai que ha sido desplazada es categorizada con inseguridad alimentaria grave.

Los turistas que llegan tienen el derecho enseguida de cazar a los animales que se encuentran en la “zona protegida”. Las tierras pertenecientes al gobierno o a inversionistas se vuelven comerciales y esto no es un tema que nació hoy. En el 2012, cuando el gobierno quiso desalojar a los habitantes, causó indignación mundial. Se llevaron a cabo varias protestas y las comunidades nómadas se hicieron escuchar. Sin embargo, hoy las cosas son diferentes. El gobierno puede legalmente expulsarlos sin razón ya que el terreno le pertenece.

Lo que empeora la situación es que ninguna de las inversiones en el lugar es empleada para ayudar a las comunidades que residían en el espacio. Es necesaria una manera más responsable de llevar a cabo el ecoturismo y el turismo cultural. Los Maasai estarían menos desnutridos si podían obtener recursos del flujo de extranjeros que llega a su territorio. Por ahora solo se usa su nombre e imagen para productos comerciales sin ninguna retribución monetaria.

El caso del Perú y de Tanzania nos muestra una vez más que el turismo es una espada de doble filo. Puede ayudar a proteger una zona como puede llegar a destruirla. En su serie de “Cine bajo las estrellas”, Conservamos por naturaleza proyectó la película “Confluir” que mostraba el deseo de incrementar el turismo responsable en una zona que en pocos años podría ser destruida con represas. Usemos nuestras voces sabiamente y contribuyamos al conocer el Perú con un turismo responsable. Para ser un turista responsable, tú ¿qué estás haciendo?

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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