Un as en la familia, por Alfredo Gildemeister

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Aquella mañana del 18 de agosto de 1918, la alarma llamó a todas las escuadrillas de la base. Habían sido avistados más de dieciocho aviones ingleses volando sobre el cielo del pueblo de Wervicq, cerca del paso de Calais y de la frontera con Bélgica, en Francia. Nunca imaginaría el teniente Johannes Gildemeister que ese día libraría el combate aéreo más importante de su vida. Johannes cargó con su equipo y corrió hacia su biplano Albatros D.V., al cual su ayudante, Walter Schultz, ya lo estaba revisando en cuanto a que sus dos ametralladoras Maxim “Spandau” tuviesen munición suficiente y que todo en la aeronave estuviese en perfectas condiciones: alerones, ruedas, aceite, etc. Johannes pertenecía hacia unos meses a la Luftstreitkräfte, esto es, al “Servicio Aéreo del Ejercito Imperial Alemán”. Johannes se introdujo en el reducido espacio destinado para el piloto, se sentó en su dura silla de madera, se ajustó las correas de seguridad al asiento y se acomodó la capucha de cuero en la cabeza, así como los anteojos. En el último combate aéreo, un escape de aceite casi lo hizo caer pues le embarró totalmente los anteojos, impidiéndole ver bien. Luego se enrolló al cuello la hermosa bufanda blanca que su novia Loreleis le había tejido y regalado por su cumpleaños. Miró con cariño la fotografía de ella que llevaba siempre sujeta al lado del altímetro. Se abotonó bien la guerrera y el casacón forrado en fina piel, pues el frio en las alturas era terrible. A la voz de “contacto”, Walter empujó rápidamente la hélice de madera pulida y ésta comenzó a girar. El excelente motor Mercedes de 185 caballos de fuerza sonaba bien. Este motor le daba una velocidad máxima operativa de 187 km por hora y podía elevarse a una altura de hasta 3,000 metros. Nada mal para la época. Johannes pertenecía al escuadrón Jagdstaffel 20, también conocido como “Jasta 20”, escuadrón que se formara a finales de 1916.

La escuadrilla fue tomando carrera y despegando de a pocos. El día estaba hermoso y soleado. Johannes era un joven piloto de 24 años que recientemente, el pasado 21 de mayo, había derribado su primer avión, un biplano inglés, luego de un fuerte enfrentamiento que lo hizo poner de manifiesto su natural talento para maniobrar un biplano. Recordó que ese combate sucedió encima del pueblo de Bailleul, en Francia, casi por el mismo sector hacia donde se dirigía hoy.  El cielo estaba despejado cuando llegaron al sector de Wervicq. Unas pocas nubes cual algodones se veían poco más arriba. Comenzaron a buscar aviones ingleses. Dieciocho aviones no podían ocultarse así no más. Johannes miraba para arriba y luego para abajo por si acaso. Todo sucedió muy deprisa. Tan solo escuchó el ruido de ráfagas de ametralladora que de la nada disparaban contra su avión y que atravesaban parte de su fuselaje. Al voltear para tratar de mirar para atrás, pudo ver con dificultad –pues tenía el sol en contra- como de un cúmulo de nubes más arriba, salía un enjambre de aviones ingleses disparando a su escuadrón. Inmediatamente, en un acto reflejo automático, se abrió de la formación al igual que todos sus compañeros, y dando un gran círculo comenzó a tomar conciencia de la situación. Fue en ese momento que vio el avión de su amigo Hans Bruckner caer en llamas al vacío. ¡Maldición! Luego se percató que tenía un biplano persiguiéndole y disparándole incansablemente. Tenía que sacárselo de encima.

Se notaba que su contrincante era muy hábil. Adivinaba todas las maniobras que Johannes efectuaba sin poder despegárselo de la cola. Pudo apreciar por el rabillo del ojo que sus compañeros también estaban enfrascados combatiendo con el enemigo que apareció de la nada. ¡Cómo no se había percatado que el enemigo podía haberse escondido en esas nubes tan grandes! ¡Era algo tan obvio! Un poco más arriba que él, un avión inglés se comenzó a incendiar y vio como el piloto caía al vacío. Cabe mencionar que en aquellos años los pilotos volaban sin paracaídas. Johannes recordaba como el alto mando alemán había considerado que el uso de paracaídas les restaba combatividad a los pilotos y reducía la determinación a combatir hasta el final, pues el paracaídas los podía incitar a saltar del aparato. A Johannes le parecía absurdo esa manera de pensar, pero tenía que obedecer.

Estando así, un compañero acudió a ayudarlo y pudo despegarse al avión inglés de su cola. Dando un gran giro se puso a sus espaldas y poco a poco comenzó a acercársele. El piloto inglés muy hábil trataba de sacárselo a Johannes de su cola, pero éste no lo soltaba. Finalmente le disparó una larga ráfaga con sus dos ametralladoras “Spandau” y no dejó de disparar hasta que una cola de humo negro comenzó a salir del motor del avión enemigo. Johannes, como caballero del aire y tal como lo señalaba la costumbre entre los aviadores de la Primera Guerra Mundial, se puso en paralelo al avión inglés mientras caía envuelto en humo. Miró al piloto enemigo. Una línea de sangre le caía sobre la frente. Este lo miró a Johannes y lo saludó militarmente. Johannes lo saludó también militarmente. ¡Honor al caído! Luego Johannes pudo apreciar como el avión caía y se estrellaba en un campo de cultivo cercano a una granja. Era su segunda vitoria.

Unas semanas más tarde, Johannes se enteró que el avión inglés que había derribado era piloteado nada menos que por el capitán canadiense William Gordon Claxton, más conocido como “Dozy”, as de la aviación enemiga, condecorado en diversas ocasiones, el cual llevaba en su haber, el derribo en combate de nada menos que 37 aviones alemanes y Johannes había logrado derribar a este famoso as canadiense. Debemos mencionar que Claxton logró sobrevivir a la caída. Fue recogido herido como prisionero luego por soldados alemanes y curado en un hospital de campaña. Terminada la guerra, fue liberado el 1 de diciembre de 1918. Claxton se recuperó de sus heridas y se convirtió en un reconocido periodista, profesión que ejerció hasta su muerte a los 68 años de edad, en 1967. De otro lado, pocas semanas más adelante, el 24 de setiembre, Johannes derribó en combate tres aviones más, con lo cual se convirtió en as de la aviación alemana, pues cuando se alcanza las cinco victorias, se ingresa en la lista de ases de la aviación. Johannes también sobrevivió a la guerra, vivió una vida tranquila y falleció diez años antes que Claxton, en 1957. Hoy a casi cien años de aquél memorable combate y del final de la Primera Guerra Mundial, sirvan estas líneas en homenaje a este pariente, as de la aviación alemana que, por esas cosas de la vida, constituye un ascendente familiar digno de conmemoración.

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