Un personaje incómodo en el Congreso, por Eduardo Herrera

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Como no existe ningún tipo de filtro en los partidos cuando se presentan los candidatos, no podemos esperar filtros cuando ya son electos autoridades. Y entonces pasa lo que ya es de conocimiento público.

Lo primero, hablando de incomodidades, es un argumento que, a mí me parece bastante razonable, desde el punto de vista formal. Si hay una persona que ha cumplido su condena, debería tener igual de oportunidades que todos los demás a re insertarse a la sociedad ¿o no?; y sigo más ¿por qué un ex presidiario no podría? ¿por qué un ex terrorista estaría impedido? Si nuestro sistema penitenciario funcionase deberían -subrayo el condicional- todos los condenados volver a tener oportunidad, como en el presente caso, a laborar. De lo contrario todo aquel condenado debería simplemente eliminarse (esto nos debe llevar quizá a re plantear nuestros objetivos penitenciarios y como sociedad).

No sé si la persona contratada por la congresista se haya efectivamente reformado. No sé si alguien pueda probar si lo hizo o si no lo hizo. “Por sus frutos los conoceréis” reza la Biblia, por sus obras los conocerás.

Me causa impresión sin embargo que el Presidente del Congresos sostenga -con contundencia impresionante- que un terrorista nunca cambia. A ver, vamos con algo de calma, si él cambió -por ejemplo, de partido- ¿por qué otra persona no podría cambiar?

Pero más allá de eso, tenemos evidencias que nuestro sistema carcelario no cumple con la re-socialización. Por el contrario, en algunos casos, potencializa la delincuencia. En casos de terrorismo es muy difícil que esto suceda por ser un crimen de conciencia. Con estos antecedentes sería fácil colegir que -muy probablemente- la persona contratada sería un peligro potencial (¿por cierto actúa la inteligencia en casos como estos para tener “mapeados” a todos los condenados por terrorismo ahora libres?)

Lo que podemos lograr con esto -la lección aprendida- es buscar elementos de prevención, aplicables, dicho sea de paso, a otros contextos; en el Congreso -se supone- que esto debería existir, como dije, incluso en la fase de postulación. Varias preguntas ¿sabes con quién vas a trabajar? ¿sabes si tus asesores tienen anticuchos? ¿han hecho un mínimo “due diligence”? o simplemente no hay criterios, ni -nuevamente- filtros.

Para no estar corriendo como locos, buscando -recién ahora- limpiar la leche derramada, la solución estará siempre en la prevención. Solo el conocimiento antelado da la capacidad de reaccionar. Por eso sostienen que el conocimiento es poder.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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