¿Vizcarra tiene calidad de estadista?, por Federico Prieto Celi

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El 23 de enero el ex presidente Alberto Fujimori ingresó al penal Barbadillo, después de decir que ese regreso a la cárcel era como recibir una pena de muerte, porque tiene 80 años, está enfermo y le faltan por cumplir 13 años de pena. La historia del Perú registrará este hecho como un brutal manifestación de odio, venganza y empecinamiento diabólico que quienes tanto miedo le tienen. Alberto Fujimori comentó que sentía que lo habían condenado a muerte.

El presidente Martín Vizcarra, si quiere tener calidad de estadista, tiene ahora una oportunidad de oro para demostrar con hechos que su invocación a la unidad nacional no es un gesto demagógico sino un acto verdadero de invitación al acercamiento de las fuerzas políticas. Debe indultar a Alberto Fujimori, como en su momento hizo Pedro Pablo Kuczynski. Ello, independientemente de algunos medios que maúllan por intereses subalternos. Independientemente del consejo de los caviares, que no tiene ningún valor moral.

Es justo recordar que es un acto de ingratitud ensañarse con el presidente que pacificó el país (derrotando no sólo a sendero luminoso sino también al MRTA), estabilizó la economía, impulsó el aparato productivo, introdujo en la constitución una serie de normas modernas de protección a la persona y cambió así la vida de los peruanos, para hacerla más próspera. Kuczynski hizo muy bien en otorgar gracia el indulto a Fujimori, y así lo entendió la gran mayoría de peruanos.

Tácito decía: muchas leyes, pésima república. Quizás una de las características de esta crisis del poder judicial es la sobre-existencia de normas a cumplir. Fiscales y jueces muchas veces pasan de la discrecionalidad a la arbitrariedad en los casos que priorizan y en las sentencias que dan. De mis lejanos estudios de derecho, tan distintos a los actuales, rescato muchas cosas que evoco románticamente. A mí me enseñaron que las excepciones confirman las leyes. Que la epiqueya era la necesaria aplicación benigna de la ley en algunos casos. Que la presunción de inocencia es tan importante que es preferible que haya varios delincuentes en la calle que un inocente detenido. Que, para evitar los rigores de la ley –dura lex sed lex-, estaba el indulto del jefe de estado.

Los enemigos de Fujimori han apelado a cortes internacionales ajenas a la idiosincrasia nacional para volver a quitarle la libertad a Alberto Fujimori, debemos tener en cuenta lo que ha advertido Arturo Seminario Dapello (“Regiones en el Perú: otra opinión”, USIL, Lima, 2013), hablando de la jurisdicción teórica y real de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La acusa de una injerencia abusiva: solamente actúa en las naciones pequeñas; nunca en las grandes; y únicamente en el Perú entre las medianas, con la complacencia cómplice de los caviares criollos.

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