Voto por la dignidad, por Verushka Villavicencio

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Estamos en un momento político crucial que lleva a revisar desde la filosofía qué nos sucede cómo sociedad intentando dar una explicación, no al efecto del problema, sino a la causa. La pregunta es: ¿cuál es el perfil del futuro alcalde de Lima que buscamos?

Leyendo al doctor en filosofía y uno de los más destacados sociólogos alemanes de esta época, Heinz Bude, en su libro “La sociedad del miedo”, explica que existe una tendencia a actuar centrados en el miedo que nos lleva a dos acciones: la primera, salir de nosotros mismos para encontrar respuestas en la religión -sobre todo el budismo-, que nos conecta con la naturaleza como una fuente de energía que fluye hacia nuestro interior; y la segunda, que nos lleva a quedarnos estáticos, conformándonos con lo que nos rodea, sin dar ningún paso.

Ambas tendencias, el enfocarse en el sí mismo y la de conformarse, implican no sentirse un sujeto capaz de involucrarse en ningún cambio que se enlace con el bienestar de otros. Se busca potenciarse a uno mismo en el primer caso, y en el segundo se busca protegerse de situaciones que pueden causar inestabilidad. Ambas acciones se posicionan en el bienestar individual y dejan de lado el bien común. Ambas son la expresión del temor al cambio a nivel de la comunidad porque la persona sólo asume su responsabilidad por su propia vida.

Bude recuerda en su libro a Frankling D. Roosevelt, expresidente de Estados Unidos, con las siguientes palabras: “el hombre que comprendió que abordar el miedo es la clave de la dicha política. No hay que tener miedo al miedo”. El autor explica en todo el libro que vencer el miedo es enfrentarse como personas y grupos hacia aquello que no entendemos con una mirada no de juzgamiento sino de intentar comprender al otro. Aquí estaría la explicación de por qué en el mundo existen tendencias radicales, antisemitas, homofóbicas que demandan del Estado acciones radicales en su contra. Y si éste no las efectúa, entonces ejercen la justicia en sus manos. Todos los crímenes de odio estarían justificados en esta lógica.

Entonces, ante ciudadanos centrados en sí mismos que se conforman con lo que les rodea producto del miedo se cosechan movimientos de derecha e izquierda que -en su radicalidad por temor al cambio-, lo arrastran todo y envuelven a personas que se niegan la posibilidad de un discernimiento libre, sin prejuicios y centrado en pensar en los derechos de todos los ciudadanos. Pero además, ante la reiterada destrucción de la confianza ciudadana ante políticos corruptos, los ciudadanos se radicalizan más en sus exigencias y optan por los populismos que proponen medidas radicales para problemas sociales que son multicausales como: la inseguridad ciudadana, la violencia contra la mujer, la delincuencia juvenil, el aborto, el tráfico de armas, la legalización de las drogas, la trata, la explotación sexual comercial de niñas y niños, el trabajo infantil, etc.

Leer, dialogar, debatir son capacidades centrales para que los ciudadanos logren un buen discernimiento defendiendo un criterio propio. Criterio que tenga una mirada amplia que no demande medidas radicales cortoplacistas que solucionen el efecto del problema, sino que aborde la multicausalidad del mismo.

Ciudadanos con criterios que -en su mayoría no son de este tipo-, están preparando su voto para los próximos comicios regionales y locales 2018. Según la última encuesta de DATUM difundida en Frecuencia Latina, el pasado domingo 30 de setiembre, Daniel Urresti figuraba con 16.5% en la intención de voto; Jorge Muñoz con 14.3% y Renzo Reggiardo con 11.3%. La intención de voto revelaría que tenemos ciudadanos que minimizan las acciones de violencia acontecidas en la época terrorista. Urresti es acusado por el Ministerio Público por el asesinato del periodista Hugo Bustíos, acontecido en 1998. Las declaraciones de Isabel Rodríguez Chipana, afirman que usaba el sobrenombre de “Capitán Arturo”, en la localidad de Castropampa, en Ayacucho. Además, esta mujer lo denuncia también por haberla violado; en su testimonio del 29 de enero del 2018, cara a cara frente a él, dice: “me tumba al suelo, abusa de mí y eso… todas sus palabras y sus gestos, yo nunca voy a olvidar, porque este señor a mí me ha hecho daño”, enfatiza con voz de indignación y sufrimiento. Al cierre de esta nota, se acaba de dar el fallo que lo absuelve de las acusaciones. Y Urresti, increíblemente sigue en la carrera hacia la Alcaldía de Lima.

También tenemos ciudadanos que votarían por políticos que proponen que las Fuerzas Armadas tomen las calles para eliminar la delincuencia, sin pensar que el rol de éste es proteger al país contra otro país que le declare la guerra y salvaguardar las fronteras, entre otras, protegiendo a todos los peruanos, si es preciso usando las armas y hasta inmolándose en su defensa. Las experiencias de la militarización para lograr la seguridad ciudadana -según la OEA-, ha tenido resultados adversos en todos los países donde se ha implementado logrando más bien el incremento de la violencia.

Frente a este panorama, ¿cómo podemos elegir bien? Lima no es sólo la metrópoli del país. Lima es una ciudad cuyos ciudadanos deben ser el centro de la gestión municipal y los servidores públicos deben estar al servicio del ciudadano. Entonces, ¿cuál es el perfil del futuro alcalde de Lima? Un político concertador que haya demostrado que es capaz de unir a diversos actores sociales en función del bien común; un gestor de políticas públicas con una mirada prospectiva para la planificación estratégica de la ciudad; un profesional con estudios académicos que unifique conocimiento con mentalidad abierta junto a un equipo técnico que aporte soluciones a corto, mediano y largo plazo. Pero sobre todo, un líder capaz de generar condiciones en la ciudad que dé oportunidades a los ciudadanos vulnerables que requieren apoyo del Estado para mejorar su calidad de vida. Niñas, niños, adolescentes, jóvenes, adultos mayores, personas con discapacidad, mujeres violentadas, merecen vivir con dignidad y desarrollar sus capacidades.

El ser humano es el centro para la construcción de las políticas públicas que gestionen la ciudad y desde este enfoque pensar en elegir un candidato que nos revele un perfil humano es difícil de creer. Tantos shows de corrupción en TV, nos cuesta retarnos a dejar de conformarnos con lo que nos rodea. Es más fácil creer que el candidato que no conocemos es corrupto. En verdad, encubrimos nuestro miedo y no nos enfrentamos a nosotros mismos para decidir por los cambios y dar paso a la esperanza que revelaría otra ciudad es posible. Nos cuesta confiar y decidir.

La dignidad para todos los ciudadanos es un derecho que se construye con oportunidades. Un voto consciente este 7 de octubre será aquel que nos devuelva a todos la esperanza en la dignidad.

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