¿Y qué pasó con la reforma?, por Eduardo Herrera

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Como vivimos pendientes de un solo objetivo, perdemos de vista todo el bosque. Porque, claro, no pensarán que con atrapar a un solo “maladrín” ya está solucionado nuestro serio problema de administración de Justicia ¿o sí?

Dejando de lado el espectáculo -en horarios muy convenientes- de las sintonizadas audiencias judiciales, hemos obviado, casi en vía de complicidad, la exigencia de resultados reales en los miles y millones de casos judiciales o fiscales que afectan a toda la población. Sí, aquel problema que compete a todos nosotros ciudadanos (o pobladores) “ninis” (NN).

¿Qué paso con las múltiples declaratorias de emergencia en las distintas cortes judiciales del país? ¿qué pasó con las visitas de fiscalización de los vocales supremos? ¿hay otro vocal supremo involucrado o que, por ejemplo, tenga un desbalance patrimonial inexplicable? Pregunto no más.

Por ejemplo, la Corte Superior de Lima Norte, en un esforzado e inorgánico intento de colaborar con la reforma, recientemente está impulsando la sujeción de normas anti soborno. Quiero creer que el intento es genuino. Habrá que esperar a ver si ruedan algunas cabezas. Porque, créanme, que en esa corte abundan cabezas grandes que deben rodar y no solamente ahí, por cierto (para ser totalmente justos).

El rol de un líder que busca la transformación en este contexto es, como se dice coloquialmente, “hacer seguimiento” a las metas trazadas, que no es otra cosa que, orondamente, joder. Joder en nombre de todos los peruanos, pedir resultados, exigirlos, dejar -cuando sea conveniente- en off side a la letanía que siempre caracterizó a nuestra judicialidad; cuándo no, también, pintándole la cara a esos poderosos y escondidos grandes “pro-hombres” (lo digo con sarcasmo) que no hicieron absolutamente nada por un cambio verdadero y real, escudándose en la famosa “autonomía de poderes” que resultó impune.

No hace falta ser un dictador. No hace falta pisotear derechos. La habilidad está precisamente en jugar respetando las reglas (y no como otros justicieros). Solamente, para agarrar vuelo e inspiración, basta con sentir el dolor de miles de peruanos que claman: Justicia para todos.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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