Gobernando un país llamado Perú, por Víctor Velásquez

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Se creía que después del discurso presidencial, el panorama de la política nacional cambiaría. Se tomarían nuevas decisiones, eliminando falencias y superando trabas en materia económica propiciando el tan esperado gerenciamiento tecnocrático del Estado. Lamentablemente esto no parece estar sucediendo.

Errores y desaciertos reflejan la inexperiencia de su élite partidaria y gubernamental, recordando ese clima tenso vivido en el primer año de gobierno. La verdadera política, recién comienza. El consenso y la negociación son esenciales al trabajar con diversos sectores de la sociedad. Sectores básicos como educación y salud.

La huelga de profesores que abarca a 15 departamentos del Perú, no es un conflicto exclusivo entre los profesores frente al Gobierno; involucra a padres, alumnos y ciudadanía en general como consumidores de un servicio tan básico, pilar fundamental para equiparar nuestra competitividad a países del primer mundo.

Es un error considerar sus demandas como terroristas o comunistas. El enemigo no son los maestros, ni su afiliación política; sino más bien la condición socioeconómica y laboral en la que viven. El Movadef, no representa a todos los profesores del Perú. Es una organización nociva que seguirá vigente en la sociedad peruana y tendrá aspiraciones políticas, siempre en cuando, se mantenga el status quo en el aparato estatal y no se ataque la insatisfacción social.

No debe confundirse la negociación y consenso democrático con la arrogancia del diálogo bajo la violencia. Tanto el profesorado como el Ministerio deben ser consecuentes y entender que por un lado, el sueldo de los maestros es excesivamente bajo para tener una vida digna; por otro lado, es necesario capacitarlos y evaluarlos para mantener una educación de calidad para nuestros estudiantes. Sin evaluación no puede existir mejor remuneración. Los que pierden son más de 7 millones de alumnos, quienes deberían estar en las aulas.

A diferencia de la huelga de profesores que ha venido acaparando titulares, la huelga en el sector salud es una huelga silenciosa, tiene más de un mes y atañe a médicos, obstetras y recientemente enfermeras. Salvo Lima, en el resto del país, la huelga se hace notar.

Al igual que la huelga del sector educación, fue declarada ilegal. Su reclamo consiste en mejores condiciones laborales, infraestructura y abastecimiento de medicinas para atender a los pacientes. En suma más presupuesto para el sector.

¿Quiénes son los afectados con la huelga? ¿Quién se hace responsable? ¿Quién les responde a esos ciudadanos que no son atendidos? Acaso su salud no es tan importante como la salud de los pacientes limeños.

No existen recetas mágicas para asegurar la gobernabilidad y gobernanza de un país. Así que no existen soluciones indiscutibles. Pero existen algunos temas que son necesarios analizar.

La descentralización, materia tratada en el discurso de PPK, buscaba fortalecer la descentralización esclareciendo competencias, funciones y responsabilidad en todos los estamentos del Estado. Sin embargo, ahora la ministra Choquehuanca, propone que vuelvan las competencias del sector salud y educación a la administración nacional, recentralizando nuevamente el país. ¿Cuál es el objetivo? No se sabe.

La forma de resolver problemas no puede ser draconiana. Weber decía que el Estado tiene el monopolio de la violencia física legítima dentro de un determinado territorio. Pero en el Perú, existe predisposición a resolver manifestaciones con gases lacrimógenos y represión; eso no va. Menos la movilización policial a espacios pacíficos como instituciones educativas. Es obligatorio negociar y concertar.

Un país no es una empresa privada, no se gerencia, se gobierna. Las dinámicas y ciclos de los procesos, intereses, acontecimientos y acciones de los involucrados en política, no se manejan bajo una estrategia de adjetivar a todo quien esté en contra como “terrorista”. No sirve.

Somos un Estado de Derecho en un marco democrático, nuestras herramientas: el diálogo y la ley. La primera, genera sinergias en favor del país. La segunda, castiga a toda persona que practique actos terroristas o que vulnere la ley respetando el debido proceso. Si olvidamos esas herramientas, no estamos tan distantes de esas dictaduras que tanto criticamos.

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