Héroes y Tiranos, por Christian Muñoz

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La coherencia es una de las virtudes que más engrandecen al espíritu humano. No es para menos. No resulta para nada sencillo mantener a la par lo que uno piensa o dice con lo que uno efectivamente termina haciendo. Lamentablemente, es este uno de esos principios que más suele escasear entre los miembros de la clase política -sea cual sea su partido o ideología, vale aclarar-. Y es que llegados al poder, los políticos casi siempre terminan relativizando sus ideales y valores -si es que acaso los tenían- en aras del pragmatismo. Realpolitik, le llaman algunos.

Nuestra izquierda acaba de darnos una magistral lección al respecto. Los congresistas del Frente Amplio -y la izquierda, en general- siempre se han llenado la boca con palabras como “democracia” y “derechos humanos”. No obstante, el jueves pasado por la mañana, la mayoría de la bancada votó en contra de una moción del congreso que pretendía condenar el autogolpe venezolano. El mismo día -horas más tarde- buena parte de su bancada votó en contra o se abstuvo en un proyecto de ley que pretendía declarar “héroes de la democracia” a los comandos de la operación Chavín de Huántar, cuya hazaña cumplía este sábado veinte años.

Hablemos de lo primero. El régimen dictatorial de Maduro -no el “rompimiento del equilibrio democrático”, como gentilmente es llamado por Verónika Mendoza-, llegó a su cúspide de putrefacción el pasado 30 de Marzo, cuando el Poder Judicial -controlado por Maduro- decidió adjudicarse las funciones del legislativo -con mayoría opositora-. Fue esta la puñalada final al gradual resquebrajamiento de las instituciones democráticas en Venezuela -que incluía encarcelamiento de líderes opositores, acusaciones de elecciones fraudulentas, asesinatos a manifestantes, bloqueos a referéndums, entre otros- que nos permite afirmar que Venezuela llevaba ya buen tiempo viviendo en una dictadura. Sin embargo, lo que más debería escandalizarnos es que un día antes, el 19 de Abril, había ocurrido otra multitudinaria manifestación en contra de Maduro que dejó como saldo 3 nuevas víctimas. Aún teniendo la dictadura frente a sus ojos, el Frente Amplio votó como votó, ¿Dónde habían quedado la “democracia” y los “derechos humanos”?

Horas más tarde parece que la mencionada bancada encontraría la respuesta: en su arsenal de excusas para justificar su voto en contra del proyecto de ley sobre los comandos de Chavín de Huántar. Sus convicciones democráticas y su firme creencia en los derechos humanos no les permitían llamar “héroes” a los referidos comandos, pues alegaban la presunta ejecución extrajudicial de un terrorista desarmado. De seguro que una ejecución extrajudicial es condenable, lamentablemente, esta nunca fue del todo esclarecida. Más allá de eso, lo que importa preguntarnos es ¿cómo es posible que el Frente Amplio apele a la “democracia” y a los “derechos humanos” mientras pasa por alto el tiránico régimen de Maduro?

Quién escribe tuvo la suerte de pertenecer a la penúltima promoción a la que enseñó Henry Pease en la PUCP. En noviembre de 1989, Pease ya se encontraba en campaña para las presidenciales de 1990. Precisamente por aquellos días Sendero había anunciado un paro armado en apoyo a su guerra popular. Pease no dudó en convocar una “marcha por la paz” el mismo día escogido por los senderistas, con el fin de demostrar que la democracia era más fuerte que la subversión. Todo pese a saber que esto le podía restar votos en sectores de izquierda a los que él mismo representaba.

Hoy muchos analistas suelen señalar la falta que hace en el país una izquierda moderna. No hacen mal, pues contrastando la gala de coherencia que irradió Pease en 1989 con la relativización de valores que el Frente Amplio demostró esta semana, más pareciera que nuestra izquierda ha venido involucionado en las últimas décadas, hasta llegar a niveles tan dramáticos como para apelar a ciertos principios en condena a los héroes, olvidando que horas antes pudo bien haberlos usado también en condena al tirano.