[INFORME] ¿Qué está sucediendo con las elecciones en Estados Unidos?

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El 2016 no solo nuestro país tenía en agenda la realización de nuevos comicios. Este era el caso también de la aún primera potencia mundial: Los Estados Unidos de América.

Los procesos electorales en Estados Unidos

Antes de comenzar a hablar específicamente de las elecciones generales en Estados Unidos para el presente año (2016), conviene hacer algunas salvedades respecto a la particular forma  con la que esta nación realiza sus procesos electorales.

Para empezar, es necesario señalar que este país adopta la forma de una república federal. Esto quiere decir que existe un gobierno nacional con competencias en todo el territorio junto a cincuenta gobiernos estatales con competencias en cada estado. ¿Por qué esto importa a la hora de hablar de los procesos electorales? Porque en Estados Unidos se adopta un modelo de sufragio indirecto en la elección del Presidente y del Vicepresidente. Cuando un votante acude a votar cada cuatro años este no está eligiendo directamente a los candidatos que desea se conviertan en Presidente y Vicepresidente, sino que escoge a otros electores que los elegirán por él en el colegio electoral.

Ahora bien, cada elector del colegio electoral tiene un voto electoral y la cantidad de estos son distribuidos para cada estado en función de su número de escaños en la Cámara de Representantes -proporcional al porcentaje que representa la población del Estado respecto a la población de todo el país, siendo el mínimo un escaño-, sumados a su número de escaños en el Senado -dos por estado-. Así por ejemplo California, el estado más poblado, cuenta con el mayor número de votos electorales (55, 53 escaños en la cámara de representantes y 2 en el Senado), mientras que Wyoming, el estado menos poblado, cuenta con el menor número de votos electorales (3, 1 escaño en la Cámara de Representantes y 2 en el Senado). En la mayoría de estados -salvo Maine y Nebraska- opera la regla según la cual “el que gana se lleva todo”, es decir, el candidato a la presidencia que gana las elecciones al interior de un estado se lleva todos sus votos electorales. De ahí la importancia electoral de la división del país en estados.

El total de votos electorales es de 538, cifra que se obtiene de sumar el número de miembros del Senado (100), con el número de miembros de la Cámara de Representantes (435) y con los votos electorales concedidos al distrito de Columbia (3). De este modo, para ganar la presidencia se necesita un mínimo de 270 votos electorales -la mitad más uno-, cifra que de no ser alcanzada conlleva a que la elección se decida en la Cámara de Representantes. Esta regla decanta en la posibilidad de que un candidato pueda llegar a ser presidente aún sin contar con el mayor respaldo popular directo. De hecho esto sucedió hace relativamente poco, cuando en el año 2000 George W. Bush se impuso ante Al Gore con un menor número de votantes directos, pero con un mayor número de votos electorales.

Dicho esto, otro punto relevante a la hora de hablar de la política norteamericana es su acentuado bipartidismo. Así, desde que Abraham Lincoln llegara a la presidencia en 1861, el poder ha sido alternado únicamente entre dos partidos políticos: Demócratas (actualmente la izquierda del país) y Republicanos (actualmente la derecha del país). Esto no quiere decir que ambos partidos sean los únicos que existen o los únicos que pueden participar en las elecciones -actualmente, por ejemplo, han cobrado una mayor relevancia el Partido Libertario, el Partido Verde y el Partido de la Constitución-, sino que los electores suelen escoger únicamente entre estos dos por ser los más institucionalizados.

Este bipartidismo tiene una fuerte incidencia en la forma en que se realizan las campañas políticas. Como en cada elección los estados terminan alineándose entre Demócratas y Republicanos, para las elecciones siguientes se consideran “estados seguros” (safe states) aquellos en los que en la elección inmediatamente anterior se impuso uno de los dos partidos por una cómoda ventaja o, más estrictamente, aquellos en los que se puede prever un ganador casi seguro. Por el contrario, nos encontraremos ante “estados oscilantes” (swing states) cuando en la elección inmediatamente anterior no haya habido un ganador aventajado o en los que no se pueda prever un ganador seguro. De ahí que las campañas tanto de Demócratas como de Republicanos suelan concentrarse en estos últimos, pues les resulta poco útil invertir tiempo y recursos en estados donde de cualquier manera se puede avizorar la victoria -o la derrota-.

Por último, cabe mencionar que las elecciones son realizadas cada cuatro años, normalmente en el mes de Noviembre, con elecciones primarias previas al interior de cada partido que terminan en convenciones nacionales donde se escoge al candidato definitivo del partido.

El inicio de la carrera: las primarias en las elecciones generales de 2016

Como se mencionó, en Estados Unidos las elecciones son celebradas cada cuatro años en Noviembre. Las últimas elecciones fueron el año 2012, en estas el candidato demócrata Barack Obama se impuso al republicano Mitt Romney, consiguiendo la reelección por cuatro años más. A fines de 2016 Obama culminaría su segundo mandato por lo que era natural que comience una nueva carrera electoral. De esta manera, en Enero de 2016, comenzaron oficialmente las primarias al interior de todos los partidos.

En cuanto a los republicanos, en un inicio se dieron a conocer hasta 17 posibles candidatos. Luego de múltiples renuncias, el número de candidatos con posibilidades reales de obtener la nominación se redujo a cuatro: Donald Trump, multimillonario más conocido por su fortuna y la famosa serie “The Apprentice” que por una carrera política; Ted Cruz, Senador de Texas conocido por su abierto conservadurismo en temas como el aborto y el matrimonio entre homosexuales; Marco Rubio, Senador por Florida también conservador; y, Jhon Kasich, Gobernador del estado de Ohio.

Desde muy temprano en las primarias el magnate inmobiliario comenzaría a mostrar amplias ventajas en las encuestas, principalmente gracias a la agresiva locuacidad con la que defendía polémicas propuestas -la construcción de un muro en la frontera sur del país para separar a los inmigrantes ilegales, el establecimiento de pruebas ideológicas para musulmanes inmigrantes y las deportaciones masivas para evitar que los inmigrantes ilegales le roben trabajos a los americanos- y acusaciones -respecto a un juez de ascendencia mexicana al que acusó de que “no haría bien su trabajo” por su procedencia o respecto al presidente Obama, al que acusó de no haber nacido en Estados Unidos-. Lo anterior sumado al seductor lema de Make America Great Agaín terminarían haciendo de Trump todo un ídolo para los norteamericanos blancos, de clase media y sin estudios universitarios, quienes conforman un grupo social bastante descontento por haber sido los menos favorecidos tras décadas de gobiernos con políticos tradicionales, pero que a fin de cuentas representa a casi el 40% del país.

Incluso teniendo en contra a todo el establishment del partido republicano, sería Donald Trump quien finalmente obtendría la nominación republicana con 1441 delegados frente a los 551 de Cruz y los 173 de Rubio -que ya para Mayo habían renunciado a su postulación-. En la Convención Nacional Republicana de finales de Julio se nominó formalmente a Trump como el candidato republicano -aunque se sabía de su victoria desde Mayo- y se eligió como su vicepresidente a Mike Pence, actual gobernador de Indiana.

El mapa electoral de las primarias republicanas terminaría de la siguiente manera:

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FUENTE: The New York Times

En el caso del Partido Demócrata la competencia inicial se daría entre 6 aspirantes, de los cuales quedarían -luego de sucesivas renuncias- solo dos: Hillary Clinton y Bernie Sanders. Clinton contaba con toda una carrera política al interior del partido, que incluía el haber sido primera dama durante el gobierno de Bill Clinton (1992-2000), Senadora por el Estado de New York (2001-2008), contrincante de Barack Obama en las primarias demócratas del 2008 y, finalmente, haber sido la Secretaria de Estado de este último (2009-2013). Si bien luego de perder contra Obama en las elecciones Clinton había negado la posibilidad de volver a postular a la presidencia, el 12 de Abril de 2015 anunciaría su candidatura otra vez, probablemente motivada por las encuestas que la ubicaban como la favorita para la nominación de los demócratas. Por otro lado, Bernie Sanders contaba con una carrera política incluso más longeva que la de Hillary, pero esta había sido desarrollada casi siempre como independiente. Se uniría al partido Demócrata recién en 2015, mismo año en el que en Mayo decidiría lanzar su candidatura. Anteriormente había sido alcalde de Burlington (1981-1989), así como miembro de la Cámara de Representantes (1991-2007)  y Senador (2007-actualidad).

La carrera por la nominación demócrata estuvo marcada por las grandes diferencias entre las campañas de Sanders y Clinton en cuanto a recursos e influencias -algo un tanto irónico para el partido que más promueve la lucha contra la desigualdad-. Contra todo pronóstico Sanders -el autodenominado “Socialista Demócrata” y principal representante del progresismo en USA- terminaría haciéndole una reñida elección a la favorita Clinton -quien figuraba más como una candidata de centroizquierda si se la comparaba con Sanders-, fundamentalmente gracias a su mayor atractivo para el electorado demócrata joven o de clase trabajadora. Por su lado, Clinton era más atractiva entre las mujeres, latinos y afrodescendientes, además de contar con el apoyo de la mayoría del partido. Clinton finalmente se impondría con 2293 delegados frente a los 1533 del senador de Vermont. Inicialmente Sanders no brindaría su respaldo a la ex primera dama, pero finalmente lo haría en la Convención Nacional Demócrata de finales de Julio, llamando a votar por ella ante el peligro que representaba Donald Trump. También a finales de Julio Clinton anunciaría al Senador por Virginia Tim Kaine como su candidato a Vicepresidente.

 El mapa electoral de las primarias demócratas terminaría de la siguiente manera:

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FUENTE: The New York Times

Pero no solo los republicanos y demócratas celebraron internas hasta Julio de este año para escoger a su candidato a la Casa Blanca, así también lo hicieron otros partidos, dentro de los que destacan Gary Johnson por el Partido Libertario y Jill Stein por el Partido Verde. La candidatura de ambos representa un cambio en los esquemas tradicionales de las elecciones norteamericanas, donde más allá del candidato republicano y del demócrata no solía haber otra opción con un número significativo de votantes en las encuestas. Ambos candidatos han capitalizado la gran impopularidad de Trump y Clinton para hacerse un espacio considerable en estas elecciones (The 4-Way Race).