Las gracias y desgracias, que en paz descanses; por Vincenzo Ferreccio

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“En las sociedades yoruba, ibo, igbo y Dahomey, las mujeres eran propietarias de tierras y cultivaban sus propios productos, dominaban los mercados locales… Se estimaba que tener muchas hijas suponía ser rico. Entre los igbo de Nigeria un varón que infringiese las normas mercantiles de las mujeres o maltratase a la esposa se exponía a una venganza colectiva.” – Harris, M. (s.f.). Nuestra especie.

Aunque el Cardenal manifestó su repudió al asesinato de Eyvi Ágreda, temo pensar que estamos bastante cerca de la utopía anhelada por Cipriani. Los escaparates van a tener que ser censurados, las mujeres ya no tendrán la posibilidad de tentar las mentes roídas y el accionar de los hombres enfermizos; porque en ellas, la libertad se convertirá en un aspecto mítico e inexistente y; sus faldas también, se deberán tejer por debajo de las rodillas: tal como lo demandaba el colegio. Si no, será su culpa. No la nuestra. Así diría el buen Jesús; haciendo una intertextualidad al libro de Mario Vargas Llosa en “la guerra del fin del mundo”. El mundo tan socavado de las mujeres parece estar siempre en ayunas de lutos, y las arengas que se levantan en sus nombres y las voces de millones de personas que se reúnen años tras año para reclamar para que ni una mujer menos muera o sea maltratada bajo las manos del hombre primitivo, parecen ser todas un mero trabajo en vano.

Eyvi ágreda. Es infaltable hoy día comenzar a redactar un artículo sin mencionar a una silueta tan polémica que ha estado delineando de nuevo a aquellas huellas que las marchas feministas dejaron años atrás en sus trincheras. La ley de la selva no se está quebrantando en Lima, y nuestra sociedad es un retrato de su rupestre ignorancia. Un feminicidio más se ha cometido, y temo que estemos cerca de ser espectadores de varios más. Antes de entrar a detalles sin embargo; tengo que dejar algo en claro. Perú, como una comunidad letrada,  debe desligarse de una vez por todas de esa filia tan ridícula de tener que culpar a la victoria de un fallo para justificar  las desgracias y las bajas de una menos. La figura once “ Paolo Guerrero” está siendo sometida de nuevo a un jurado burdo de Trolls que; en vez dar un discurso crítico hacia los desagradables acontecimientos ocurridos en Perú, solo satirizan las escenas del crimen colectivo: aludiendo a que no debemos estar orgullosos del acato de la FPF por habilitarlo de nuevo en el mundial de Rusia. Estupidísimo. La camiseta bicolor es una tela inocua a las desgracias latentes del pueblo. La ignorancia en general es el opio del que tanto nos sesga, y ese umbral se está agigantando gracias a las incoherencias que como peruanos estamos cometiendo. Ahora bien, sin censura.

Carlos Hualpa es un nombre que debe quedar como la figura idónea de un esperpento. La palabra asesino se le queda corta, tan corta como un escaparate, y sus frases; lejos de estar de la postura de un ser arrepentido y encadenado, solo dejan en claro cómo es el verdadero accionar de un misógino en el sentido amplio de toda la palabra. A. Camus de seguro podría perdonar los actos de Carlos Hualpa por ser este la obra de un crimen “pasional”, que al estar el asesino endemoniado por su condena mental y fisiológica, este no pudo prender una chispa de fuego metafórica en el corazón de Eyvi, y aquel ademan lo tuvo que hacer con los litros calcinantes de combustible y un encendedor en mano. Más del 60% del cuerpo de Eyvi quedó quemado y con lesiones internas. Hubo diez heridos entre los pasajeros que estuvieron dentro de la línea 8 aquel 24 de abril.

“Nunca llegamos a tener una relación sentimental. Le propuse estar juntos en octubre del 2015. Ella se negó. Me dijo que tenía enamorado. Yo no sabía eso.”

Declaró Carlos H. Justificando su acto.

El presidente de la República se manifestó

“El castigo debe ser ejemplar, la máxima pena y como decía anteriormente, este tipo de agresiones debería generar que sea detenido y meterlo de por vida a la cárcel, hubo esfuerzo de los médicos (por salvar a Eyvi) pero no se pudo, todos estamos muy apenados”

Pero, se especula que pena oscilaría entre los 15 y 25 años de cárcel, por ser un feminicidio. Lamentable.

Bajo este testamento solo quiero implorar inconformismo, poner mi granito de sal en cada boca posible y prender una sed de protesta, con convicción y firmeza. Eyvi Ágreda antes de morir según lo declarado por el gerente de la Red Asistencial Almenara de Essalud,  fue “inducida al sueño” durante tres semanas… para evitarle el dolor de sus heridas. Pero tal como el triguillo predijo la vuelta de Guerrero al mundial, mi propia cábala presupone que estos actos no perecerán, hasta que nos demos cuenta, que en realidad: somos los peruanos en conjunto, los que nos inducimos en un sueño propio del que no queremos despertar. En un país corrupto, donde además perecen civiles de maneras espantosas, es racional comprobar una vez más, una y cien veces, que nuestro país está como el culo de Tyler Down: roto, y bien roto.

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