Las trumpolémicas, soros en las tinieblas y EEUU: un despiadado país de las maravillas, por Vincenzo Ferreccio

44

El cadáver de David Copperfield debería de envidiar al más grande ilusionista del siglo XXI; si bien la hazaña de desaparecer a la estatua de la libertad fue meritoria en su tiempo, dicho acto se queda calcinado con los trucos azarosos del actual republicano Donald J. Trump; que sin manto alguno, ha logrado algo más esotérico que cualquier otro mago: erguir un muro fronterizo sobre las psiques colectivas de sus adeptos. Construyó bajo el discurso xenófobo de la inmigración, una petición que logró acariciar en orgasmos a la secta más peligrosa de la pos-modernidad: los extremistas, prometiéndoles en las pasadas elecciones a que este haría para su país un muro divisor entre México y Estados Unidos; entonces, he aquí para apreciar al más reciente ejemplar de su populismo blanco: los nuevos campos de concentración para inmigrantes o- más risueñamente hablando-, las cárceles para inmigrantes. Cabe aclarar que este discurso no pretende aludir a las fachas progresistas. Cualquier ideología totalitarista sea de derechas o izquierdas es un sosiego cancerígeno, hay que aprender eso. Lo que enriquece en estos tiempos al discurso “White trash” que ronronea Trump, son solo las raíces sectarias que han quedado como la resaca del humanismo evolutivo de la época hitleriana; aquella que inventa castas imaginarias para levantar peldaños entre “razas” “superiores” e “inferiores”. Y la supremacía blanca nunca ha estado tan cómoda ni mimada, el K.K.K seguro debe de estar poniendo a Donald cada 20 de julio en su pesebre, el feminismo por su parte se desangra en una inquisición argumentaría;  pierden kilos de alegatos aún con el financiamiento de George Soros de por medio, pero son solo percepciones mías las que yacen en esta tela de juicio, son solo concepciones mías el pensar que las feministas no leen como tampoco lo hacen los supremacistas blancos, pues la ignorancia siempre tiene una aureola frágil que es fácilmente comestible. Han pasado tantos fenómenos peculiares en las estrellas del firmamento político que no se sabe a ciencia cierta cuál brilla más que otra, ni cuál es la más habitable para el pensamiento moral y racional del ser humano. Lo que hay que escribir sin desviaciones metafóricas y objetivamente es, que las cosas andan mal, como siempre.

“La civilización del espectáculo posmoderna ha desarmado moral y políticamente a la cultura de nuestro tiempo y ello explica en buena parte que algunos de los <monstruos> que creíamos extinguidos para siempre luego de la segunda guerra mundial, como el nacionalismo más extremista y el racismo, hayan resucitado y merodeen de nuevo el corazón mismo de occidente” – Vargas Llosa, M. (La civilización del espectáculo.)

Las ideologías en contraste con nosotros mismos, tienen una particularidad peligrosa: la sinecura de ser inmortales. Parece un espectro de conspiraciones pero, la cita expuesta anteriormente fue publicada en el 2012. Donald Trump se consagró como presidente de Los Estados Unidos el 10 de noviembre del 2016. Sería un acto idólatra y muy romántico si sostengo que nuestro compatriota de antaño; exiliado ahora a la nacionalidad española por el capricho y sus desventuras de los noventa: Mario Vargas Llosa, escribió una especie de oráculo inminente hacia los años venideros de aquel entonces. Los vestigios y síntomas que mostraba el mundo para las inextinguibles ideologías de intolerancia y repudió de los inmigrantes en Occidente causalmente, han hecho ahora de Estados Unidos una “paja mental” hitleriana, el voto de la extrema derecha y los nacionalistas racistas han orquestado un festín de orgias y han parido así a Donald J. Trump sobre el pedestal de la Casa Blanca. Si bien hay un abanico de historias y crónicas ajenas para poder citar y poner en jaque así al personaje favorito de los republicanos, sería un masoquismo de parte mía extenderme a escribir un párrafo entero por cada penumbra que Trump ya ha dejado en su gobierno. Nos concentremos entonces en diseccionar a los dos fenómenos más fragorosos y recientes que engullen por el momento a este magnate: la cárcel para inmigrantes y el polémico caso de “Cambridge Analitycs”. Redoble de tambores…

A Donal trump le gusta el olor de los inmigrantes por la mañana.- bienaventurado sea el que entendió la intertextualidad con “Apocalypse now”-. La retención de los inmigrantes en las cárceles que bordean las fronteras con México es un neo-campo de concentración que acumula en su cúpula a los que alguna vez soñaron desde sus países tercermundistas con el “sueño americano”; en términos objetivos, estas cárceles situadas en Texas reúnen a la desdicha de inmigrantes que fueron capturados por las autoridades migratorias en las orillas de los Estados Unidos. Una prisión privada que hace poco separaba a los niños de sus padres  ahora; bajo una polémica reacción de varios protestantes, por fin las vuelve a unir… enjauladas. En una visita a las prisiones de Texas el pasado 21 de junio Melanie Trump eligió como compartimento de vestir una chaqueta que rezaba la frase “Realmente no me importa, ¿y a ti?”. Peculiar sentido de la moda a la ex modelo oriunda de la ciudad industrial Sevnica.

Un dilema Sin embargo, se engendra cuando apreciamos a las estadísticas; las cuales arrojan a que Trump ha deportado a menos inmigrantes de los que Obama deportó en su último mandato; es más, las detenciones por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de su gobierno en 2017 fueron aproximadamente la mitad de aquellas realizadas durante los principales años del presidente Barack Obama. No hay que caer entonces en sesgos ideológicos, la historia de Estados Unidos no es manipulable ni por sus propios presidentes, sus estragos del colonialismos y sus guerras tienen más peso que la gula de Trump, tiene más atrocidades que las facciones de Hillary Clinton y es más fría que Siveria entera.  Aun considerándome un “dommie” de derechas, mantengo arraigado siempre un escepticismo contra el presidente Donald J Trump. Cogiendo los hechos que los medios de comunicación nos han desvelado, creo que hemos visto más que suficiente del discurso amoral que el presidente predicaba y practica ahora con los inmigrantes. Trump no distingue entre la subversión moral de un pueblo y los chantajes de los fascistas que mantienen idónea a la política migratoria de este. En recurrentes ocasiones él acusa a los medios de comunicación –entre ellos “CNN” y “The New York Times” de ser “fake news” y los etiqueta abiertamente de ser una mera conspiración de izquierda que sataniza todos sus actos.

Acá, en esta trinchera fantasmal entran las petisas trivalencias de George Soros; otro magnate de semejante calibre que apoya a las facciones totalitaristas de izquierda, que operó también en la campaña de Hilary Clinton y subsidia ahora a empresas abortistas como “Planned Parenhood”, la cual estuvo en una controversia por vender partes del cuerpo de bebés para lucrar con estas.  Por lógica no hay que santificar a nadie en estos tiempos. El periodismo es entonces una pseudo ciencia de las comunicaciones, no sirven para Trump; ni para mí tampoco. Las cárceles de Texas dejan mucho para el mundo de que pensar; pues en el auge de la globalización, es inadmisible aceptar a esta práctica de deshumanizar a los inmigrantes para convertirlos en objetos ilusos y sin derechos.  “Cuando México envía su gente, no envían a los mejores. Envían gente que tienen muchos problemas…traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas”

Ahí está lo que el hombre “más poderoso del mundo” tiene para enseñarnos a los latinoamericanos: su catártico repudio contra nosotros, no solo contra los mexicanos. Y la guerra de magnates que desde las tinieblas nos manipulan; quizás con el tentador olor a napalm de las mañanas rociándolos en sus medios de comunicación, nos someten a ponernos de un u otro bando, nunca laicos ante los hechos.

Hablando de manipulaciones, toquemos de lleno a la polémica de “Cambridge Analytica”, es un tema que se bordea más amicalmente con mi pluma, porqué en este cuento hay hasta prostitutas ucranianas de por medio. ¿Alguna vez ha querido saber con qué signo zodiacal usted se llevaría mejor?, ¿A qué actor de Hollywood se parece más? O para las nostalgias de la tercera edad milenial (que ya se sienten viejos con solo veinte años de encima)- caso dedicado para mí-¿Nos hemos preguntado a que casa de Hogwarts pertenecemos? La respuesta debería de ser “no”, nos debería importar un carajo, pero en la carta del menú de Facebook siempre aparecen esas peculiaridades que nos tientan a gastar nuestro tiempo libre y a aceptar los banales “términos y condiciones” para  testarnos así como simples sujetos manipulables sin remuneración alguna.

“la historia indica que la sociedad acaba por utilizar los conocimientos y la tecnología disponibles para todos los fines posibles, por desagradables o sucios que sean. Hay descubrimientos científicos que al principio ampliaron nuestra comprensión del universo, pero después se han empapelado con fines más oscuros” – Cooke S. (La ciencia del futuro).

Sam Cook describe sin querer a las causas primogénitas del maquiavélico uso contemporáneo de la psicología, el endeble lienzo de nuestra psiques ha sido al parecer ultrajado por  “Cambridge Analytica”. Facebook es el épigrafe de este caso y, Mark Zuckerberg es uno de sus coautores principales. Cambridge Analityca tiene todavía un arsenal inmenso de protagonistas; pero nos extenderíamos demasiado si nombramos a cada uno de ellos. C.A. empezó con quince millones de dólares en presupuesto, la empresa usó los test de personalidad para recopilar los datos de cientos de miles de personas. Trecientas veinte y mil personas para ser más exactos le dieron acceso de su información personal a “Cambridge Analytica “y los trazos psicológicos de sus víctimas tras el invisible stress post-traumático eran ya portadoras de una manipulación quijotesca. Ahora, ¿Cómo enlazamos a esta empresa con Donald Trump? Pues hay un hilo conductor bastante visible. Steve Bannon (jefe estratega de Donald Trump durante los primeros meses de su mandato), usó a C.A para la manipulación del voto en las elecciones presidenciales pasadas de EEUU, proporcionando de esa manera a la campaña del republicano Trump un sinfín de información privada para moldear a gusto palúdico el imaginario colectivo de las mentes civiles. Así, según aseguran muchos medios, Donald Trump ha llegado a reinar o -según mi visor- ha llegado a ser reinado por los Estados Unidos de América. “Cambridge Anlityca”  es y ha sido la respuesta y la contracara de la misma maquinaria de la izquierda norteamericana, para influir claro en el voto o en las decisiones de las personas y para adquirir tal o cual producto. El mero marketing no es un delito; pero ahora vemos todas las denuncias en su contra, que no es más que esa efectiva inquisición laica que señala con el dedo a las nuevas “brujas” de nuestros tiempos, quemándolas bajo un éxito tenebroso y con únicos precedentes en la España de Torquemada. ¡A vivir bajo una cueva se ha dicho! Prefiero la cálida ignorancia de una fogata, antes que la prostitución mediática de una guerra invisible. Hemos llegado creo, a residir en un suburbio al más estilo “Ciberpunk”, ignorando los hilos que cuelgan sobre nuestros brazos. La historia ahora no la escriben los vencedores, sino el ente telégrafo de la tecnología y los medios de comunicación. Como diría un buen samaritano escéptico: cuidado en lo que creen.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.