Lescano y la bicameralidad, por Christian Muñoz

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En los últimos días el congresista de Acción Popular, Yohny Lescano, se ha mostrado especialmente prolífico en cuanto a su labor parlamentaria. Este simple hecho debería ser ya por si solo preocupante, a la luz de muchas de sus famosas propuestas legislativas pasadas que brillaban más por sus defectos que por sus virtudes. Al respecto, basta con recordar algunas de sus joyas como la ley Antibullying o su proyecto de ley que buscaba censurar totalmente la publicidad de los cigarrillos para ejemplificar como es que Lescano suele realizar su labor legislativa prestando poca importancia a las consecuencias que de ella derivan.

Durante el último mes, dos controvertidos nuevos proyectos de ley han sido presentados por el congresista de Acción Popular, uno que busca censurar la pornografía y otro que ataca la “Televisiòn Basura”. Lescano señala que en ambos casos se trata de temas de “Interés Nacional”, íntimamente relacionados con la educación y la salud mental de los jóvenes peruanos. Tales declaraciones son, como menos, criticables. Primero, porque los mencionados proyectos no hacen distinción alguna en cuanto a la edad de los ciudadanos que buscan proteger. Es más, para el caso de adolescentes y niños existe ya legislación que establece límites sensatos. Segundo, porque  el concepto de “Interés Nacional” es obscuro e indeterminado, por lo que resultaría inadmisiblemente arbitrario que el ejercicio de la libertad de los peruanos quede sujeto a él.

Lo más lamentable es que en ambos casos el parlamentario parece haberse guiado más por prejuicios que por fuentes científicas serias. No debe sorprendernos por eso que, en referencia a su proyecto de ley en contra de la pornografía, el propio Lescano haya señalado que “no necesita consultar a los psiquiatras”, pues le basta con pasear por las calles para ver la realidad. En esa línea, si al vocero de Acción Popular no le agrada la pornografía o la “Televisión Basura”, es completamente libre para no consumirlas, pero no puede basarse en prejuicios para inmiscuirse en la vida privada de la gente que decide si hacerlo, pues tal ejercicio de libertad no interfiere en la vida de terceros.

Quizá el único efecto positivo de la presentación de este tipo de proyectos de ley es que permite traer nuevamente a debate la forma en que nuestros parlamentarios legislan. Es por eso saludable que, también hace poco, la presidenta de nuestro congreso, Luz Salgado, se haya mostrado a favor del retorno a la bicameralidad. La creación de un Senado -cámara alta- que discuta nuevamente los proyectos aprobados por la Cámara de Diputados -cámara baja- es una apremiante necesidad en nuestro país. El alargamiento en la discusión de los proyectos de ley permitiría no solo que la ciudadanía tenga más tiempo para informarse sobre ellos, sino también una mejora en la calidad legislativa, puesto que los Senadores tienden a contar con una visión de país fundada en su experiencia que les permitiría discutir los proyectos más allá de la coyuntura inmediata -como lo suelen hacer los diputados-. El ejemplo por excelencia de esto en el Perú se dio cuando el Senado, a fines de los ochenta, detuvo el disparatado intento de estatización de la banca impulsado por Alan García y aprobado por la cámara de diputados.

Resulta imperativo entonces establecer limitaciones a quienes buscan limitarnos. La vuelta a la bicameralidad contribuiría con ello. Y es que con una calidad legislativa tan pobre como la que ofrece el congresista Lescano sería un despropósito quedarnos de brazos cruzados.

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