“Lógica” polilógica II, por Óscar Balladares

243

Por cuestiones laborales voy constantemente al centro de Lima. Paso seguido por la Plaza San Martín cuando me muevo de un juzgado a otro. Y siempre, siempre, desde hace años (tengo entendido que décadas), alrededor de las 4pm aparece un personajillo de pelo teñido que hace de orador en la parte de la plaza que está más hacia Ocoña. Cualquiera que pase por allí a esa hora lo verá rodeado de gente. Cada vez que atravieso la plaza, escucho sus falacias durante algunos minutos antes de seguir mi camino. Sin embargo, el martes pasado me dieron ganas de hablar, así que intervine. De arranque el orador dividió el mundo entre “buenos” y “malos”, y me planteó lo siguiente: “Yo humildemente vengo a aprender, como todos… ¡Pero yo estoy con los oprimidos! ¿Tú de parte de quién estás?”. Entonces, discrepar con él implicaba, “lógicamente”, estar de parte de los “opresores”, con lo cual uno termina desde el saque como el malo ante su audiencia. “¿En qué crees, pues, compadre?” Insistió. A lo que contesté que en el respeto de la vida, la libertad y el fruto del trabajo de los individuos (entiéndase propiedad). “¡No pues, amigo! ¡No me estás respondiendo, compadre! ¿¡De parte de quién estás!?” Exclamó frustrándose. Pretendía marcar el camino de mis réplicas, dando a entender que “estoy con los opresores”, para refutarme con respuestas preestablecidas.

La discusión se alargó. Y entre las muchas barbaridades que dijo, estuvo la que sigue: “¿Tú sabes por qué Fidel Castro negó el Partido Comunista Cubano que se había creado en 1925?” Preguntó levantando las cejas y sonriendo pícaro. A lo que respondí que por estrategia política. “¡Porque nunca fue comunista ni socialista, pues amigo! ¡Nunca lo fue! Fidel, el Che y Camilo, nunca fueron comunistas ni socialistas.” Respondió alzando los brazos. Así como lo leen, tal cual, eso afirmaba. Según él, la dictadura castrista nunca ha sido un régimen comunista, pese a que su misma Constitución está “guiada” por “las ideas político sociales de Marx, Engels y Lenin”. Y continuó su exposición: “Por eso instauraron el Movimiento 26 de Julio, ¿¡y un movimiento quien lo lidera, amigo!? ¿La burguesía o el Proletariado?” Agregó con arrogancia.

El personaje en cuestión alegaba que la dictadura castrista no era comunista porque se había aliado a la URSS post Stalin. Y como Nikita Khrushechev había denunciado los crímenes de Stalin en el llamado “Discurso Secreto” de 1956, para él la antigua Unión Soviética dejó de ser comunista ese año. Entonces, según esa lógica, sólo es comunista quien es estalinista, ergo, Trotsky “nunca fue comunista”, Fidel Castro tampoco, porque se había aliado al “traidor” de Khrushechev, y así. Entonces, ¿qué eran? ¿eran capitalistas? Desde esa lógica estalinista de capitalistas/comunistas-estalinistas, opresores/pueblo-oprimido, se entiende porque la URSS de Stalin eliminó más comunistas que cualquier otro régimen, los “revisionistas” que no seguían la línea del Partido, los tachados de “socialfascistas”, los purgados. En fin, luego de defender a uno de los peores genocidas de la historia, pasó a hacer apología del terrorismo de Sendero Luminoso. Cuando me preguntó, con soberbia, si yo conocía “el verdadero aporte del <<doctor Guzmán>>”, comprendí porque siempre se niega a dar su nombre. Le respondí que no había ningún aporte, y que objetivamente Guzmán era un criminal terrorista (valga la redundancia). Reaccionó ofendiéndose, diciendo que yo “estaba insultando” y “yendo contra la persona a falta de argumentos”. Es decir, que para él llamar criminal a Abimael Guzmán era insultar y carecer de argumentos. “Es que tú no sabes qué es terror, pues amigo. ¿Tú sabes acaso qué es terrorismo? ¡A ver!” Le contesté que el intento de subvertir el orden por medio del terror sistemático, indiscriminado (obvio que también existe el terror de Estado). “¡No! ¡El terrorismo lo hacen los capitalistas!” Replicó, empezando un alegato cargado de más inexactitudes y falacias.

Entonces, le volví a responder y ahí vino el polilogismo. Un energúmeno se acercó apuntándome indignado con el dedo y prorrumpiendo: “¡Tú estás equivocado! ¡Estás equivocado porque tu pensamiento no es científico!” Le brillaban los ojos del odio. Ahí pensé en qué sería de mí en otro contexto, digamos por ejemplo que en un caserío de Ayacucho en los años 80. Dudo que allí ese tipo me hubiera estado apuntando solamente con su dedo. Por su parte, algunos otros empezaron a pifiarme y a decir que yo era un “soplón”, un “infiltrado”, que “seguro era de la policía”. Me pareció divertido el asunto. Y seguí con mis argumentos. Le respondí al orador que yo no había insultado a nadie, sino que había dado un hecho: que Abimael Guzmán es un criminal. Y que si él era senderista o pro senderista, lo que sea, no debería sentirse insultado cuando le dicen “senderista”, sino admitir abiertamente su postura. El personaje se enardeció más, y se terminó de desenmascarar agregando amenazante: “¡Ten cuidado porque te van a agarrar a correazos, ah! ¡Te van a agarrar a correazos!”. El país se ha desarrollado, pensé. Pues hace tan sólo unas décadas la amenaza no sería agarrarme a correazos, sino a machetazos o a balazos. “Ya creo que es hora de que diga quién es, ¡de dónde viene!”. Se escuchó otra voz. “¡Hijo de quién serás! ¡De policía! ¡De militar! ¡De vagos!” Me increpó con asco y ofuscado uno con gorrita. Como si ser hijo de militares o policías fuera un insulto, como si ser miembro de las fuerzas del orden sea lo mismo que ser vago. Me di cuenta de que mis opiniones estaban molestando mucho a esos señores, quienes me iban rodeando y señalando indignados. También entendí que discutir con ellos no tenía mucho sentido (muy probablemente relatar esto tampoco lo tiene). Ya ni me dejaban hablar ni responder nada, y la situación parecía salirse un poquito de control…. En ese instante apareció Marco, amigo del colegio. Al pasar por ahí había reconocido mi voz y se había acercado a observar sin que me percate. “Pensé que te iban a pegar.” Comentó divertido. “He mandado algo al whatsapp de la promo.” Agregó riendo. Entonces nos marchamos y volvió la armonía a ese espació de la Plaza San Martín. El personaje pudo continuar tranquilo su disertación, y finalizar comerciando, a precios de mercado, sus separatas y anillados de Stalin y Mao.  Es su libertad de expresión. Y es su libertad de comerciar sus folletos al precio que a él le dé la gana, el “maldito neoliberalismo” que tanto condena.

No puedo evitar reflexionar con temor acerca de un hipotético acceso al poder por parte de personas con esa “lógica” irracional, gente con convicciones absolutamente desconectadas de la realidad, que a falta de argumentos y razones se limita a escupir un rosario de adjetivos huecos. Un régimen manejado por polilogistas, consubstancialmente totalitario, intenta depurar a la sociedad, enviando a todo el que se oponga y a todo disidente al paredón, a  la cárcel o al campo de concentración. Apoyándose inconscientemente en esta idea falaz de las distintas estructuras lógicas (de acuerdo a la clase social o a la raza), gente con esa mentalidad ha reprimido y asesinado a millones de inocentes en nombre de dogmas absurdos.

Actualmente, tenemos el dramático ejemplo de un país hermano: Venezuela, en crisis y al borde de una guerra civil. El acceso al poder por parte de personajes histriónicos que, en su visión polilogista de la sociedad, no han hecho más que polarizar el país es elocuente. Es parte de la naturaleza ideológica de esa dictadura, que explica los presos políticos, la persecución judicial de los líderes opositores, la formación de grupos paramilitares afines al régimen, el cierre de medios de comunicación y la brutal represión de los manifestantes, a quienes agarran a balazos en las calles. Después de todo, para esta gente los opositores no son más que “burgueses”, “vendidos”, “parásitos”, “lacayos del imperialismo yanqui”, “majunches”, “fascistas”, etc. Los chavistas son los “buenos” que tienen la “razón” y la oposición los “malos” que están “equivocados”. Como hemos visto en los ejemplos del artículo anterior, no importan los argumentos sino quién eres y cuál es tu origen, un burdo Ad hominen para toda discusión. Es verdaderamente preocupante, además, que un régimen dictatorial como el de Maduro, con esa visión de “oficialistas buenos y demócratas” frente a “opositores malos y golpistas”, tenga simpatizantes en nuestro país. Y es una vergüenza que éstos tengan representación en el Congreso de la República. Es escandaloso que allí tengamos a un grupúsculo defendiendo a esa dictadura, votando en contra de la moción de censura contra esa tiranía, o absteniéndose de hacerlo (¡que la noticia sea que uno de ellos sí votó a favor!), criticando, además, que se declare héroes a los comandos Chavín de Huántar y solidarizándose con los terroristas (a quienes evitan llamar por su nombre). Es que ellos son “muy dignos”, pues. Son la llamada “reserva moral”. Da indignación y vergüenza ajena verlos siempre llenarse la boca con la palabra democracia, pero en fin, así son. Es la libertad que en un contexto diferente muy probablemente ellos nos negarían.