PPK, Venezuela y un Nobel, por Franco Mori Petrovich

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Hoy, el Presidente Pedro Pablo Kuczynski, a través de Cancillería, ha tenido un gesto que ha sido aplaudido hasta por sus más feroces detractores: Rechazó la “ilegítima elección” para conformar la Asamblea Constituyente en Venezuela. Y, por primera vez, fijo postura, a mi parecer, seriamente determinante en defensa del pueblo de ese país.

El comunicado se volvió viral apenas minutos después de su difusión y, como dije, fue felicitado por personas que han sido muy críticas con PPK.  No sé si el entorno cercano del Mandatario se habrá dado cuenta de la trascendencia de lo que ha hecho y de la ocasión propicia para levantar la tan extraviada confianza que le tiene la sociedad al Ejecutivo.

No le vendría mal al Presidente liderar en el continente americano la batalla en defensa de la democracia. Hasta ahora, ningún otro país más que el Perú se ha mostrado tan abierto a acoger a las víctimas de la dictadura y, a la vez, condenar en varias oportunidades lo que en ese país ocurre. Considero que ha llegado la hora de dar un paso aún más radical, pero justo y necesario.

Kuczynski debe expulsar al embajador venezolano en Perú. Se llama Diego Molero y no es diplomático de carrera, si no militar. Nuestro país no debe seguir tolerando que un soldado chavista (ex-mano derecha de Nicolás Maduro), siga viviendo dentro del territorio nacional, menos aún cuando en días recientes ordenó a unos periodistas peruanos que se limiten únicamente a “informar” y no a investigar o denunciar injusticias.

Sumado a ello, PPK debería insistir en lo que dijo en su Mensaje a la Nación, pero repetirlo a través de comunicados o videomensajes. La presión tiene que ser más fuerte, que Nicolás Maduro sepa realmente que nadie lo quiere y que estamos dispuestos a no parar hasta su salida. De esta manera, el Presidente de un país tercermundista dará ejemplo para aquellos primermundistas que cierran las puertas a los migrantes de medio oriente. Nada más digno para un reconocimiento internacional que una persona que lucha contra la peor injusticia actual.

PPK está anciano, pero no débil. Liderando la lucha democrática en la región permitirá que su nombre suene aún más como posible merecedor de un Premio Nobel de la Paz, si es que realmente lo quiere. Pero yo opino que, aunque no lo quiera, sí lo necesita. Recobraría legitimidad, confianza del pueblo y tendría los aplausos de sus enemigos. Posiblemente, se reduciría el obstruccionismo y surgirían mejores ánimos de trabajar “firme y feliz por la unión”, como tanto quiere.

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