Progresismo no es progreso, por Alfredo Luna Victoria Vereau

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Hay una corriente política que parece saberlo todo y siempre pretenderá asumir que la verdad está de su lado (el lado correcto de la historia, así suelen llamarlo). El progresismo es algo que se ha incrustado en nuestras vidas cotidianas como un parásito, vive con nosotros y llegamos a creer que “está bien”. Estoy cansado que usen lo políticamente correcto cuando se les da la gana.

Una sociedad acostumbrada a poner el apasionamiento por encima de todo, una comunidad enfocada en solamente criticar y quejarse ante el mínimo error. En eso nos hemos convertido.

Sinceramente, no soporto estar rodeado de tanta gente empoderada por un adoctrinamiento de moda.  Es completamente aborrecedor que la mayoría de los medios de comunicación tengan que estar casi de manera obligada a sacar siempre la escoria de la Iglesia católica como si se tratase de un trofeo.

Son pocos los que se animan pronunciarse sobre esto. Si no estás completamente de acuerdo con alguna de sus ‘brillantes’ opiniones, lo más probable es que seas un conservador retrógrado de mente cuadrada (sí, ellos también deciden que forma de la mente es la correcta).

Estudié en colegios que pertenecen a las congregaciones del Opus Dei, Sodálites y Marianistas (se podría decir que soy todo lo que un progresista sueña con derrumbar).

Me preguntan ¿Cómo puedes creer en esa Iglesia (que ha hecho tal,tal,tal,bla,bla,bla) ? La respuesta es sencilla: Yo soy esa Iglesia de la que tú hablas mal, soy parte de ella. “Pero ellos son los que te representan”, insisten el ‘progre’ (quedó claro que le ha indignado enterarse de mi confeso catolicismo en pleno siglo XXI). Su tono de voz se pone más agresivo y prefiero ceder para hacerle creer que ganó su ‘batalla’.

Estos ‘tipitos’ se la pasan peleando, haciendo hígado, buscando la sinrazón para escupir bilis en cualquier tema políticamente incorrecto (aborto, marihuana, derechos animales, entre otros). Jamás te atrevas a contradecirlos en las redes sociales porque tienen una red de soporte inimaginable (exacto, unos vagos que solo paran en Facebook para después salir juntos a abrazar gatos en el Parque Kennedy).

Ya no más, no te quedes callado por pensar que vas a caer mal. Esta gente solo hace extrañar a la antigua izquierda, aquella al menos tenía más gramos de decencia y educación. Prefiero que me sigan llamando conservador a tener que lidiar que un mundo lleno de este tipo de ‘borregos’.