Recuperemos nuestra esencia, por Juan Manuel Saldaña

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Todos sabemos que el sótano sudamericano se encuentra conformado, ya desde una significativa cantidad de años, por Venezuela, Perú y Bolivia. La baja y escasa producción de jugadores, las indisciplinas (destapadas o no), y la carencia de un estilo de juego constante pueden explicar las razones por las que estas tres selecciones no logran progresar. Pero la tercera causa es determinante para sus lamentables situaciones actuales. Si nos fijamos en Perú, selección que nos hace sufrir tanto – y en la que como hinchas nunca dejamos de creer -, podemos evidenciar que Gareca, desde que llegó, ha buscado sacarle provecho a ese juego que cada jugador peruano lleva en su ADN, desde sus épocas más gloriosas. Dicho juego se caracteriza por jugar el balón a ras del piso, construyendo goles con paciencia y efectividad. El “tigre” Gareca busca resolver los partidos a partir de esa virtud característica de los seleccionados. Sin embargo, los resultados nos dicen que no le ha servido.

La explicación radica en que Perú no logra identificarse con su esencia real porque no la usa desde hace muchos años. Tal vez desde la última vez que fuimos a un mundial. El trámite del partido frente a Ecuador, puede mostrar claramente lo que le sucede a la selección, y la solución ante sus problemas. El partido empezó naturalmente con el local tomando la iniciativa, pero a base de pelotazos lanzados a un Guerrero que luchaba impetuosamente contra los dos defensas centrales del equipo norteño. Luego vino la inocente mano de Achillier dentro del área, que nos concedió un penal y por añadidura el gol de Cueva. Hasta ese momento Perú no lograba dar tres pases seguidos por la presión asfixiante de los ecuatorianos, lo que obligaba a los balonazos y a las imprecisiones, mientras el rival se acercaba más y más al arco defendido por Gallese. Llegó el gol de Ecuador y ni con eso Perú logró reaccionar. Gareca impaciente les daba indicaciones a sus jugadores moviendo rápidamente la mano derecha de un lado a otro, reclamando que pongan la pelota al piso y entablen pases para llegar al arco rival. Eso no sucedió hasta recién iniciado el segundo tiempo con un Perú trasladando de un lado a otro el balón hasta encontrar espacios por donde entrar al arco de Domínguez. Ecuador corría atrás de la pelota y comenzó a cansarse progresivamente. El rompimiento de la paridad a favor de los nuestros era inminente. Finalmente, y como era de esperarse, llegó el gol merecido para un Perú que ya era superior dentro del campo.

“Ayer ganamos bien” como dijo Gareca, ganamos bien porque jugamos mejor que Ecuador en el segundo tiempo, tuvimos la posesión y las ocasiones claras. Pero un problema a recalcar es la inseguridad de la defensa, que casi nos cuesta un empate que hubiese sido el fin en estas clasificatorias. Mientras Perú siga en ese camino de retorno a su esencia, podemos estar tranquilos. No importa si los jugadores que conforman nuestro plantel son, en su mayoría, del ámbito local. Ayer lo demostró Trauco, ex Unión Comercio de Nueva Cajamarca, quien originó que Enner Valencia, jugador del West Ham United de la Premier League inglesa, tenga un partido para el olvido y con un máximo de tres puntos de nota. Por eso debemos ser optimistas, si realizamos nuestro juego, independientemente de si contamos o no con los extranjeros Farfán y Carrillo, podemos sacar puntos provechosos jugando de locales o visitantes. Sin embargo, en estas eliminatorias, ya se han dejado escapar puntos ante rivales muchos más accesibles de los que se vienen. Por esta razón, no hay que ilusionarse demasiado. Estamos penúltimos y con chances muy remotas de llegar a Rusia 2018, lo que constituye un panorama lamentable y entristecedor para toda la hinchada.