Sobre la llamada Revolución de Octubre: parte I, por Óscar Balladares De La Piniella

0 89

LA CAIDA DEL ZARISMO Y EL REGRESO DE LENIN

Estamos en noviembre, pero este mes se cumplen cien años de la Revolución de Octubre. Cuando se habla de la Revolución Rusa, por lo general, en lo primero que se piensa es en Lenin y los bolcheviques, en la caída del zar y en la toma del Palacio de Invierno, tal como en la película de Einsenstein (Oktyabr, 1928). Ante esa visión, y llegando al centenario de aquellos acontecimientos, nunca está demás analizarlos tomando un poco de aire, e intentando ver más allá de las banderas rojas y los discursos políticos.

Para comenzar, la historia cuenta tres revoluciones rusas. La primera, la cual no muchos recuerdan, ocurrió en 1905, tras la derrota del Imperio Ruso ante el Imperio del Japón en la Guerra ruso-japonesa (1904-1905). Tal derrota ocasionó una revolución que condujo a un cambio político en el país. Al año siguiente, se promulgó una Constitución y se creó la Duma (Asamblea Legislativa), pasándose teóricamente de un sistema absolutista a uno de monarquía parlamentaria.

Las otras dos revoluciones son a veces tomadas como etapas de un mismo proceso revolucionario, puesto que se dieron el mismo año de 1917, dentro del marco de los desastres del ejército ruso en la Gran Guerra (1914-1918). La primera de estas dos revoluciones, que también se deja un poco de lado, fue la Revolución de Febrero, la cual, tras varios días de huelgas y el amotinamiento de la guarnición de Petrogrado, produjo la abdicación del zar Nicolás II y la formación de un Gobierno provisional. La segunda, que es a la que muchos se refieren al hablar de Revolución Rusa, fue la Revolución de Octubre, con la que los bolcheviques tomaron el poder tras derrocar al Gobierno provisional.

Ahora bien, enfoquémonos en la segunda revolución, la del 25 de octubre de 1917, que cumple cien años este 07 de noviembre. ¿Por qué se denomina “Revolución de Octubre” a un hecho acontecido en noviembre? Porque sucedió en octubre, efectivamente, pero de acuerdo con el calendario juliano, el cual fue sustituido por el calendario gregoriano en 1918, ya con los bolcheviques en el poder.

La Revolución de Octubre fue en realidad un golpe de Estado. La verdadera revolución fue la del mes de febrero (que discretamente cumplió 100 años en marzo), puesto que este fue el proceso revolucionario que puso término a más de trescientos años de autocracia zarista, y que implicó el establecimiento de un Gobierno provisional, el cual tenía por objetivo proclamar una nueva Constitución que brindaría a los rusos, por fin, más derechos y libertades de los que nunca habían gozado en toda su historia. Este Gobierno provisional fue presidido primero por el Príncipe Lvov (liberal) y después por Alexander Kerensky (socialista eserista[1]), y su poder se encontraba limitado por el Soviet de Petrogrado, consejo de diputados obreros y soldados que colaboraba con el Gobierno provisional, en lo que se configuraba como una suerte de régimen bicéfalo.

¿En dónde se encontraba Lenin hasta ese momento? El teórico y revolucionario marxista estaba en Suiza cuando se produjo la Revolución de Febrero, es precisamente con la caída del zar que pretende retornar a Rusia tras diez años de exilio. Sin embargo, ¿cómo hacerlo con las fronteras cerradas por la Primera Guerra Mundial? En este punto, los intereses de Lenin coincidieron con los del Imperio Alemán, en plena guerra contra los rusos. Ambos deseaban forzar la rendición de Rusia. Lenin, con la finalidad de “transformar la guerra imperialista en guerra civil” y generar una revolución que lleve a los bolcheviques al poder; y el gobierno alemán, con el fin de consolidar el territorio ganado a los rusos en la guerra y poder concentrar todo su esfuerzo bélico en sus enemigos ingleses y franceses, esto es, en el frente occidental. Tal colaboración tenía mucho sentido, el mismo Lenin había manifestado en su ensayo titulado El socialismo y la guerra (1915) que era necesario:

“… aprovechar en beneficio de la revolución socialista las dificultades que la guerra causa a los gobiernos, así como la indignación de las masas.”[2]

Toda vez que:

“En una guerra reaccionaria, la clase revolucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno; no puede dejar de ver que existe una relación entre los reveses militares de este gobierno y las facilidades que éstos crean para su derrocamiento.”[3]

Como podemos ver, en esos momentos, el marxismo internacionalista que promovía Lenin, es decir, aquello de “¡Obreros del mundo, uníos!” predicado por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, encajaba plenamente con los intereses del Káiser. Es así que el Imperio Alemán, con la finalidad de desestabilizar a un gobierno enemigo, apoyó gustoso a Lenin, enviándolo hacia Rusia cual bacilo de la peste (Churchill dixit) en un tren sellado que lo dejó en la costa báltica de Alemania, desde donde pasó en ferri a Suecia y después en tren a Finlandia, y desde allí, finalmente, a la capital rusa de aquellos tiempos, Petrogrado.

Continuará…

[1] Miembro del Partido Social-Revolucionario, organización política más grande del país, que poseía gran calado entre el campesinado en una Rusia principalmente agrícola.

[2] Lenin, Vladimir (1976). Tres artículos de Lenin sobre la guerra y la paz. Pekín: Ediciones en lenguas extranjeras. Recuperado de: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1915sogu.htm

[3] Lenin, Vladimir. Óp. cit.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.