Somos Libres, ¿Seámoslo?, por Christian Muñoz

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El sábado pasado se llevó a cabo en nuestra capital la decimosexta edición de la denominada “Marcha del Orgullo LGBT”. Miles de personas se concentraron en el Campo de Marte y emprendieron recorrido hasta el evento final en la Plaza San Martín. Sin duda, si hay algo que no podemos negar es que este tipo de manifestaciones ha ido ganando terreno en el Perú, y es por eso que no debe extrañarnos que hayamos visto entre la multitud a personajes y políticos procedentes de todas o -casi todas- las tendencias ideológicas: desde miembros del partido comunista hasta congresistas de la bancada oficialista.

¿A qué puede deberse esto? Creemos que fundamentalmente a dos razones. Para empezar gracias a que desde hace algunos años atrás que parece haberse alcanzado un consenso entre la comunidad académica peruana respecto a legítimas reivindicaciones para las personas de distinta orientación sexual. Hoy, por ejemplo, tanto los intelectuales de izquierda progresista como los de la derecha liberal se encuentran de acuerdo -en aplastante mayoría- respecto a la necesidad de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo o, cuando menos, su unión civil -aunque por distintas razones, vale aclarar-.

Pero sobre todo debido al desarrollo que ha venido experimentando nuestro país desde hace un cuarto de siglo, fundamentalmente gracias al viraje hacia el modelo de apertura económica. Naturalmente, resulta mucho más probable que una sociedad comience a preocuparse por reivindicar a sus minorías cuando antes tiene aseguradas las  condiciones materiales que le permitan cubrir las necesidades más básicas de su población en general. Así lo ha demostrado la evidencia histórica respecto al ya mencionado matrimonio entre personas del mismo sexo. Desde los Países Bajos en 2001 hasta la novísima experiencia Alemana: todas naciones libres y con economías de libre mercado.

Por lo último señalado es que de haber algún ismo ideológico o político al que deberían mostrar especial agradecimiento las minorías -entre ellas la LGBT-, este tendría que ser el Liberalismo. La libertad económica permite la creación de riqueza que constituye el soporte necesario para que las sociedades pasen a preocuparse por consignas que, aunque legítimas, no tendrían lugar ante las apremiantes necesidades básicas de subsistencia.

No obstante, no solo en aquello radica la importancia del Liberalismo para las minorías. Como Murray Rothbard apuntó acertadamente en su Manifiesto Libertario, el Liberalismo cumplió hasta bien entrado el siglo veinte un papel eminentemente progresista. ¿Cómo es que una doctrina que hoy muchos denigran de conservadora pudo haber cumplido alguna vez una función progresista en la sociedad? La respuesta se encuentra -por paradójico que suene para algunos- en la igualdad, pero no en cualquier igualdad, sino en la igualdad ante la ley.

Para el Liberalismo todas las personas valen lo mismo y, en ese sentido, ninguna debe ser tratada de modo distinto por la ley: sean tratos que la favorezcan o que, por el contrario, la perjudiquen. En ese sentido, conviene recordar que las reivindicaciones feministas nacieron en el mismo lugar que fuese cuna del Liberalismo -Reino Unido- y de la mano del último de los Liberales Clásicos -Stuart Mill-. Así también conviene recordar que a mediados del siglo pasado, mientras que en Cuba un tiránico Fidel Castro no dudaba en perseguir homosexuales por no otra razón que su orientación sexual, en USA Harry Hay fundaba la primera organización que buscaba reivindicar a los homosexuales: La Mattachine Society.

De esta manera el Liberalismo termina siendo tarde o temprano el principal catalizador de las reivindicaciones de los grupos minoritarios, gracias tanto a su inherente capacidad de enriquecer a las sociedades, como a su afán ético universalista y homogenizador. Tamañas virtudes no pueden ni deben ser antojadizamente separadas -ni mucho menos pasadas por alto-, tal y como parecen ansiar quienes aspirando a controlar nuestros bolsillos marcharon el sábado, así como quienes aspirando a controlar nuestros valores pronto marcharán: la Libertad es pues una sola o no es.