Traiciones, por Christian Muñoz

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Corría el año de 1992 y el Perú se encontraba aun enfrentando al que sería el conflicto más sanguinario de su historia: el terrorismo de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru se había llevado ya la vida de -al menos- veinte millares de peruanos, cifra que el propio estado peruano ensancharía con lamentables excesos producto de sus fuerzas armadas.

Para aquel entonces la pugna había llegado incluso a nuestra capital, pero eran los departamentos de la Sierra los que seguían siendo el foco y escenario principal de los enfrentamientos -y, por consiguiente, de las masacres­-. Así es como Ollanta Humala -en ese momento Capitán del ejército- llegaría a Huánuco para dirigir la lucha antisubversiva desde la base militar de Madre Mía.

Ya en 2006 y estando ahora en calidad de candidato a la presidencia, Humala sería denunciado penalmente por Jorge Ávila, quien lo identificaría como el “Capitán Carlos”, supuesto pseudónimo con el que Humala habría ordenado la tortura de Ávila y la ejecución extrajudicial de su  hermana y su cuñado el 17 de Junio de 1992, precisamente durante su estancia en el poblado en calidad de efectivo militar. La denuncia no prosperaría por contradicciones entre los testigos y el caso sería archivado en 2009 por la segunda Sala Penal transitoria de la Corte Suprema, en aquel entonces presidida por César San Martín.

Humala sería nuevamente denunciado en 2011 por Gustavo Pacheco, sin embargo, esta denuncia sería rápidamente archivada por la fiscalía, pues la propia Corte Suprema lo había hecho ya con anterioridad. Ese mismo año también sería absuelto Amílcar Gómez, quien había sido acusado de sobornar a los testigos del caso para que rectifiquen sus acusaciones contra el ahora ex presidente.

¿Por qué desempolvar este caso entonces? Básicamente porque desde el 2011 han venido apareciendo pruebas que han dado vigor nuevamente a las sospechas. Para empezar, las libretas de la ex primera dama Nadine Heredia. En estas se menciona coordinaciones en el poder judicial con un tal “San Martín” cronológicamente coetáneas al fallo absolutorio de 2009 mencionado, lo que le valdría una investigación del CNM abierta en 2015 y hoy archivada. En segundo lugar, aparecieron también referencias a la compra de testigos en cuatro de las más de cien interceptaciones telefónicas que el Poder Judicial ordenó se le hagan a Humala, señalándose en una de ellas una reunión entre Amílcar Gómez y Jorge Ávila para el pago de un dinero. En tercer lugar, el diario El Comercio publicaría una entrevista a Jorge Ávila donde reconocería que cambió de postura por $4,500 y por temor a represalias. Estas dos últimas piezas claves del caso aparecerían recién en Abril de este año, lo que le ha renovado vigencia en los medios. Pero hay más.

El domingo pasado dos personas -cuya identidad se resguardó a través de los pseudónimos de “Manzanita” y “Anchoveta”- aseguraron en una conversación con un programa televisivo haber sido soldados de la base militar de Madre Mía, y confirmaron haber cometido y presenciado una serie de crueles asesinatos por órdenes de Humala.

Así, con el rompecabezas casi armado ya por completo, el ex presidente aparece inmerso en un panorama poco alentador. Aún a mediados de Mayo -y sin contar aún con las nuevas acusaciones de los supuestos ex subordinados de Humala- ya un 68% del país afirmaba estar enterado de las acusaciones y, sobre ese 68%, un aplastante 69% afirmó estar seguro de la culpabilidad del ex mandatario(1).

No obstante lo señalado, hay quienes aún prefieren pasar por alto el caso Madre Mía y evitar pronunciamientos al respecto. Estos serían principalmente -con excepciones como la respectiva a Omar Chehade, claro está- quienes lo apoyaron para llegar a la presidencia hace ya 6 años desde distintos medios -periodistas e intelectuales, por ejemplo- o quienes se embaucaron en la política de la mano del Partido Nacionalista. Muchos de ellos renegarían del proyecto Nacionalista tiempo después de que Humala asumiera la presidencia, esto por sentirse traicionados ante el cambio del programa de “La Gran Transformación”, pero hoy no parecen sentir la misma desazón ante la que sería una traición mayor: la relativa a la propia defensa de los derechos humanos. Algo lamentablemente paradójico. 

(1) Datos de la encuesta de apoyo: https://www.ipsos.com/sites/default/files/2017-05/Opinion%20Data%20Mayo%202017_1.pdf