Mujeres y Poder: Construyendo un mundo diferente

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Este fin de semana se desarrolló en Santiago de Chile, la Reunión de Alto Nivel Beijing +20: “Las mujeres en el poder y en la toma de decisiones: Construyendo un mundo diferente”, encabezada por la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka y la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Dicho evento que es uno de los más importantes y que forma parte de la campaña Beijing +20, se organiza alrededor del hemisferio con el fin de acelerar el compromiso político para lograr la igualdad de género.

En los últimos años la participación femenina aumentó 5% debido a la promulgación de normas jurídicas que establecen la igualdad de género según el Fondo Monetario Internacional y recientemente se ha dado a conocer que nuestro país tiene más del 60% de participación de la mujer en el trabajo cuando la cifra promedio en la región es de tan solo 56.6%, pero en el Perú esa cifra no es alentadora. Si empezamos a analizar dicha cifra nos daremos con la sorpresa de que la mujer trabaja más pero gana menos. Veamos por qué:

El trabajo de la mujer ha desarrollado un énfasis en la jornada no remunerada en los cuatro aspectos: 1) el de subsistencia (habitualidad), 2) el doméstico (mantenimiento del hogar), 3) el de cuidado de familiares (la salud hacia los más vulnerables); y, 4) el servicio activo en la sociedad. Entiéndase que ellas tienen más de 08 horas laborales semanales en comparación con los hombres, ello en cierta medida porque la “economía del cuidado” sigue estando bajo responsabilidad de las mujeres. Las tendencias reflejan que la mujeres dedican 2/3 partes de su tiempo al cuidado de los niños y niñas, de la alimentación, de limpieza, de transporte, de educación, de los pagos entre otros. Las mujeres abarcan su tiempo en jornadas arduas, de desgaste físico y emocional, algunas mal pagadas y la mayoría no pagadas.

Por ello, es relevante lo que mencionó la Secretaria Ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena durante su participación en Santiago: “América Latina y el Caribe debe asegurar la autonomía física, económica y en la toma de decisiones de las mujeres para lograr la igualdad de género en la región”, siendo la autonomía económica el acceso de ingresos, activos y crédito y que hoy en día se ve relegada por la conexión que absorbe a las mujeres en el trabajo no remunerado.

Tal es así, y tomando en cuenta entre otros puntos lo desarrollado líneas arriba, se clausuró la cumbre con la Declaración de Santiago liderada por la presidenta Bachelet, quien fuese la primera secretaria ejecutiva de ONU Mujeres. En la declaración se señala que los compromisos asumidos en 1995 durante la Cumbre de Beijing no se han cumplido, obstaculizando el equilibrio e igualdad entre el hombre y la mujer. Además agrega tres exigencias a ser presentadas en un encuentro de la organización en Nueva York a mediados de marzo, los cuales son:

En primer lugar, eliminar los obstáculos aún existentes para la implementación plena de las doce áreas críticas de la Plataforma de Acción de Beijing para el 2020, claramente eliminar las leyes que fomentan la discriminación.

Segundo, empoderamiento clave y activo de las mujeres, ejerciendo el cumplimiento efectivo de los derechos humanos, y la voluntad y compromiso explícito de los gobiernos para monitorear los resultados medibles.

Y por último, la declaración de Santiago exhorta acabar con la brecha de financiación para la igualdad de género, deseando y exigiendo aumentar significativamente las inversiones en lo que respecta a la agenda de igualdad de género.

No podemos permitir que el potencial de la mujer sea relegado. El compromiso de una sociedad justa, inclusiva y pacífica es con todos y todas. Rechacemos la violencia, fomentemos la igualdad de género y eliminemos cualquier brecha social. ¡Sí podemos!