Entendiendo Tía María

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Recientemente, Arequipa se vio afectada por una de las protestas más violentas de los últimos años. Como arequipeño, sentí la obligación de pronunciarme al respecto. Quisiera comenzar condenando la violencia con la que se llevaron a cabo las protestas en contra de las actividades de extracción minera en la provincia de Islay. Los claros intereses políticos ayudaron a financiar a delincuentes infiltrados en estas protestas durante más de 50 días de paro, resultando heridos tanto policías como manifestantes (entre ellos dos víctimas mortales) y causandose numerosos daños y pérdidas materiales a los arequipeños que nada tenían que ver en el conflicto. Está claro, sin embargo, que no hay que meter a todos dentro del mismo saco: algunos de los manifestantes son pobladores a quienes nadie explicó en qué consiste el proyecto minero ni cuáles son los beneficios y perjuicios que trae consigo. Probablemente, les hayan contado tan solo una parte de la historia para animarlos a unirse a la protesta, como una reacción natural al escuchar que sus comunidades, actividades, recursos naturales, salud, medioambiente, etc. podrían estar peligrando. Salieron a protestar, seamos sinceros, como cualquiera de nosotros hubiera hecho.

Pero ¿en qué consiste el proyecto Tía María? El proyecto se divide en tres etapas. La primera, es la de extracción de cobre oxidado en la Tapada donde existen 425 338 000 toneladas de este mineral al 0.43%. La segunda etapa es la de extracción en Tía María y en La Tapada. En Tía María, encontramos 225 377 000 toneladas de cobre oxidado al 0.29%. Finalmente, la última etapa sería solo la extracción del metal en Tía María. Si observamos detenidamente estas cifras y desempolvamos la calculadora, podemos hacernos una idea del tamaño de la inversión y de la gran posibilidad de desarrollo, no solo del país, sino también para la región. Cabe resaltar que antes, la minería ilegal ya extraía el cobre sin ningún tipo de regulación ambiental y sin pagar impuestos.

Ahora, como cualquier actividad de extracción de recursos naturales, el proyecto va a generar un impacto negativo en el medio ambiente: se puede afectar la morfología del lugar, la composición de los suelos, la flora, la fauna, el ecosistema en general, entre otros. Cualquiera que diga que el proyecto no va a tener ningún tipo de efecto negativo en la zona estaría mintiendo. Sin embargo, este impacto puede ser minimizado para que los efectos no modifiquen sustancialmente los ecosistemas ni se afecte a las comunidades cercanas. Esto siempre y cuando se sigan las especificaciones de la UNOPS, del MEM, y de otros organismos reguladores de las actividades mineras, que hacen que la minera sea social y ambientalmente responsable.

Por otro lado, la oportunidad de desarrollo económico y social para los distritos aledaños, como lo son Mejía, Dean Valdivia y Cocachacra, es considerablemente alta: puestos de trabajo durante las etapas de construcción y extracción, programas de desarrollo de microempresas y capacitación de profesionales que se ha comprometido a llevar a cabo la compañía, mejora de la calidad educativa, los programas de mejora de técnicas agrícolas y programas de salud. Claro está que de la promesa a la acción hay un largo camino, es por eso que el Estado debe verificar que la empresa cumpla sus obligaciones con los pobladores de Islay.

Por otro lado, a parte de estos beneficios, ¿qué es lo que no les han explicado a los pobladores de Islay? Primero, que las fuentes de agua dulce no se van a tocar ya que se utilizará agua de mar desalinizada, la salmuera resultante del proceso de desalinización será devuelta al mar, se emplearan difusores para homogenizar la mezcla y así se minimizara el efecto en esa región submarina. Segundo, que las explosiones para extraer el metal se realizaran de día ya que en esta hora el viento mayormente sopla en sentido contrario al valle. Tercero, también hay un plan de reducción de vibraciones y ruido, de traslado de flora y fauna, disposición de desechos, construcción de un vivero, entro otras medidas disponibles en el EIA publicado por el MEM.

Sin embargo, este problema sacó a relucir otro igual de grave: una gran cantidad comentarios racistas. Uno que se repetía constantemente era el reclamo “porque no dejan de destruir mi ciudad ignorantes y van a destruir su cerro/pueblo/hueco”. Se referían a los pobladores de Islay que se encontraban en contra del proyecto minero como ignorantes que no hacen más que impedir el desarrollo del país. También como personas ajenas a Arequipa. No se les ocurrió que aquellas personas posiblemente no tenían el acceso a la información que tienen ellos, que nadie les había explicado en qué consistía el proyecto que se llevaría a cabo en su jardín trasero. Reclamaban paz, rechazaban la violencia y condenaban la ignorancia de todos los manifestantes. Entiendo el enfado de ver gente que destruyan nuestra ciudad, pero, de ninguna manera, entiendo ese tipo de comentarios poniendo a los delincuentes en el mismo saco que los demás pobladores de Islay. En sus reclamos se veía tanta violencia e ignorancia como la que criticaban. Lamento informarte, compatriota, que el que no los veas el jueves en Aura o el sábado en el Inter no hace menos arequipeños que tú a quienes protestan en contra de la minera; que su cerro/pueblo/hueco queda en Arequipa. Rechazas la violencia pero en cada uno de tus reclamos hay violencia, no física pero estructural, de esa que tanto daño le hace a la sociedad arequipeña.

En vez de insultar y de criticar, se deberían promover las iniciativas de algunas mineras de llevar a los dirigentes de las comunidades a países como Canadá, donde las actividades mineras cumplen las regulaciones ambientales e impulsan el desarrollo de las comunidades cercanas. Es posible enseñar a las comunidades que minería y responsabilidad, tanto social como ambiental, pueden ir perfectamente de la mano. A ver si dejamos de criticar e insultar y comenzamos a ayudar, aunque sea, poniendo un granito de arena.