[OPINIÓN] El Aborto Político

180

La discusión del aborto es una de las más honestas y prolongadas de nuestro tiempo, y es la que más quiero porque muchas veces remplaza el tiempo que sería usando viendo Combate. Como la gran mayoría de debates de asunto público, no se reabriría si la figura política de turno no tuviese la necesidad de cambiar el mundo, o bueno, la familia. Y luego el tema está tan en boca de todos que parece que hasta Maná le dedicará una canción. Todos quieren saber tu opinión.

El apuro que siente Nadine -y al parecer sus hijas- por lograr la despenalización del aborto causa cierta picazón en los más conservadores: algunos creen que abortar sin estudios sea más por ignorancia que por supervivencia. Hay algo de razón; mientras menos formación hay, más predomina el instinto, y más fuerte es la decisión. Quizás no sea lo mismo abortar para no tener el hijo de tu violador que no hacerlo y dejar al bebé en mano de los abuelos para poder ir al tono del próximo fin de semana. El gran problema con el aborto es que no es una cuestión política sino religiosa; no es un cambio democrático sino teocrático. Creer que la vida empieza en un grado superior a lo que la ciencia dice, y que del rechazo a una gestión post-coito deja por el camino a unos trillizos.

Se sabe que muchas veces, por no decir todas, la moral privada es diferente a la moral pública. No creo que hayan muchos ministros que, tomando un café con su hija embarazada producto de una violación, la coja de la mano y le diga: adelante, tenlo. La legislación en cuanto al aborto es una ley social, que busca contentar a nuestras consciencias porque “no te puede pasar a ti hasta que te pasa”. Nadine ha dicho lo que muchas mujeres reclaman; dicen que debería ser su decisión. No es tanto porque el aborto sea un privilegio de la burguesía sino porque se antepone el derecho del feto al de la mujer. La última vez que en nuestro país se penalizó el aborto en la práctica fue en el mismo año en el que ganamos el Mundial o fuimos a la Luna.

El cardenal insiste en que los padres tengan los hijos que decide la Providencia. Algún que otro experto abunda en las presiones a las que se someten las madres y culpa por su voluntad quebrada, y por el aborto como consecuencia, a las familias, los amigos o a la Copa América. Es esa forma tan peruana de decir que quien no esté en la universidad no es que no valga la pena, sino que la pena no vale para ellos, y si es que abortan se irán al infierno para siempre; como si las mujeres en la universidad se fijasen en el aborto con una curiosidad biológica más grande que el interés por el costo de créditos por ciclo.

Personalmente, mi opinión sobre el aborto depende mucho del día que me lo preguntes. Es más porque no se me hace fácil empatizar que porque soy hombre y no se me hace fácil empatizar. Lo mismo pasa con Gana Perú, porque Urresti asegura que la visión de Nadine no es la misma que el partido. Hace mucho una profesora de literatura me explico que “uno es lo que escribe”. Pues entonces uno también es lo que gobierna.