[OPINIÓN] Tres soluciones a la inmigración

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Sin ser malo en sí mismo, el flujo de personas a través de las fronteras nacionales genera ciertos problemas. Y como esta actividad crece cada vez más, viene ocupando un sitio importante en el debate político; sobre todo en los países receptores. Las respuestas a esta situación son muchas, pero pueden dividirse en tres grandes vertientes. A continuación analizaremos cada una y veremos cuál realmente soluciona el problema de fondo; que no es el que comúnmente se cree.

Para la primera alternativa de solución basta pensar en Donald Trump: cerrar las fronteras y acabar con cualquier tipo de inmigración. Más allá de ser poco realista (siempre habría cierto flujo ilegal), esta alternativa falla en distinguir la inmigración positiva de la negativa viendo al fenómeno en su conjunto como un lastre que quita trabajos, nos llena de gente indeseable y contamina la cultura nacional propia (considerada superior, obviamente). Lo cierto es que si bien puede solucionar en parte un problema que efectivamente genera la inmigración, que es la llegada de gente que busca delinquir o vivir a expensas de Estado; también lleva a perderse todo el capital humano ofrecido por buena parte de los migrantes, seguramente la mayoría, que va a trabajar.

En el clásico modelo de crecimiento de Solow, el crecimiento del PBI se ve afectado por tres factores: la tecnología, el capital y la fuerza laboral; siendo el primero directamente proporcional y los dos últimos progresivamente decrecientes. Conociendo esto nos damos cuenta de que los inmigrantes no “roban” trabajos porque (al menos hasta cierto punto) expanden la fuerza laboral y con ello el PBI. Además, existe entre ellos una minoría que se traslada  no a hacer trabajos manuales mejor remunerados en el país de llegada sino porque está sobrecalificada para su país de origen. Estos científicos e investigadores también aumentan el factor tecnología de la ecuación. Se trata de la conocida fuga de talentos que los países emergentes lamentan y que los receptores deberían celebrar.

La segunda alternativa de solución nos lleva al otro extremo: abrir las fronteras, conceder plena ciudadanía a los inmigrantes y cobijarlos bajo el Estado de bienestar a expensas de los contribuyentes. Esto obviamente da los incentivos incorrectos a muchos habitantes del tercer mundo en cuyos países el salario medio es menor a una pensión por desempleo en Europa. Y el problema se agrava cuando nos damos con la sorpresa de que muchos de los trabajos no calificados de los países receptores –aquellos en que potencialmente se emplearían muchos de los inmigrantes- también pagan menos que estas pensiones. Esta alternativa de solución resulta entonces incentivar la inmigración negativa y desincentivar la positiva. Para ejemplos basta pensar en ciertos políticos socialistas europeos.

Una tercera alternativa que podríamos acaso llamar liberal es la de abrir las fronteras y reducir o desmantelar el Estado de bienestar (sin que ello implique atentar contra el rol social del Estado, claro). Esto daría los incentivos adecuados para generar una inmigración de personas dispuestas a trabajar (o simplemente a vivir sin molestar) que eligen trasladarse por falta de oportunidades laborales o para mejorar profesionalmente; pero no para vivir a expensas de los contribuyentes del país receptor. Estas medidas, obviamente, no niegan ciertas restricciones en función a antecedentes penales. Tampoco niegan que el Estado mantenga cierto gasto social para los contribuyentes -sin la hipertrofia que ha significado el Estado de bienestar- cuando el mercado no puede asignar recursos efectivamente.

 Se trata, simplemente, de dar los incentivos adecuados, de dejase de chauvinismos reconociendo que no toda la inmigración es un problema y de entender el desarrollo económico como la mejor forma de inclusión social y requisito previo para las otras. Esta alternativa de solución, consideramos, sería la más justa y ventajosa tanto para inmigrantes como para receptores, pues permitiría nuevas oportunidades y progreso personal de los primeros contribuyendo al crecimiento del país de los segundos. Después de todo, si estamos a favor del flujo transfronterizo de ideas, mercancías y capitales ¿Por qué estaríamos en contra del de personas?