[CINE] Le couperet (o algo cercano a la cuchilla de una guillotina)

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La película es una adaptación de The Ax, la novela de finales de los noventa del escritor estadounidense Donald E. Westlake.  A diferencia del libro, el filme tiene lugar en Francia y, aunque no se especifica, parece discurrir en un tiempo algo anterior al de su estreno en 2005.  Se trata de una de las películas más recientes de Costa-Gavras y también una de las menos mencionadas del prolífico director, cuya obra se caracteriza por integrar temas polémicos, políticos y sociales en narraciones por lo general ágiles y que se adaptan muy bien al circuito comercial.

El film nos presenta a Bruno Davert, un ingeniero químico despedido de una empresa papelera después de dieciséis años de servicio y que, tras dos años y medio de para, decide asegurarse un contrato eliminando a sus competidores.  Davert es un hombre de familia, con una esposa y dos hijos, hecho que facilita el proceso de empatía y supone un punto de anclaje necesario para entender al personaje y para evitar también que despegue por completo en no mucho más que un asesino serial al que solo sucede que le agradan la industria papelera y el trabajo.  No nos enfrentamos a un personaje despiadado, de sangre fría y pulso solemne, incluso cuando él mismo parece coquetear con esa idea.

Los hombres que tiene que eliminar constituyen para él una carga indeleble de lo que es casi una imposición, una carencia de alternativas, la simple única respuesta frente a una dinámica laboral que realmente no le deja elección.  Davert, no obstante, parece con frecuencia imbuido en una extraña sensación de satisfacción que, si bien proviene en buena parte de su éxito como asesino, no es la evidencia de una evolución hacia un nuevo personaje que ha dejado atrás una vida y que nunca volverá a ser igual, como tiende a suceder en este tipo de historia, sino, quizás, una simple respuesta condicionada que tiene que ver con hacer bien su trabajo.  De hecho, salvando la implicación violenta de las muertes, que le es ajena (es inevitable cierta torpeza en las ejecuciones), y las complicaciones que la presión de lo que sucede puede traerle en casa, el relato, por momentos, sigue al personaje con mucha comodidad: se viste como para trabajar, no dispone de horarios exactos para su familia, está ocupado y pendiente de mucho.  Incluso el acto mismo de eliminar a los posibles usurpadores de un puesto que considera suyo funciona como una metáfora del proceder del mundo corporativo, también lo es el conocimiento estrictamente esencial o algo más profundo que tiene de personas sobre cuyos futuros va a tomar una decisión que podríamos llamar terminante.

El filme juega con el suspenso y la pregunta constante de si Davert conseguirá eso que busca y, más importante, si queremos que así sea.  Costa-Gavras se vale de Davert para hacer tangibles la inestabilidad y las preocupaciones derivadas no solo del estado de desempleo que se ve de forma más evidente representado en la película, sino también para, hábilmente, describir la constante situación de alienación y conflicto de un individuo ya sea que se encuentre feliz o infelizmente empleado, e incluso para sugerir temas como el de la figura femenina en el mundo corporativo y el del trabajo como una extensión de la virilidad.  Aunque la crítica parece clara, los destellos de lucidez que esboza Davert contrastan continuamente con sus decisiones y sus consecuencias, recayendo todo al fin en una desconcertante, opaca y plácida autoconsciencia.