Hablemos del Cáncer, seamos unos verdaderos Pulseras Rojas

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Esta noche se trasmite, en todo el Perú, el último capítulo de la serie Pulseras Rojas. La emoción me embarga y ando experimentando una mezcla extraña de sentimientos en donde, claramente, prima la felicidad. La miniserie de quince capítulos ha sido un “éxito” rotundo en audiencia, experimentó picos de hasta 35 puntos de rating, compitió con producciones enquistadas desde hacía meses en la programación favorita de la gente y les ganó repetidas veces. ¿Por qué escribo “éxito” entre comillas? Porque para nosotros, quienes vemos desde adentro este fenómeno nos sentimos muy emocionados, sí, mas no satisfechos. El “éxito” que queremos lograr no es el que quisiera un programa de tv común, lo he repetido innumerables veces: nuestro éxito lo mediremos con vidas cambiadas, campañas apoyadas y enfermedades superadas.

Los más avispados habrán notado que encarno a uno de esos seis maravillosos pacientes del Hospital Los Ángeles que se autodenominaron en los primeros capítulos de la historia: Los Pulseras Rojas. En la ficción me llamo Alejo, tengo cáncer a la tibia y he perdido una pierna en el día menos indicado: Navidad. Fuerte, ¿Verdad? Bueno, les cuento que es el sexto tipo de cáncer más común durante la infancia y uno de los más propensos a hacer metástasis. ¿Qué quiero decir con esto? Que tanto el osteosarcoma, como los demás tipos de enfermedades que sufren los protagonistas, SUCEDEN en la vida real, son enfermedades que padecen millones de personas en el mundo, millones de niños que en lugar de soñar con un día en el Zoo, sueñan con un día sin dolor. Es por ello que resulta inconcebible que nunca antes en la historia de la televisión peruana se haya puesto algo como ello en pantalla. Si al hacer una telenovela uno muestra siempre la problemática social y calca a la ficción situaciones de la vida real… ¿Por qué cuernos nunca se habló del cáncer? Por miedo. Y no miedo a la enfermedad. Miedo a que no funcione. Miedo a que no haga rating. Miedo a que te cambien de canal. ¿Es esto ético? En absoluto, es más vergonzoso que poner calatas y lenguaje soez en horario de protección al menor.

Está demostrado que la mejor forma de luchar contra la expansión de una enfermedad es hablando de ella. La única manera de prevenir es tirarse abajo los mitos que orbitan alrededor de, por ejemplo, el cáncer. La mañana de nuestro estreno nos presentamos en América Espectáculos para invitar al público a no perderse el primer capítulo. Nuestros asesores de prensa nos recomendaron no usar la palabra “cáncer”. “Digan enfermedad, nomás, la gente puede asustarse”. Stefano Salvini hizo oídos sordos, me llenó de orgullo. No solo dijo la palabra cáncer. La repitió tres veces en menos de medio minuto: “Bueno, en mi caso, Jairo es el líder de los Pulseras Rojas, pero el tiene cáncer a la tibia y luego cáncer al pulmón, así empieza la seire…” Todos lo miraron horrorizados, como diciendo: “¡Maldita sea, te dijimos que no lo hagas!”. Se escucharon risas de decepción y nerviosismo, yo lo miré atento, sabía que eso no terminaría ahí, entonces agregó: “Pero es verdad… Bueno igual él es bastantate optimista, una de sus frases es: Yo no me voy a morir de cáncer, sino de aburrimiento”. BOOM… lo hizo. Y es que ese es el espíritu de las nuevas generaciones que comienzan a tener pantalla, ese es el espíritu que todos debemos adoptar. No amilanarse, no tener miedo, vomitar las ideas positivas, pues finalmente los únicos responsables de nuestras palabras somos nosotros mismos. Cuando terminó la trasmisión, algunas miradas acuchillaron a Stefano, pero él estaba feliz y no podía disimularlo, saltaba por todo el set y se hidrataba constantemente debido a los nervios de haber hecho historia. Lo miré y le dije: “Bien, manito”. Ambos sabíamos que estabamos dando grandes pasos en cuanto a la desmitificación de la enfermedad. Alguien en algún momento lo agradecería, quizás nosostros mismos.

Y fue, semanas después, al visitar un albergue de niños oncológicos, cuando me di cuenta de que la historia de Pulseras Rojas, que como sabemos fue escrita por un sobreviviente de la enfermedad, estaba produciendo efectos muy positivos en mí y seguramente también en nuestros millones de espectadores. Las terapias contra el cáncer son físicamente desgastantes. La pérdida de cabello es el efecto más leve, en realidad… Las constantes náuses y la debilidad permamente hacen que lo que debería ser la cura signifique en los pacientes algo peor que la enfermedad. Entonces, cuando tú ves a un chico con cáncer ves a un ser humano atacado por una batería inacabable de sustancias químicas. Es una imagen muy dura, pero esa tarde, cuando ingresé al albergue vi tantas sonrisas que algo cambió en mi percepción sobre quienes atraviesan etapas así. Dejé de verlos con pena y los comencé a mirar con ojos de admiración. Ahora cuando conozco a un chico con cáncer veo en él un superhéroe sin capa, un superhéroe con Pulsera Roja, un luchador que se merece aplausos infinitos y nuestro constante apoyo.

La serie termina hoy, pero el efecto que nos ha generado durará para siempre. Por eso, insto a las figuras de la televisión a que no solo nos acompañen en la campañas de ayuda que tenemos programadas, sino también a que toquen en sus programas estos temas que pueden resultar espinosos, pero que al hablar de ellos podemos lograr mucho.

Todos somos Pulseras Rojas.