[OPINIÓN] «Mi padre me ama»

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Quienes han escuchado la letra de esta canción de Juan Luis Guerra la describen como hermosa, por la manifestación una relación estable en torno al plano familiar, del amor que le tiene un hijo a su padre, muchas fantasías que si bien desearía fuesen así todo el tiempo, no pasa de ser una melodía divina al igualar la figura del padre con Dios.

En la realidad, las relaciones familiares entre padres e hijos no son tan simples, están llenas de conflictos, pulsos, idas y venidas, que terminarán por construir o destruir una relación; lejos de ese carácter perfecto, las relaciones familiares están llenas de posiciones entre el juicio de los padres y el juicio del hijo o la hija.

Se ha probado a través de múltiples estudios que la figura paterna tiene una influencia superior en la formación individual de las personas, principalmente porque los niños asocian la figura del padre a una mayor autoridad y fortaleza, sin irnos a un discurso machista, el padre inspira más respeto que la figura materna. Estas características llevan a que las personas que poseen esta figura desarrollen una mayor seguridad, exponen un mayor desenvolvimiento social y son más estables a nivel general, no obstante, hay una tendencia al día de hoy donde los padres otorgan demasiados beneficios a sus hijos, dañando su desarrollo como personas.

Las figuras de respeto se han convertido en figuras de mimo para los “niños consentidos”, ¿acaso no eran figuras de respeto? pues al día de hoy, muchos padres se han transformado en sirvientas express 24 horas hacia niños, adolescentes y adultos jóvenes, tratando de complacer sus deseos en todo momento, dejando de lado su desarrollo propio y una sana construcción familiar siguiendo una tónica de “convivencia familiar pacífica”.

Le doy todo ¡qué hay de malo!, bastante, en el Perú donde reina una sociedad misógina y machista, ver a los padres hechos una máquina expendedora de pedidos y cosas sólo demuestra el frustrado intento por llenar vacíos culturales y sociales del país, no es únicamente de los estratos altos mimar a los hijos (si bien es más recurrente) el peruano compite, quiere que su hijo o hija tenga lo mismo que los “otros” y ese camino convertirá las generaciones futuras en una banda de irrespetuosos, en tiempos donde clamamos la influencia de la familia en la mejora social.