[OPINIÓN] Werner Herzog en Lima: Invencible

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Werner Herzog impacta como el tipo de persona al que le sienta bien el calificativo de autor.  Y no es que no existan en el mundo creadores varios y distintos, pero el talento de Herzog se desborda en formas de expresión, en una curiosidad sincera que le ha permitido plasmar su visión en pantallas, en escenarios y en papel.  Un cineasta y bastante más, aunque es precisamente en el cine en que su obra ha adquirido, más allá de reconocimiento, un peso histórico como una de las figuras del nuevo cine alemán junto a, entre otros, Rainer Wender Fassbinder y Wim Wenders.

Herzog estuvo recientemente en el Perú con motivo del 19° Festival del Cine de Lima, durante el cual se exhibieron algunas de sus películas más importantes como Aguirre, der Zorn Gottes (Aguirre, la ira de Dios), Fata Morgana, Little Dieter needs to fly (El pequeño Dieter necesita volar) y Fitzcarraldo, por la que ganó el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1982, entre otros títulos.  Una película que no entró en la selección es “Invencible” que, hay que decir, no es uno de los filmes más laureados o representativos del cineasta alemán, pero posee muchos de los elementos que representan su filmografía.

El filme sigue a Zishe Breibart, un judío de fuerza extraordinaria que irrumpe en la escena artística de Berlín a principios de 1930.  La película, también escrita por Herzog, está basada en hechos reales, aunque el director se toma muchas libertades en parte, probablemente, a la información desordenada referida al personaje de Zishe.  Por ejemplo, aunque Breibart murió en el año 1925, Herzog presenta el relato en 1932.  Esto lo sitúa en un momento histórico bastante más interesante, a varios años de la Gran Guerra, en una Alemania en que el nazismo, Hitler y algunos de sus allegados más conocidos ya tienen lugar en una sociedad alemana que hace un poco más que comenzar a apoyar, o aceptar, una identidad que terminará por desencadenar la Segunda Guerra Mundial.  En este contexto el origen judío y rural de Zishe tienen una mayor gravitación, las costumbres, el origen y la identidad son elementos presentes a lo largo de la película.  Zishe debe abandonar su identidad para poder triunfar y la significación verdadera de eso que deja y de si debe o no recuperarlo es uno de los conflictos que el filme plantea.

La película es recorrida por una sensación de lo que parece inocencia, independientemente de la profundidad y complejidad de los temas que pueda abordar, pero es en realidad una forma de nobleza que proviene a veces del mismo Zishe, pero también de la narración misma.  Si bien hay una relativa incomprensión del mundo, es en una forma estrictamente práctica.  Aunque el poder del cuerpo de Zishe se enfrenta a otros poderes (el de la mente y sus formas corruptas) en lo que se disfraza de una oposición, este es poseedor de una sensibilidad particular, de una forma y capacidad de percibir que se va revelando mientras el relato avanza y termina por construir a ese héroe que, irremediablemente, debe poder ver más allá del resto.  Un héroe que debe salvar a su pueblo de algo que no aún no ven, sin más preguntas que hacer ante la inminencia irresistible del destino.