Una mano por la Tierra

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Hace aproximadamente 45 años, un senador estadounidense llamado Gaylord Nelson decidió tomar la iniciativa de crear una agenci ambiental para fomentar entre las escuelas y universidades, una conciencia común con respecto al problema de la superpoblación en el planeta, así como promover la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales. Fue el 22 de abril de 1970 cuando, por primera vez, se manifiestan las comunidades y centros educativos en una convocatoria que daría inicio a lo que hoy conocemos como el día de la Tierra. Se preguntarán ahora, qué relevancia puede tener esta fecha ya que para algunos es simplemente un día más.

Vivimos en una sociedad que se rige por la influencia de las masas, donde hasta la más mínima de las acciones es imitada entre los grupos y, para nuestra mala suerte, esta situación no es ajena cuando de contaminación y problemas del ambiente se trata. Resultaría un poco repetitivo mencionar todos los tipos que existen, pues es más que claro que es un problema latente y constante que, con el paso de los años, no ha hecho otra cosa que aumentar y aumentar.

Sin duda alguna, el principal de los males es el calentamiento global, fenómeno que todos conocemos a la perfección. Sabemos también que tiene innumerables manifestaciones tales como los desastres naturales que nos atacan con tanta frecuencia, la extinción de especies, el deterioro de la capa de ozono y hasta las poderosas ondas de calor que nos acechan últimamente tienen relación con esta problemática.

A muchos nos enseñaron en desde la escuela que debemos cuidar nuestro planeta, que llegará el día en que los recursos se agotarán, la comida escaseará y probablemente hasta nos enfrentemos a muerte por unas cuantas gotas de agua. A muchos nos enseñaron que cuando nos lavamos los dientes, debemos cerrar el caño; o que desconectemos nuestros aparatos electrónicos cuando no los estemos usando; y por supuesto, ¿a quién no le exigieron recoger un papel que no tiró? Podrá parecer extremadamente ridículo y es que – es cierto, lo admito- hasta yo he pensado: “Bah. ¿En qué puede afectar un poquito de basura en el suelo cuando hay tanto daño hecho?”, y me di cuenta de que bastara con que una sola persona pensara de esta manera para que la idea se expanda por doquier. Pongámonos a reflexionar: así como tú y yo alguna vez tuvimos ese pensamiento, miles de millones de humanos también, y no hay que ser un genio para darse cuenta que, en conjunto, se vuelve una situación totalmente desastrosa: estamos destruyendo el único lugar que tenemos para vivir, el único lugar que nos ha visto nacer y que nos albergará cuando no seamos más que polvo y cenizas; el único lugar que se supone debería ser el legado que le dejemos a nuestros hijos, a nuestros nietos y a sus descendientes. Estamos matando, poco a poco, la vida que queda a nuestro alrededor; estamos contribuyendo a que esos rayos de luz que nos iluminan día a día se apaguen cada vez más.

Vivo indignada con el hecho de que hoy, puedo salir a caminar a la calle y en vez de ver el suelo, veo basura; dar un paseo por la playa y en la orilla, en vez de ver espuma, veo animales muertos; recorrer una zona industrial y en vez de ver desarrollo, mi visión resulta opacada por una inmensa nube gris, qué digo gris, una inmensa nube negra que parece expandirse por todo el cielo. Un estudio[1] reciente indicó que la contaminación en Lima aumentó cinco veces en tres años, causando más de cuatro mil muertes, deforestaciones, y entre otros ¿Les parece eso normal?

Es cierto que se le haya puesto un nombre al 22 de abril no cambia las cosas; sin embargo, sería una ocasión perfecta para meditar un poco sobre en qué rayos nos estamos metiendo. Lamento hacerles saber que si estamos esperando a que el Estado tome cartas en el asunto, pasaremos muchísimo tiempo sin que hagamos absolutamente nada. Este título no se le ha dado a la fecha para que tengamos ataques esporádicos de generosidad con nuestro planeta y de pronto sintamos la necesidad de usar bicicleta en vez del carro. Esta es una oportunidad para que todos comencemos una nueva era de cambios, que dejemos por un momento nuestros celulares (tranquila flaca, no se va a morir si no le contestas el whatsapp a los dos segundos), salgamos a respirar un poco de aire fresco – o al menos lo que queda de este – a ver si así nos animamos a ayudar. Ha llegado el día en el que debemos dejar de hablar y empezar a actuar, el día de que todos colaboremos para salvar nuestra casa, nuestra vida y la vida de todos los que nos rodean. Yo estaré aquí ansiosa por ser parte del movimiento que salve al mundo.

 

Mientras tanto, disfruten del verano hasta junio.