El himno más bello del mundo

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Varios de mis amigos habían decidido juntarse para ver un partido de fútbol de las eliminatorias para el mundial entre Colombia y Ecuador. Aparte de los colombianos y ecuatorianos había un número de personas de otros países de Latinoamérica. En ese momento yo ya había perdido las esperanzas de que Perú fuera al mundial, así que realmente no me importaba el resultado de ese partido.

Como es costumbre antes del encuentro, se cantaron los himnos nacionales de ambos equipos. En el momento en el que la selección cafetalera entonó el suyo uno de mis amigos colombianos dijo que su himno le parecía muy bonito. Una amiga guatemalteca hizo el siguiente comentario: “el himno de Guatemala es el segundo más bello del mundo”. En ese momento recordé a una de mis profesoras de primaria y lo que nos dijo: “el himno del Perú es el segundo himno más bello del mundo, sólo le gana la Marsellesa”. Intrigado por la incoherencia decidí preguntarle a la muchacha guatemalteca cuál era el himno más bello entonces, me dijo: “la Marsellesa”, al parecer en esto sí hay consenso. En ese momento intervino el colombiano y dijo que la Marsellesa era, en efecto, el himno más bello del mundo, pero que el himno colombiano era el segundo. Yo, en un intento de resolver esta insólita situación, decidí buscar alguna prueba que pudiera apoyar alguna de estas posiciones.

Mientras iba buscando en línea me estaba dando cuenta de lo ridícula de cada una de nuestras afirmaciones. ¿Cómo iba a ser posible comparar himnos con un criterio tan subjetivo como lo es la belleza? Me imaginaba, tal vez, un panel de músicos expertos votando por los distintos himnos. Obviamente la nacionalidad del músico también afectaría ya que podría tener una opinión parcializada. O tal vez una opción sería una votación en línea, pero esto daría una clara ventaja a los países con poblaciones más grandes o que decidan organizar una campaña publicitaria.

¿Qué tanto afecta la nacionalidad? ¿Ciegamente votaremos por nuestros himnos por el simple hecho de pertenecer a una nación y no a otra? Y mientras aparecían todas estas preguntas sin respuesta, mi búsqueda solo me dio más ejemplos de otros himnos que eran o los más bellos o los segundos más bellos. Encontré varias listas de los himnos más bonitos que se diferenciaban las unas de las otras. Con este sinnúmero de ejemplos decidí concluir que solo se trataba de un mito urbano adaptado a cada país. Pero nuevamente me hizo reflexionar de cuáles serían los motivos para decir que el himno propio pueda ser más bello que el resto. ¿Será patriotismo o chauvinismo? ¿Y acaso, es antipatriota afirmar lo contrario?

Ya había pasado un buen rato del partido y yo no había prestado atención durante todo ese tiempo. Me imaginé que tal vez mi falta de interés se debía a que mi país no estaba jugando, y que demostraba una actitud ligeramente chauvinista de parte mía. Pero también pensé que es natural mostrar más interés a lo que se tiene mayor afinidad, que mejor ejemplo que el de tu país, y por lo tanto relativamente menos interés al resto.

Apoyar a tu país en cualquier situación es normal pero hacerlo de manera ilógica o atacando a otros países es nocivo. A nivel de la diplomacia internacional se trata de resaltar lo que nos une más que lo que nos separa, y como somos países hermanos, sobre todo con aquellos que nos unen una historia y una región geográfica común, esto siempre prevalece.

De esta forma no solo tendremos mas cooperación internacional para resolver los problemas comunes que tenemos y habrán menos conflictos pero también podremos responder la pregunta mas importante: ¿Cuál es el himno mas bello del mundo?