Aniversario de la última defensa de Lima (I), por Alberto Balladares

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El domingo pasado se cumplieron 136 años de la Batalla de Miraflores. Aquel 15 de enero de 1881 constituye uno de los episodios más dramáticos e interesantes, de nuestra accidentada historia republicana. Repasando a Basadre, a Paz Soldán y a otros historiadores, podemos situarnos en el contexto de aquella fecha e intentar imaginar cómo se sentían los peruanos de los días previos al último enfrentamiento de la Campaña de Lima. Hagamos, pues, un repaso por los sucesos y hechos que precedieron a esa heroica jornada.

Destruida nuestra primera línea de defensa en el desastre de San Juan y Chorrillos, el día 13 de enero de 1881, la segunda línea, que empezaba en Miraflores y llegaba hasta Ate, constituía la última defensa que separaba a nuestra capital del ejército invasor. ¿Qué había sucedido el día 13? El ala izquierda de la Línea de San Juan había sido desbordada por el ejército enemigo y, a partir de ahí, nos flanquearon en Chorrillos y el Morro Solar, en donde la resistencia de nuestras fuerzas se mantuvo por mucho más tiempo. Sin embargo, y pese al valor de muchos (lamentablemente no podemos afirmar que de todos), nuestro ejército de línea fue derrotado en esa batalla.

Desde la segunda línea de defensa definitivamente se debieron escuchar las bombas y disparos de la Batalla de San Juan. Imagine estar en un reducto escuchando las bombas y descargas de fusilería a pocos kilómetros, y luego ver llegar en masa a los batallones completos que se desbandaron en San Juan, a centenares de heridos arrastrándose y a dispersos y sobrevivientes de Chorrillos replegándose hacía la segunda línea y contando agitados todo lo que vieron y sufrieron. No debe haber sido, para nada, algo que subiera la moral a los defensores de la segunda línea. Esa noche se pudo contemplar con impotencia el incendio de Chorrillos, que duraría varios días. Al día siguiente, ante nuestra pasividad, el enemigo incendió Barranco y nos pidió una tregua, aprovechando para descansar de la batalla anterior y posicionarse estratégicamente muy cerca de nuestras últimas defensas.

Sin embargo, habían sucedido muchas más cosas antes de todo eso. Intentemos situarnos aún más en el contexto de aquellos amargos días. Un ejército invasor  de cerca de 40 000 hombres a pocos kilómetros de la capital. ¡En Chorrillos y Lurín! Era una cantidad significativa de enemigos frente al número de habitantes que tenía Lima en la época. Barcos enemigos bloqueando el puerto del Callao y bombardeándonos en toda la costa. El sur del país bajo ocupación y devastado por la guerra. El norte saqueado y también devastado. Ciudades, puertos, pueblos y caseríos incendiados y saqueados. Miles de refugiados y desplazados. Y frente a todo eso, ser soldado teniendo presente que el caer herido o rendirse ante el enemigo implicaba muchas veces, quizá por lo general, el ser repasado con la bayoneta del Comblain, o reventado a culatazos, o degollado con el corvo chileno. O, en el mejor de los casos, ser fusilado. Y el enemigo estaba allí, tras la bajada de Armendáriz, a pocos metros de nuestros reductos, listo para atacar e invadir Lima. ¿¡Qué le esperaba a nuestra capital!?

Continuemos con nuestro veloz repaso por lo que antecedió a la Batalla de Miraflores. Retrocedamos un poco más. Ayudará a ponernos en el pellejo de nuestros últimos defensores y en el de quienes habitaban en Lima, que vivían verdaderos momentos de incertidumbre y de temor más que justificado. Aquí vamos. Ya pérdida la campaña marítima, tras la inmolación de Grau, el ejército chileno había desembarcado en nuestro país y nos había derrotado en: Pisagua, Pampa Germania, San Francisco, Los Ángeles, el Alto de la Alianza (Tacna) y, finalmente, en Arica. Hubo una notable excepción: la Batalla de Tarapacá. Lamentablemente fue una victoria pírrica, pues por la falta de mulas tuvimos que enterrar los cañones capturados al enemigo y emprender una penosa retirada por el desierto.

Luego vino la Expedición Lynch, con la cual ejército chileno se paseó por la costa norte del país destruyendo a toda población o propiedad que no pagara el cupo exigido. No se limitaron a la infraestructura del Estado o a objetivos militares, que prácticamente no los había, se enfocaron en la propiedad privada de la población civil. Incendiaron, saquearon o cobraron cupos a caseríos, pueblos, ciudades y haciendas. Así pues, y casi sin oposición (evidenciada en que no se dio ninguna batalla allí), el ejército de Patricio Lynch “visitó”: Supe, Pacasmayo, Chimbote, Chiclayo, Paita, Trujillo, Ferreñafe, y demás infortunadas poblaciones que probablemente se creyeron lejanas a una guerra iniciada y combatida en el extremo sur del país. Al igual que lo que sucedería meses después en el sur de Lima, miles de chinos que trabajaban en las haciendas en lamentable condición de semiesclavitud, los llamados culíes, vieron como libertadores a los chilenos y les prestaron apoyo como guías y cargadores.

A Lima le tocaba su turno. Vuelvo a preguntarme: ¿Cuál sería el sentimiento de su población al saberlo? Ya contamos lo sucedido en San Juan, Chorrillos y Barranco, pero ¿qué había sucedido meses y días antes? Bueno, pues, el puerto del Callao estaba bloqueado, pero sus defensas se hacían respetar. Las baterías chalacas, junto a la corbeta Unión, el olvidado por la historia monitor Atahualpa, los transportes artillados y nuestras lanchas torpederas (las denominadas “Fuerzas Sutiles”) habían hecho frente a la superior escuadra enemiga en combates acaecidos en los alrededores de La Punta y de la Isla San Lorenzo. Combates entre lanchas torpederas, desembarco en San Lorenzo, bombardeos chilenos y respuesta de nuestras embarcaciones y baterías del Real Felipe y demás fortificaciones. Eso pasaba en el Callao, imagínenlo… Por otra parte, gracias a ingenieros como Manuel Cuadros, quien fabricó torpedos (que nada tienen que ver con los modernos o los vistos en películas de Hollywood), conseguimos echar a pique a dos embarcaciones enemigas: la goleta Covadonga (75 muertos) y el transporte Loa (118 muertos).

La represalia fueron bombardeos en Ancón y Chorrillos. Un dato interesante al respecto es que los chilenos compraron una embarcación con un cañón de largo alcance para bombardearnos desde bien lejos, al que denominaron el “Angamos”. En uno de los enfrentamientos del bloqueo del Callao, el flamante barco disparó su super cañón, el cual se desmontó cayendo al mar y matando a un par de tripulantes. Los últimos bombardeos al Callao se dieron los días 09, 10 y 11 de diciembre de 1880. El día 27 del mismo mes, los chilenos interceptaron y derrotaron al Regimiento Rímac, compuesto por alrededor de 300 jinetes peruanos que tenían la misión de hostigar al enemigo en su avance y llevar gran cantidad de ganado desde Lurín hacia Lima.

El 09 de enero se dio el primer enfrentamiento del año 1881. Una avanzada de más de 2000 soldados chilenos fue por Manchay, explorando posibles rutas para atacar Lima. Se les hizo frente con alrededor de 300 soldados del Batallón Pachacamác. Hablamos del combate de La Rinconada, en La Molina. Allí nuestras tropas resistieron por horas con antiguos rifles minié (de esos que se cargaban por la boca del fusil, como en “El Patriota”), hasta ser flanqueadas por el enemigo, teniendo que retirarse protegidas por nuestra caballería. Los chilenos hubieran avanzado más de no ser por la artillería apostada en el cerro Vásquez, que los frenó haciendo que regresen a Lurín. Entonces el alto mando chileno terminó por convencerse de que se ataque cerca del mar, con el apoyo de los cañones de su escuadra.

Cuatro días después de La Rinconada -el día 13 de enero de 1881, como ya mencionamos-, se dio el desastre de San Juan y Chorrillos. Y, al día siguiente, el incendio de Barranco y la tregua. Todo eso es lo que había sucedido, y no quedaba más que la segunda línea de defensa para defender la capital. Ésta consistía en reductos defendidos por el Ejército de Reserva, conformado civiles organizados de acuerdo a su oficio o profesión, y por los restos del Ejército de Línea y la Infantería de Marina, que defendían los espacios existentes entre cada reducto. Ellos harían frente a las tropas chilenas el día 15.