Un día de verano como hoy, por Alberto Balladares

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En medio del ruido de los disparos, las explosiones y el humo del pueblo que comienza a incendiarse, un sargento dispone que pongan en fila a sus prisioneros para fusilarlos. El escenario es el malecón de Chorrillos. Son las dos de la tarde de un 13 de enero de 1881 y el olor a pólvora quemada se mezcla con la brisa del mar. Los prisioneros tienen bigotes ensortijados, charreteras, botones dorados y parecen asumir con digna resignación su destino. Sin embargo, uno sale al frente e increpa al sargento señalando a sus compañeros:

“El señor es el ministro de Guerra, el coronel Iglesias; el que le sigue es el coronel Carlos de Piérola, hermano del Presidente de la República, yo soy el jefe de Estado Mayor y los demás son militares de alta graduación. ¿No es de mayor honra y provecho para usted entregarnos vivos al general Baquedano y no decirle después de fusilarnos que nos ha victimado, lo cual tal vez no se lo crean y de ninguna manera se lo agradezcan?” (Dávalos y Lisson en: Basadre, Historia de la República, ed. 2005, tomo 9, p. 150)

El sargento chileno permanece pensativo. No muy lejos se escuchan gemidos agónicos y gritos suplicantes acallados por descargas de fusil. Finalmente, tras reflexionar durante unos largos segundos que parecen minutos, el sargento decide suspender la orden. Quien lo ha convencido se le acerca y le regala su reloj. Es ariqueño y treinta y un años después será presidente de la República. Su nombre: Guillermo Billinghurst.

Muchas veces recorremos lugares de la ciudad sin preguntarnos por qué el nombre de tal calle, avenida, plaza o colegio, y mucho menos por lo que sucedió allí. El atravesar con indiferencia las calles de nuestra ciudad nos hace no tener presente cosas relevantes de nuestro pasado. Por ejemplo, una fecha como esta nos explica mucho de Chorrillos. ¿Por qué Huaylas ahora es “Héroes del Morro”? o ¿por qué es “Chorrillos Ciudad Heroica”? Sí, por la Guerra con Chile, efectivamente, pero el tema es mucho más interesante y aún más profundo. En fechas como esta, vamos constantemente al sur pasando inadvertidos por lo que fue un campo de batalla, que fue escenario de uno de los capítulos más dramáticos de nuestra historia. Creo que sería muy positivo reparar en ello.

La Batalla de San Juan y Chorrillos se inició a las cuatro y media de la madrugada, allá por los pantanos de Villa. El enfrentamiento se extendió desde ahí hasta los cerros y arenales de San Juan y Pamplona, es decir, a lo largo de la denominada Línea de San Juan. Nuestro ejército se encontraba muy desorganizado y pobremente armado. A lo largo de la línea existían amplios espacios que no estaban defendidos, los cuales fueron atravesados por el enemigo, que los aprovechó para desbordar nuestras defensas. A diferencia de la oficialidad, gran parte de la tropa abandonó sus puestos arrojando sus armas y se retiró hacia la Línea de Miraflores. El ejército chileno entonces  envolvió Chorrillos y el Morro Solar. Tomadas las baterías del morro, el enfrentamiento pasó al pueblo de Chorrillos, en donde se luchó casa por casa hasta la retirada de los últimos batallones del ejército peruano. Luego de esto siguió el saqueo, la violación, la anarquía y un incendio que duraría varios días. De acuerdo con Basadre, de los diecinueve mil soldados peruanos reunidos entre San Juan y Chorrillos, tuvimos entre cuatro mil y más de seis mil muertos, al margen de los cuatro mil heridos y dos mil prisioneros. De ese total de hombres, sólo se pudo reagrupar a seis mil para reforzar la línea de Miraflores, el resto, sino estaban muertos, heridos o prisioneros, se encontraban dispersos. Los chilenos habrían tenido entre cuatro mil y cinco mil muertos, muy probablemente menos. Al día siguiente, esto es, el 14 de enero, el ejército chileno incendiaría Barranco, el pueblo de los molinos, para evitar que sus tropas vuelvan a luchar casa por casa, saqueen y se desbanden como en Chorrillos.

Algunos datos interesantes:

– La resistencia en el Morro Solar duró más que la resistencia del Morro de Arica; en el Morro había un conjunto de cañones denominados “Batería Mártir Olaya” (en la actualidad hay un hito que señala su ubicación) comandados por el coronel Arnaldo Panizo, quien luchó heroicamente en Chorrillos para luego caer casi en el olvido, por enfrentarse al año siguiente a Cáceres en Accuchimay (una fratricida batalla entre peruanos en medio de la Guerra del Pacífico).

– Algunos cañones de la Batería Mártir Olaya pertenecían a la corbeta Unión.

– Miguel Iglesias perdió a su hijo en la batalla. Sería Presidente de la República en 1883, luego de enfrentarse a Cáceres apoyado por los chilenos, con quienes negoció y firmó el Tratado de paz de Ancón. Actualmente tiene una estatua en el Morro Solar, a pocos metros de la Estatua del Soldado Desconocido.

– Buena parte del ejército invasor, una vez tomado Chorrillos, se entregó al saqueo y la violación, fusilando tanto a soldados rendidos y heridos como a civiles peruanos y extranjeros, incluyendo a varios bomberos italianos.

– En medio del saqueo de Chorrillos, cientos de soldados chilenos se enfrentaron y mataron entre ellos, perdiendo mucha gente, incluidos varios oficiales que se atrevieron a intentar poner orden.

– Cáceres y Canevaro solicitaron hombres a Piérola para aprovechar la situación de desorden del enemigo y atacar durante la noche, pero el dictador se negó a darles el permiso y los elementos necesarios para el ataque sorpresa.

– Para nuestro dolor y humillación, el monitor Huáscar nos bombardeó con la bandera de la estrella solitaria enarbolada.

– El tradicionalista Ricardo Palma culparía a los soldados traídos de la sierra por la derrota. En una carta fechada el 08 de febrero de 1881, dirigida a Piérola, señalaría de una manera tan lamentable como racista lo siguiente:

“… la causa principal del gran desastre del 13 está en que la mayoría del Perú la forma una raza abyecta y degradada. . . El indio no tiene el sentido de la patria… Por otra parte, los antecedentes históricos nos dicen con sobrada elocuencia que el indio es orgánicamente cobarde«.

Para finalizar, un interesante fragmento del testimonio del coronel Arnaldo Panizo, en el que narra su captura:

– Casi a la altura de la bajada llamada, de la “Agua Dulce”, nos cortó el enemigo y nos fue preciso retroceder pero perseguidos también por retaguardia, tuvimos que ascender con gran trabajo y en medio de los fuegos, por… los ranchos situados en la “Calle de Lima”. Guarnecidos en uno de ellos, aguardábamos la noche para descender por la misma vía y llegar á la Batería “Alfonso Ugarte” situada en Miraflores; pero desgraciadamente un numeroso grupo de soldados chilenos rompieron á balazos las puertas del rancho, y después de fusilar en nuestra presencia á los pocos soldados en su mayor parte desarmados, que nos acompañaban, nos desnudaron de cuanto teníamos e iban a fusilarnos también sí la oportuna presencia del Teniente Benítez del E.M.G. Chileno no nos hubiéramos salvado a mí, a los Sargentos Mayores Haza y Alegre y al Sub Teniente Rodríguez: allí pues caímos prisioneros.

Muchas veces uno dice o piensa, “ay, si las paredes hablaran…” A mi parecer, el tener siempre presentes algunos de estos datos y muchos otros más, nos generaría un sentimiento similar. Pero no sólo referido a “las paredes”, sino al malecón de Chorrillos, al Morro Solar, y a varias casas y plazas antiguas. Así, cuando nos estanquemos en Huaylas durante la hora punta, miremos alrededor e imaginemos lo que sucedió en una fecha como esta, lo mismo cuando vayamos a surfear a la Herradura, comamos en algún restaurante del malecón de Chorrillos, pasemos por Villa o nos dirijamos por la carretera al sur para pasar el fin de semana. El reflexionar sobre lo que sucedió durante esa guerra en las calles y lugares que acostumbramos visitar o atravesamos con frecuencia es a mi juicio una buena manera de honrar a nuestros héroes y mártires.

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