Un pueblo ignorante, un gobierno corrupto; por Alejandro Olavarría

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Si bien nuestro pasado no define cuál será nuestro destino, este nos sirve a manera de mapa con el cual avanzamos a paso firme por el territorio incierto que es la vida. En ella podemos encontrar el vasto camino trazado hasta el momento; con todas sus maravillas naturales que llenan a uno de regocijo y plenitud, así como sus valles áridos, sus bosques tenebrosos y demás locaciones que quisiéramos poder borrar de la memoria. Pero, ¿acaso llegaríamos a las maravillas más bellas sin haber aprendido a sobrellevar los caminos más difíciles? Son estos mismos los que nos dotan de la experiencia necesaria para saber reconocer un terreno que presenta peligro para nosotros y de esta manera evitarlo, tomando una ruta alterna que nos pueda llevar hacia un mejor porvenir.

La importancia de nuestros mapas mentales reside en las decisiones que las futuras generaciones tendrán que tomar con respecto a la dirección de nuestro país. El tiempo cura heridas, es inevitable, pero el problema está cuando también se lleva la cicatriz. Es así que el recuerdo de los errores cometidos se esfuma del consciente colectivo. Si las generaciones pasadas no cumplen su rol como tesoreros de la verdad, compartiendo objetivamente la información por medio de diferentes vías (entiéndase textos académicos, piezas audiovisuales, relatos de un domingo por la tarde con la familia, etc.) el mapa no reflejará de manera verídica el camino recorrido. Se tendrá una visión distorsionada de las cosas y no se podrá comprender en su totalidad cómo es que terminamos en el punto en el que nos encontramos, sea este bueno o malo. Porque, en su mayoría, los problemas actuales que tienen las sociedades los venimos arrastrando como un bagaje pesado y tortuoso, un tumor que tomamos por benigno y decidimos no joderlo más. Imposible llegar a la causa del malestar sin saber cuáles fueron los síntomas.

El mapa mental del peruano parece estar dañado sin remedio alguno. Qué otro argumento hay para justificar que las elecciones terminen siempre beneficiando al lobo disfrazado de oveja. ¿Cómo fue que salió elegido Alan García en el 2006? ¿Cómo es que Keiko estuvo a punto de salir elegida presidenta en las elecciones pasadas? ¿Por qué seguimos creyendo en promesas falsas de gente malintencionada que no tiene si quiere un poco de bondad ni sentido patriota? La respuesta es que no ejercemos nuestra memoria, y las nuevas generaciones corren el peligro de repetir aquellos errores que nosotros cometemos seguidamente.

Ahora, es cierto que cada situación es distinta. Muy fácil es criticar a aquellas personas que tildamos tan abiertamente de ignorantes y acusarlos a ellos de ser la razón por la cual nuestro país no progresa, mientras uno goza de todas las comodidades básicas, sin ningún tipo de necesidad. Ojalá nuestro compás moral funcione igual de bien viviendo en condiciones extremadamente pobres, rodeado de inseguridad y pocas chances de salir adelante, siendo completamente olvidado por el Gobierno de turno y sin una educación de calidad que permita formar nuestro pensamiento y que nos brinde una visión completa de nuestra realidad. Aquí es donde nuestro mapa mental puede fallar, pero viéndolo de manera objetiva, se podría decir que es el mismo Gobierno el cual deja que esto pase. Un pueblo ignorante brinda la mayor cantidad de votos.

¿Qué debemos hacer ante esta situación? Los medios masivos deben tomar la responsabilidad de brindar información verídica que esté al alcance de todos los ciudadanos. Los colegios deben enseñar no sólo acerca de las grandes civilizaciones de la humanidad o lo excelente que fueron los incas; es importante que sepan qué hizo Alberto Fujimori en los 90’s, quiénes fueron Sendero Luminoso, qué causó la deuda astronómica que tenía el Perú a fines de los 80’s, entre muchas otras cosas. Un curso de realidad nacional en todos los colegios del Perú sería un buen comienzo para estar informados acerca de lo que ocurre cuando se le da el poder a políticos corruptos, y así no nos dejemos engañar tan fácilmente por sus promesas de campaña. Solo así pasaremos a tomar mejores decisiones, y dejaremos de ser un país representado por lo peor de nosotros.

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