Una historia de amor: El Frente Amplio y el régimen chavista, por Carlos Arias

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La presente historia de amor configuraría como una a escondidas, como la que nos muestra la escritora británica, Emily Brontë en su obra “Cumbres borrascosas”: La relación de amistad y de amor apasionado que mantenía Heathcliff con Catherine, pese a que la esposa del primero, Frances, se lo prohibía. Se evidencia de manera parecida la relación que mantiene el partido de izquierda “Frente Amplio” con el régimen dictatorial en Venezuela, aunque no quieran aceptar algún vínculo, se presume que lo hay: No es casualidad que por enésima vez la bancada que está integrada por Indira Huilca, Marco Arana, Maria Glave, etc., no condenen el gobierno abusivo y autoritario de Nicolás Maduro.

El pasado jueves 20 de abril, el Congreso aprobó, con 89 votos a favor, 12 en contra y 5 abstenciones, la moción para rechazar la situación en Venezuela. Sin embargo ¿De parte de quiénes fueron esos votos en contra y abstenciones? Sin mayor sorpresa, del Frente Amplio. Dicha moción consistía en rechazar drásticamente la decisión de la Corte Suprema de asumir facultades del Parlamento por “desacato”, así mismo solicitó al presidente Maduro construya canales de diálogo para lograr que Venezuela salga de la crisis en la que se encuentre. Si tanto los congresistas como miembros del Frente Amplio condenan abiertamente el gobierno de Alberto Fujimori y la serie de violaciones de derechos humanos que se perpetraron en esos años ¿Por qué ahora no rechazan el régimen chavista?

Ahora, hay que recordar la “astucia” para huir del tema de parte de los miembros de ese partido. Solo veamos cuál fue la respuesta, el año pasado, de Veronika Mendoza, ex candidata presidencial por el Frente Amplio, cuando le preguntaron qué opinaba sobre Venezuela: “Yo no creo que el eje del debate electoral deba ser lo que pasa en Venezuela. Por lo que deben pronunciarse los candidatos es por lo que pasa en el país, por la persecución de los líderes wampis o los narcoindultos. No lo que pasa fuera”. El argumento de “preocupémonos por lo que pasa en nuestro país y no en el exterior”. O tal vez, veamos el argumento de defensa de Marco Arana, vocero del partido mencionado, cuando presentó una moción, la cual fue rechazada por el pleno, distinta a la presentada por el congresista Jorge del Castillo, la cual consistía en expresar la solidaridad y la preocupación por la que está viviendo Venezuela: “Es un contrasentido pedir democracia en Venezuela, cuando lo que han ejercido es la dictadura del voto de su mayoría.”

Y ¿Qué hay de los que consideran que Venezuela no es una dictadura sino un autoritarismo competitivo? Recomendaría leer a Steven Levitsky y Lucan Way, quienes en su libro “Autoritarismo competitivo: Regímenes híbridos después de la Guerra Fría”, definen lo siguiente:

“Son competitivos ya que los partidos de oposición utilizan las instituciones democráticas para luchar seriamente por el poder, pero no son democráticos porque la cancha de juego está considerablemente sesgada a favor de los que están en el poder.”

Del mismo modo, Gabriela Calderón, investigadora del Cato Institute, hace una cita de los autores señalados, en su artículo “Autoritarismo competitivo”:

““En muchos regímenes autoritarios competitivos, los que gobiernan llenan con sus allegados al poder judicial, las comisiones electorales y otros árbitros nominalmente independientes y los manipulan mediante el chantaje, los sobornos y/o la intimidación”

Lo que sucede en Venezuela, ya no es solo situaciones bochornosas de corrupción, ni dominio del Poder Judicial por parte del gobierno, ni cárcel a los que piensan distinto al régimen, ni irregularidades en los procesos electorales, lo que sucede es lo que pudimos evidenciar en estos días de marcha en dicho país: Muerte a civiles que protestan contra el gobierno, muerte a gente inocente que solo persigue y busca la libertad. No es posible que en Venezuela, de los 30 derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 28 sean violados.

Pese a todo ello el Frente Amplio sigue sin rechazar dicho régimen, sigue apañando lo que sucede en Venezuela. Una de las razones por las cuales la izquierda está tan desprestigiada en el Perú es por ello, por la falta de coherencia que mantiene en su discurso, por su doble moral. Pero eso qué importa, seguiremos presenciando la gran historia de amor, y la defensa férrea de parte de algunos del partido diciendo que Venezuela no es una dictadura sino un autoritarismo competitivo. Como diría el refrán “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.