Cómo se cura una herida

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Ya les he hablado en algún momento de la necesidad de huir de los amores tóxicos. Huir es la clave del éxito. Pero no nos engañemos: por angas o por mangas, siempre, en algún momento, terminamos cayendo. Y cuando todo se acaba, cuando descubrimos que lo que era, no era, o al revés, duele como bestia.

Recuerdo que sin decir mucho, mi mamá me enseñó cierta vez cómo era eso de sufrir por amor. Resulta que me había enamorado de un chico con el que llegué a tener una relación, bastante tonta de mi parte porque se notaba que me quería como a su amiga del cole o de la parroquia. “No te quiero como tú me quieres a mí”, me dijo cuando me terminó. En esos momentos, yo solo quería llorar, correr y entrar a mi casa a acusarlo con mi mamá –je, mentira, a buscar consuelo– pero más pudo el orgullo y tuve que soplarme el misericordioso discurso con total dignidad, cara de palo y puño cerrado.

Terminada la escena, irrumpí en el cuarto de mis papás y como niño con pesadillas, me apoyé sobre el hombro de mi mamá y le mojé hasta la espalda. “Llora, hija, es importante que vivas tu duelo”.

Eso del “duelo” suena a muerte, ¿no? Sin embargo, sí que es importante tenerlo y vivirlo. Tanto así que al día siguiente, lloré a moco tendido en el médico, durante una ecografía que tenían que hacerme, en la heladería a la cual fuimos en familia… qué roche. Ahora que lo pienso, digo “¿qué me pasóoo?” y ¡pobres mis papás que se soplaron ese drama delante de la gente!, pero es que ambos veían que lo necesitaba y solo cuando ya había llenado un litro de lágrimas en tiempo record, me dijeron: “Ya, tranquila”.

El duelo cuando se termina tu historia de amor es llorar (o al menos intentarlo, porque a veces uno bloquea tanto la pena que no salen ni las de cocodrilo), es tomarse un tiempo para pensar en qué falló, para recordar el 95% de cosas buenas que todavía nos quedan en la vida; es dormir, bañarse, sacudirse y seguir para adelante. No dura un día, ni dos, pero tiene final.

¿Tiempo de depresión? No, nada que ver. Uno tiene que seguir con su vida, es solo un periodo de paz en el alma y lágrimas escondidas en el baño, hasta que un día se acaben y el alma se haya cansado de tanta emoción.

Así, más o menos, se cura una herida. Si, además, hubo sacada de vuelta o golpe bajo, perdona. Piensa “seguro le falla algo en la cabeza” y olvida su existencia porque el rencor es una espina muy gruesa. Y si tienes fe, reza por él o ella, ya que si sigue por ese camino, será muy infeliz.

No se te ocurra sacar un clavo con otro clavo. Es injusto para la otra persona y para ti, es una mentira. Tampoco busques choques y fugas que te hagan olvidar el dolor. No sirve de nada y terminarías peor. Mejor escribe, dibuja, trabaja, come, duerme, reza. Todo va a estar bien.