2015: Un año de inicio complicado para el gobierno de Ollanta Humala

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El ambiente político en el país ha estado marcado por una crisis política que obligó a la administración Humala a realizar una serie de cambios al gabinete de Ana Jara con la finalidad de garantizar la gobernabilidad del país en los últimos dieciséis meses que le quedan al actual gobierno a consecuencia de una serie de conflictos sociales y de problemas en la ya tirante relación con la oposición.

Para conversar sobre el escenario que le espera al país en los próximos meses, de cara a las elecciones generales que se realizarán en abril del próximo año, entrevisté a la Gerente General de la firma investigadora de mercados IMASEN, Giovanna Peñaflor.

AG: Arturo Garro Miró Quesada

GP: Giovanna Peñaflor

AG: Quisiera conversar con usted sobre el reciente cambio de ministros, sobre las tendencias al 2016; como bien sabe, en el Perú, puede haber una determinada tendencia, y esta cambiar de un momento a otro.

GP: Bueno sí. Indudablemente creo que toda evaluación que se haga hoy día sobre la probable intención de voto de los peruanos con respecto a las elecciones presidenciales del 2016 es totalmente teórica e irrelevante con respecto con lo que serían los resultados finales; dado que tenemos un elector que normalmente se centra en el proceso electoral un mes, mes y medio antes de las elecciones. Generalmente en los últimos procesos hemos visto que en ese lapso de tiempo se producen cambios muy importantes en las tendencias de opinión pública, fundamentalmente porque estamos hablando de un elector escéptico, anti político, que va al proceso electoral muchas veces a cumplir una formalidad, y porque en general  la opinión que se tiene de los políticos en el Perú hoy en día –lamentablemente- es negativa.

Hoy día podemos hablar de algunos espacios que están más copados que otros. Por ejemplo, el de la centro derecha; donde hay más de una oferta electoral, y claramente hay una especie de “canivalización” entre el aprismo, el fujimorismos; de alguna manera el espacio que podría tener una opción como la de Pedro Pablo Kuczynski; están todos de alguna manera súper poniéndose en ese espacio. Hay un déficit de oferta en el lado del centro hacia la izquierda –para usar una caracterización más bien común en el tema político-. En ese lado del espectro político hay pocas opciones, hay atomización; los que representaban antes a ese espacio han perdido credibilidad, fuerza; pero el espacio sigue existiendo. No es que el electorado peruano,  sea un electorado totalmente convencido de los supuestos neoliberales, o defensor a ultranza del libre mercado. Es más bien un elector pragmático que busca lo que le beneficia o le pueda traer algunos réditos en el corto plazo. Buena parte del electorado por lo menos.

AG: Según algunas encuestas, como que ya hay candidatos definidos. Keiko Fujimori, Alan García y Pedro Pablo Kuczynski. Alejandro Toledo en un cuarto lugar. Otras –pero muy rezagada- mencionan a Lourdes Flores. Algunas mencionan a Nadine Heredia. Yo aquí quisiera tratar el tema del voto joven. Un porcentaje muy significativo de electores está comprendido entre la población de 18 a 24 años. ¿Qué han podido percibir de este elector? ¿Cómo tiende a comportarse?

GP: Bueno, en general, como todo en el país, es muy difícil hablar de un joven. No es lo mismo ser joven en zonas rurales. No es lo mismo ser un joven emergente, que uno de clase media-alta. Entonces, yo creo que es muy difícil hablar de la juventud peruana como si tuviera una característica promedio. Creo que hay una dispersión muy grande. Creo que la constante en todo caso del joven peruano hoy en día es la distancia frente a los partidos políticos tradicionales. Creo que hay poco interés en la política, eso también como constante. Que en general, tenemos jóvenes que están teniendo dificultades para insertarse; la mayoría quiere una inserción exitosa. Es distinto un joven de la época del 80 al 90, que era más bien anti sistema. Hoy en día lo que el joven predominantemente busca es tener. Usar determinadas marcas, tener una casa, un carro. Pero digamos, eso no necesariamente va acompañado de una visión de “derecha total”. Hay una serie de demandas hacia el estado que no son satisfechas aún para ese segmento.

AG: Redes sociales, ¿Qué tanto pueden influir en la campaña? ¿Qué han podido detectar ustedes? ¿Son un fenómeno netamente limeño o es solamente de Lima y las zonas urbanas de provincias?

GP: Hoy en día en el Perú  las redes sociales bien manejadas te pueden dar uno o dos puntos. Ahora. Uno o dos puntos no suena mucho, pero sin embrago, estás en procesos electorales muy ajustados o muy fragmentados, que uno o dos puntos puede hacer la diferencia. Es decir, la incidencia o la importancia de las redes sociales va estar muy relacionada con las características del proceso electoral. Además también de dónde se esté dando de alguna manera la discusión política. Si la discusión política tiene que ver con las zonas rurales, definitivamente las redes sociales no importan. Si estamos hablando de querer influenciar en ese sector que tiene problemas con las actividades extractivas, que tiene problemas con el desarrollo de proyectos, que implican movilización de personas o afectar su modo de vida, las redes sociales no nos interesan. Pero si más bien estamos hablando de temas más urbanos, que tienen que ver con las ciudades intermedias o grandes en el país, sí estamos hablando que las redes sociales pueden tener un efecto mayor; y tienen un efecto mayor en términos de poner temas en debate, porque las redes sociales tienen un impacto en los medios de comunicación. Dado que quienes siguen más intensamente, y también son seguidos, en redes sociales son los propios políticos, periodistas, analistas de opinión, más que el ciudadano común y corriente, el cual tiene otro tipo de intereses.

AG: El pasado martes 17 hubo cambios en el gabinete ministerial. El gobierno ha prescindido del ministro más popular del gabinete. ¿Estamos hablando de Daniel Urresti candidato, o qué podemos esperar de Daniel Urresti ahora?

GP: Yo creo que ahora está en una mejor situación para ser candidato. No necesariamente a la presidencia, podría ser también al Congreso de la República. Creo que indudablemente es un personaje, que ha logrado un nivel de aceptación importante. Cuando estamos hablando de uno de los ministros con mayor aprobación del gobierno, indudablemente de este gabinete, es el de mayor aprobación. De los ministros del interior que han habido  –creo yo- en los últimos diez años, es el de mayor respaldo. Porque el ministerio del interior siempre ha sido una cartera muy cuestionada, que los que la han ocupado siempre ha sido “fusibles” o han salido muy chamuscados. En este contexto, ha logrado una aprobación importante que incluso le ha permitido aparecer en algunos sondeos como un candidato a la presidencia con un respaldo  que lo saca del grupo otros, en comparación a muchos otros políticos que llevan muchos años en política, y no logran salir de otros. Dado como es el país, y las características que parece tener él, no resultaría muy lógico pensar que con eso se va ir a su casa. Esto hace pensar, que desligado del tema ministerial, podría tener una presencia pública mucho mayor, pero eso todavía es una incógnita.

AG: ¿El gobierno ha ganado o ha perdido con el cambio de gabinete del pasado martes 17?

GP: A ver. El prescindir de un personaje llamativo para la opinión pública puede considerarse una pérdida. El tener que haber cedido en el cambio de otros ministros -a pedido de la oposición-, puede ser también calificado como una derrota del ejecutivo. Sin embargo, dentro de esa derrota, el haber tomado esa decisión, les permite estar cerca de poder cambiar la temática o los ejes de discusión de la coyuntura. Puesto que han cedido en buena parte, y seguir con el tema de los cambios ministeriales o de gabinete, o llamar a Ana Jara la Congreso, no parece lógico. Es decir, tendría estas decisiones ventaja para el gobierno en el cambio de la tónica. Por otra parte, dependiendo de lo que conteste la oposición, esta va a quedar mejor o peor situada. Porque indudablemente mientras hace unas semanas atrás las posiciones eran más bien a favor de la oposición. Que debería ser escuchada. Que habían razones para no presentarse al diálogo, para no creer en el gobierno; hoy en día esa opinión me parece que debe haber tendido a menguarse. En ese sentido, la oposición o busca nuevos argumentos, o se allana también al tema del diálogo, con lo cual en la práctica, sale beneficiado el gobierno puesto que le da una bocanada de aire en un momento en el que parecía estaba contra las cuerdas.

AG: Hablando de estar contra las cuerdas. En el Perú ya hemos pasado de la “política formal” a la “política de la calle”. Lo hemos visto en las protestas contra la repartija en julio de 2013. En las recientes protestas de diciembre de 2014 contra la ley de empleo juvenil o “ley pulpín”. ¿Ya la política peruana ha dejado los ambientes formales –por así decirlo- como el parlamento y los claustros universitarios, y ha pasado a las plazas, a las calles?

GP: No. Yo no creo eso. Porque si no el sueldo mínimo hace tiempo que habría subido. Se habrían tomado alguna una serie de medidas que la gente, la calle las pide; aunque no necesariamente se movilice activamente. Si ves incluso los índices de movilización por la repartija o por la “ley pulpín”, realmente son bajos. No estamos hablando de grandes movilizaciones. Son movilizaciones que  llaman la atención en un país donde las movilizaciones prácticamente desaparecieron o quedaron en desuso, y donde nadie se moviliza por nada; pero que en términos de magnitud, no parecen ser importantes; como no sea por la debilidad del gobierno. Porque el gobierno está frágil, está débil, no tiene operadores políticos, no tiene gente que salga a defender sus posiciones. Y en realidad más bien -en vez de hablar del poder de las calles- estamos hablando de la incapacidad del gobierno para dar medidas de cualquier tipo. Lo hemos visto con la ley del servicio militar obligatorio, y lo vemos con medidas más recientes. Hace mucho tiempo que el gobierno no puede implantar realmente nada. Y yo creo que eso no es porque haya pasado el poder a las calles, sino porque estamos ante un gobierno que tiene dificultades para gobernar.

AG: Por lo que usted me está diciendo; Ollanta Humala -cree usted- se iría hoy día o está en el cargo porque no le queda de otra.

GP: Yo no sé si el presidente se iría hoy día, pero creo que han sido cinco años donde el poder no lo ha tenido el presidente. Y cuando digo que el poder no lo ha tenido el presidente, tampoco creo que lo haya tenido la primera dama. Yo creo que cuando asumió el poder Ollanta Humala quedó claro que había un grupo que dirigía el país. Que impuso determinados nombramientos ministeriales, a determinados nombres en el MEF; que es el grupo que maneja y toma decisiones en el país.

AG: Conflictos sociales. ¿El gobierno ha perdido el tiempo? Pichanaki, Conga. ¿Se vienen cosas peores?

GP: El Perú de inicios de este gobierno, de fines del gobierno aprista, era un país convulsionado. Es más. En pleno proceso electoral del 2011 se hablaba –por ejemplo- de si se iban o no a poder realizar elecciones en Puno, es decir, estábamos convulsionados. Cada vez que se acercan los procesos electorales, la gente, la calle, se vuelven a hacer más visibles. Entre un proceso electoral y otro, la calle se invisiviliza y todo lo que se discute es entre columnistas, titulares, pero que no reflejan el real sentir de la opinión pública en general. Conforme que nos vamos acercando a un proceso electoral, la calle y las manifestaciones se hacen más evidentes; porque en realidad siempre estuvieron allí. No es que con el gobierno de Ollanta Humala se hayan instaurado los conflictos sociales. Eso viene desde la época de Toledo que no pudo llevar a cabo la privatización de Egasa y Eje Sur. Vienen desde el segundo gobierno de Alan García que se la pasó toda su gestión discutiendo con el perro del hortelano, y habían informes todos los meses de la Defensoría del Pueblo diciendo que habían una cantidad creciente de conflictos.

Tal vez lo novedoso es que un gobierno que entró con la bandera de la inclusión, y de solucionar estos temas, no los solucionó. Digamos, deja al Perú de la misma manera en como lo encontró; convulsionado, con problemas sociales de distinta índole. Pichanaki es el que ha adquirido visibilidad en este momento, pero como ese hay ochenta en todo el país; uno más visible, otro menos visible pero que ponen de manifiesto las relaciones entre las poblaciones –donde se realizan actividades extractivas o grandes proyectos-, no han logrado tener una respuesta a sus demandas de parte del gobierno ni de las empresas o entidades que allí laboran.

Yo creo que tan terrible como el tema de Pichanaki, es el tema de Yanacocha. Estas denuncias que aparecieron  sobre represalias para con pobladores que han venido enfrentándose a esa empresa, y que incluso tuvo como una víctima “sorpresa” a la señora Martha Meier; digo víctima por el sentido que por expresar su opinión, terminó fuera del diario El Comercio.

Todo esto pone en evidencia que estamos en un país donde todavía no se ha resuelto qué cosa es lo que queremos, hacia dónde vamos, cuáles son las reglas de convivencia y de beneficio mutuo entre las poblaciones que están esas  y las empresas que van a operan ahí.