2020: El año que nunca olvidaremos, por Fernando Valverde

"El país aún sin vacuna y con riesgos de que se incrementen el número de muertes".

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Fue un año difícil, caótico, violento y de mucho dolor lo que nos tocó vivir en medio de la pandemia y con consecuencias devastadoras en todo orden. Sin embargo, fue también un año de lucha frente a la adversidad y la esperanza de querer seguir viviendo y salir adelante. Hacer un balance no es fácil y nos quedamos cortos en describir lo sucedido, nos embarga el dolor, la impotencia y el sufrimiento de muchas familias por la partida de los seres queridos y más aún de no saber en el presente y con certeza cuándo llegará la vacuna. ¿Quiénes son los responsables de que no se hayan comprado las vacunas? ¿Por qué no tomaron las previsiones del caso?

La ciudadanía en general tiene la percepción de haber sido engañados. Se confió en los gobiernos que estuvieron al frente, en los Ministros de Estado, Ministros de Salud, de Economía y de todos los funcionarios involucrados en la gestión y compra de las vacunas internacionalmente, pero se engañó al pueblo, es imperdonable e inhumano por esta desidia ocurrida. Tampoco sabremos oficialmente la cifra exacta de muertos y de contagiados. El dolor es único y muchas familias tuvieron que enterrar a sus muertos en situaciones dramáticas por el COVID-19 y acá vemos el resultado: el país aún sin vacuna y con riesgos de que se incrementen el número de muertes, especialmente de los más vulnerables ante la llegada de una segunda ola anunciada por los expertos.  

El primer reporte oficial a comienzo del año indicaba 25,331 infectados y 700 fallecidos y ahora hemos superado el millón de contagiados (1000153) y fallecidos 37,212, según datos oficiales del Ministerio de Salud. Hay otras cifras que duplican los contagios y triplican los fallecidos en todo el Perú.  Al presente, nos encontramos ante una inminente segunda ola con consecuencias imprevisibles de los contagios que vendrá. De esta manera, mientras no llegue la vacuna seguiremos siendo vulnerables frente a este virus invisible y letal que seguirá rondando la muerte en nuestras vidas. 

Todos recordamos los casos más dolorosos. Por ejemplo, el de Celia Capira, la mujer que vimos correr tras la comitiva presidencial para pedirle al presidente Vizcarra ayuda para la atención médica de su esposo en el Hospital Honorio Delgado en el departamento de Arequipa. Recibiendo la triste noticia al día siguiente del deceso de su pareja y del cual desencadenó tremendo dolor y sufrimiento en todo el país. La desidia incurrida del personal sanitario y las denuncias públicas hechas por la población hicieron responsable al gobierno y al personal médico por la muerte ocurrida a consecuencia del COVID-19 y del cual el Estado (por el colapso sobrevenido) no garantizó la vida de los pacientes. 

Por otro lado, esta pandemia ha revelado nuestras carencias institucionales como Estado desde el sistema de salud, deficiencias en los servicios públicos sanitarios, informalidad laboral, violencia delincuencial, hacinamiento en las cárceles, precarias condiciones de infraestructura, violencia doméstica y nuestra total desobediencia por no acatar las reglas de la cuarentena. Igualmente, el país afrontó con la llegada de la pandemia una crisis, no solo sanitaria, con infectados y pérdidas de vidas humanas, sino con repercusiones económicas y sociales, tal como lo afirmábamos en su oportunidad. (ver la columna: “Derechos Humanos: De nosotros depende poner un límite al COVID-19”, 12/5/2020). Esta situación se agravó aún más por la crisis política y social que se generó por las sucesivas confrontaciones entre los poderes legislativo y ejecutivo, sin importarles la situación grave que estábamos padeciendo con la pandemia. La vacancia de Vizcarra y la llegada de Merino desató la peor crisis política desde hace 20 años y donde la juventud en defensa de la democracia salió a las calles a protestar y cuyo saldó trajo la muerte de dos jóvenes estudiantes que conmocionó al país entero. (ver la columna: “Jóvenes, derechos humanos y defensa de la democracia”, 17.11.20) 

Es así que cuando creíamos que volvíamos al cauce democrático y pacífico con la designación de Francisco Sagasti como nuevo presidente transitorio elegido por el Congreso para que gobernará el país hasta el 28 de julio del 2021, nuevamente surgieron los conflictos sociales, institucionales, legislativos y económicos. Estos fueron agravados por los últimos sucesos de los trabajadores del sector agrario de las empresas agroindustriales de la región Ica y La Libertad con protestas, bloqueos de carretera, quema de ambulancia, muertes, ataques contra efectivos de la policía nacional, daños a la propiedad y la violencia fuera de control. Todas estas crisis no resueltas por el Estado han estado poniendo en jaque la democracia, el estado de derecho, el imperio de la ley y el orden y el derecho de vivir en democracia. Tenemos una agenda pendiente por resolver con el nuevo ejecutivo y legislativo que el pueblo deberá elegir en las próximas elecciones. Esperemos no volver a equivocarnos. 

Finalmente, es importante recalcar que pese a la oscuridad que nos tocó vivir a todos por la pandemia, hemos tenido la oportunidad de aprender a valorar la vida, la unión, la solidaridad, la humildad, la fraternidad, el amor, la fe y la esperanza entre todos nosotros. 

Esperemos y es nuestro deseo que el próximo año sea mejor para todos y que llegue   las vacunas para ser distribuidas a todas las familias, sin distinción ni exclusión alguna. 

Feliz Año 2021.

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