Momentos actuales en Alemania, Francia, Polonia y Siria, por Enrique Banús

347
Diez años lleva en el poder. Los cumplió el 22 de noviembre. Ha gobernado en coalición con los socialdemócratas y con los liberales y, siempre, con los bávaros del “partido hermano” y, sin embargo, crítico. Angela Merkel llega al aniversario quizá en el momento más bajo de su liderazgo. Quizá porque se ha erosionado lo que le daba ese liderazgo: la sensación de que sabía lo que hacía, de que era confiable (o al menos mucho más confiable que los sucesivos pretendientes de los otros partidos, básicamente de la socialdemocracia, en las diferentes elecciones). Irradiaba seguridad. Avalada también por el hecho de que Alemania iba sorteando las crisis con muchos menos daños que los demás países europeos. Había una especie de pacto de dejarle hacer, porque “ella” ya sabía lo que hacía. Algo parecido sucedió con algunos de los antecesores en el cargo: con Konrad Adenauer, con Helmut Kohl o incluso con Willy Brandt, aunque sobre todo en este último caso la línea marcada asustaba a una parte importante de la población. Pero en el tema migratorio esa confianza se ha quebrado. Su famosa frase “Wir schaffen es!” (“¡Lo conseguiremos!”), para muchos ciudadanos alemanes está entre signos de admiración. Y mientras el brillo de su estrella se empaña, al otro lado de la frontera ha resurgido un político cuyos niveles de aceptación estaban muy bajos y del que casi interesaba más la vida sentimental que la (escasa y confusa) vida política.
En efecto, François Hollande ha conseguido una presencia firme ante la ciudadanía y en el escenario internacional después de los atentados de París. Y si Alemania, de momento, se ha librado de grandes horrores (algunos han sido desbaratados en el último momento), Francia ha sufrido ya dos veces ataques de alto valor simbólico. En lugar de que se produjera un debate sobre las razones para ello (desde luego, por el momento los servicios de inteligencia policial de Alemania dan una impresión más fiable que los de Francia), Hollande ha sabido concentrar la ira y el temor hacia un protagonismo en política exterior que hacía tiempo que Francia no ejercía. Con un discurso claro y decidido y una acción diplomática que podría conducir a una alianza de los que ahora, más o menos por su cuenta, están utilizando la misma táctica contra los terroristas: el bombardeo de sus bases y también de una de sus vías de financiamiento (lo comercialización del petróleo), aunque el confuso incidente entre Turquía y Rusia va a dificultar esa entente. De momento, Francia -miembro de la OTAN como Turquía- se está coordinando con Rusia, de forma amigable.
Aunque cada vez más se va extendiendo el consenso de que los bombardeos no van a ser suficientes y que las tropas terrestres van a ser necesarias. Los kurdos y los afganos (junto con algunos combatientes venidos de otros países, también europeos – desde luego menos de los que están apoyando a los terroristas) se han estado ocupando en solitario de esta tarea. Con el ejército sirio de Assad, por supuesto, que es precisamente lo que causa el gran problema (¿gran coalición con él?). Y con los libaneses de Hezbolá apoyándole y, por tanto, Irán también presente, al menos con medios económicos y asesores militares. Pues bien: desde el nuevo gobierno polaco ha llegado hace una semana una propuesta, presentada por su Ministro de Relaciones Exteriores Witold Waszczykowski, consistente en apoyar la creación de un ejército sirio en el exilio que pudiera contribuir a “liberar” su país. Opina el gobierno polaco que entre los miles de refugiados que están llegando a Europa hay ciudadanos sirios dispuestos a luchar por su país y que los gobiernos europeos deberían ayudar con medios económicos y con entrenamiento. Indudablemente, las críticas han sido feroces. Pero, si se piensa por ejemplo en el papel que en la II Guerra Mundial jugó el gobierno polaco en el exilio, quizá se comprenda más está propuesta.
Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.