César Acuña y el despertar de la fuerza, por Aldo Llanos

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Escribir a estas alturas sobre Cesar Acuña es escribir sobre alguien de quién quizás se ha escrito mucho, aunque casi siempre con el bolígrafo equivocado. La trepidante subida de Acuña en las encuestas dice mucho más sobre nosotros de lo que puedan imaginarse ya que el Perú no es Lima y Lima sin los conos demográficamente es inexistente.

Por estas fechas se estrenará nuevamente un episodio más de la saga de Star Wars y el título de es  el más adecuado para poder explicar las últimas encuestas, y es que desde la oportunidad idiosincrática perdida con Alejandro Toledo, la fuerza “telúrica y latente” del Perú profundo no había vuelto a despertar en el inconsciente colectivo. Me explico joven.

Para nadie es un secreto que aún no nos hemos constituido en una nación ya que por ahora somos simplemente un “país”, es decir, un conglomerado de personas que viven bajo una delimitación geográfica. La enorme diversidad de etnias y regionalidades de nuestra patria aun sigue siendo un problema y una oportunidad que cuesta mucho amalgamar en esa tarea urgente por reconocernos todos como un nosotros y no como “los unos y los otros”. El racismo y la discriminación siguen siendo taras asolapadas que nos cuesta erradicar.

¿Por qué esas burlas a Acuña por no leer bien en el CADE si lastimosamente un grueso porcentaje de la población emergente no lee bien?, ¿por qué esas sospechas de dinero mal habido (que puede ser cierto), si logró esa plata dentro del mismo sistema que todos los demás?, ¿por qué cae mejor que un “gringo” al punto de empatarlo en las encuestas tentando la segunda vuelta? Porque dentro de lo que a muchos les cuesta aceptar, Acuña es el mestizo que surge para ser presidente, porque ese gordito, bajito y de tez sudorosa, encarna la figura del cholo en su hora estelar.

El mitin de San Juan de Lurigancho junto a Yahaira Placencia estuvo llenos de mensajes subliminales y significados. El pueblo prefiere a Yahaira que a Milett ya que la primera es “de barrio”, del Callao y que surgió también para ganarse los frejoles. Aunque se tiña de rubio, como muchas, aunque no tenga los dientes en posición perfecta como no pocas. Ella es como tú y como yo: chola.

Mientras la gente no entienda que el fenómeno de cholificación despierta de cuando en cuando, jamás entenderán el porqué del despertar de esta fuerza. El equipo de campaña de Toledo se encargó de auparlo a esta fuerza dormida cuando lo empezaron a identificar como el nuevo Pachacutec, el lustra botas de provincia que llega a Lima para luego triunfar en los United. El cholo que se casa con una gringa y que chupa Whisky porque no quiere ser menos que nadie. Lástima, una oportunidad perdida y una decepción enorme ya que algo le hace falta al proceso de cholificación: la encarnación del virtuosismo.

No basta con ser cholo y generar expectativas en nuestro país cholo. ¿Por qué lo cholo no puede ser sinónimo de “bueno”, de “excelente”?, ¿por qué lo usamos despectivamente?, ¿por qué a muchos no les gusta reconocerse como cholos?

Porque no basta con ser cholo como Toledo si después no reconoces a tu hija o si después te ganas fama de borracho, impuntual e infiel. Porque quizás no baste con ser cholo como Acuña si después aparecen desbalances patrimoniales o asociaciones con gente de dudosa reputación. Se necesita un presidente cholo que encarne todas las virtudes posibles y que culmine con éxito este proceso de cholificación como ideal de nación, nación mestiza en donde todos seamos reconocidos por igual. Porque un país que ve como no existe un Mamani o un Huamán de almirante en la Marina o de cardenal del Perú, y que hasta finalizados los noventas veía en sus comerciales y en sus series de televisión a unos protagonistas que no se parecían en nada a sus vecinos de Huaycán o de Carabayllo siempre esperará a que surja aquel que encarne nuestras profundas aspiraciones como en un espejo, sea un Toledo, un Acuña o un Quispe.