Fujipopulismo, por Pablo Ferreyros

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La misma candidata que hace algunos meses estuvo a favor de que el Estado maneje el lote 192 afirmo la semana pasada que los sectores “estratégicos” deberían ser manejados por empresas estatales[1]. ¿Verónika Mendoza? No. Aunque usted no lo crea, hablamos de Keiko Fujimori. Esta simpatía por el Estado empresario, de hecho, no es su única coincidencia con la candidata del Frente Amplio: también ha opinado, como ella, que no deberían reducirse los aranceles ni flexibilizarse las regulaciones laborales para contratar a quienes recién se insertan en el mercado laboral. En este artículo, sin embargo, nos concentraremos en su defensa de las empresas estatales y en qué tan convenientes resultan estas; un tema que seguramente dará mucho que hablar a lo largo de la campaña electoral.

El primer problema está en la definición de “estratégico”. ¿Qué es lo “estratégico”? Keiko seguramente se refería a temas energéticos, pero dentro de la categoría que emplea podrían caer más sectores. ¿Acaso la seguridad alimentaria no es algo estratégico? ¿De ser así deberían estatizarse y colectivizarse las tierras agrícolas? Seguramente el partido naranja no proponga esto, pero la categoría usada por su lideresa bien podría abarcarlo. El problema de fondo con esta categoría, sin embargo, es, más allá de su imprecisión, el presupuesto que la subyace. ¿Por qué lo que consideramos “estratégico” debería pasar a manos del Estado? ¿Es acaso que él lo hará mejor?

El principal problema de las empresas estatales está en su deficiente diseño de incentivos. Cuando una empresa privada genera pérdidas estas son asumidas por el propietario. Esto hace que tenga fuertes incentivos para mantenerla eficiente y generando riqueza; lo cual solo puede lograr ofreciendo a los consumidores lo que quieren. Por el contrario, en una empresa estatal el principal incentivo del director no es complacer a los consumidores sino al burócrata del que su puesto depende,  ya que en caso la compañía genere pérdidas estas no serán asumidas por los responsables sino por los contribuyentes, que de todas maneras van a tener que pagar impuestos.

  ¿Cuál es entonces el incentivo de quienes manejan las empresas estatales? En un país escandinavo es probable que sean manejadas por funcionarios incorruptibles cuya única forma de complacer a quien les dio el puesto sea la eficiencia. Pero en países como el nuestro, de esquemas institucionales tan deficientes, la existencia de empresas estatales crea un sistema de incentivos perverso que en la mayoría de los casos derivará en argollas y malos manejos. Para no ir muy lejos, Petrobras, que hasta hace poco era esgrimida como ejemplo de una petrolera pública eficiente, se ha visto en los últimos meses empantanada por graves casos de corrupción.  Ocurre así porque, mientras en las empresas privadas el control directo es ejercido por quien asumirá las pérdidas, quienes pagamos por los malos manejos de las empresas estatales (los contribuyentes) tenemos escasa o nula injerencia en su funcionamiento.

¿Por qué cree la señora Fujimori que las cosas más importantes deben ser manejadas por quien peor lo hace? La pregunta es especialmente acuciante si consideramos es hija de un expresidente que tuvo entre sus principales méritos haber privatizado varias de las corruptas e ineficientes empresas públicas que encontró. Es posible, naturalmente, que lo diga solo con fines electorales para conquistar votos más allá de su núcleo duro. Pese a que esa sería la posibilidad menos mala (y algo que en realidad hacen en mayor o menor medida todos los candidatos), no deja de ser conveniente recordarle las complicaciones que trae prometer lo contrario a lo que se piensa hacer. Si, por el contrario, esto es lo que realmente piensa, esperemos que se dé cuenta a tiempo de lo ineficiente de su propuesta (tal vez su papi se encargue de recordárselo oportunamente). Después de todo, cuando se dice que un bien es de todos los peruanos en realidad o no es de nadie o es del grupo de burócratas que lo administra. Y no es novedad para nadie que nuestros burócratas no se caracterizan por ser honestos ni eficientes,  ni mucho menos por preocuparse por el interés público -que con las empresas estatales se dice defender- antes que por sus propios bolsillos.

[1] http://elcomercio.pe/politica/elecciones/califican-propuestas-keiko-electoreras-y-demagogicas-noticia-1860130